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LA TIERRA SE ESTÁ calentando y la comunidad científica tiene prendidas las alarmas, pues cada vez hay más evidencia de que las altas temperaturas contribuyen a la aparición de brotes de malaria porque aceleran el ciclo vital del parásito dentro del mosquito Anofeles y en estas condiciones los casos pueden aumentar entre 40 y 50%.
Esto fue lo que ocurrió entre 1997 y 1998 cuando el mundo experimentó el fenómeno de El Niño. En las zonas cálidas aumentaron los brotes de la enfermedad porque la temperatura subió de 24 a 27 grados y, como señala la entomóloga Martha Lucía Quiñones, profesora del departamento de Salud Pública de la Universidad Nacional, "a 27 grados los mosquitos sobreviven más y mejor, y reducen el tiempo de emergencia de 15 a 11 días, lo que explica la mayor incidencia y propagación de la malaria". Un caso que sirve de ejemplo es el de Nuquí, Chocó: en ese año los casos de paludismo pasaron de 10 a 100 por cada 1.000 personas.
Según el Programa de Estudio y Control de Enfermedades Tropicales de la Universidad de Antioquia, Pecet, cada año se diagnostican 140.000 casos de malaria, pero ellos sostienen que es el doble. El 60% de los casos es producido por el Plasmodium vivax, que es de cuidado pero menos letal que el Plasmodium falciforum, y las zonas más afectadas son las que están por debajo de los 1.000 metros: Amazonia, el Pacífico, la Orinoquia, Urabá y las riveras de los ríos Cauca y Sinú.
Y en cuanto al número de muertes causadas por el mal, el Ministerio de Protección Social, indica que el paludismo causa la de 57 personas al año, pero hay quienes sostienen que son más pero que no son reportados porque ocurren en zonas donde la gente no tiene acceso a servicios de salud.
Pero lo más grave del calentamiento global es que está propiciando la creación de nuevas zonas maláricas, incluso en zonas frías antes libres del mal, donde los mosquitos que lo transmiten encuentran un medio adecuado para sobrevivir. Esto explica en parte por qué hoy hay más casos de paludismo en el país que hace 20 o 30 años. Según un artículo de María V. Valero-Bernal, La Malaria en Colombia: una mirada retrospectiva, en 40 años el riesgo de sufrir malaria ha aumentado 25 veces.