Embarazo adolescente: una forma de escape

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Venganza consumada

Echando mano de conceptos del psicoanálisis, es posible afirmar que el embarazo entre adolescentes suele ser una forma de parricidio, un recurso para lesionar a unos padres que abandonan. Una infancia en la que no se adquieren autoestima, límites claros y capacidad para superar las adversidades, es una infancia incompleta. Cuando estos procesos no se resuelven, el adolescente confronta a sus padres, se acerca a sus compañeros que supuestamente sí entienden sus necesidades y, en forma retadora, se siente mucho más propenso a asumir conductas de riesgo. El embarazo adolescente es, por lo general, una forma de escapar de un núcleo familiar disfuncional.

La escasez de tiempo para compartir con los hijos ha conducido también a que los padres dejen al colegio la responsabilidad de la educación sexual y, en general, la formación en valores. La paradoja es que los colegios, enfocados en la excelencia académica, asumen que la enseñanza de valores corresponde a los padres.

Y la verdad es que así debería ser: los padres son los primeros responsables de la educación sexual, incluso desde antes del nacimiento de sus hijos. Porque la verdadera educación sexual comienza con ofrecer condiciones adecuadas al nuevo ser, con un embarazo tranquilo, con garantizar una figura paterna y materna, y continúa con educar, escuchar, fomentar la autoestima y establecer límites: no amamantar al niño cada vez que quiere, no cargarlo todo el tiempo y separarlo de la cama en el momento adecuado. En resumen, la tríada que sostiene la educación sexual es: autoestima, tolerancia al fracaso y límites. Todo esto significa aprender a respetar a los demás y a uno mismo.

Los padres son imprescindibles, pero las actuales condiciones también obligan al sector educativo y al de la salud a tomar cartas en el asunto. Así como los maestros deben enseñar los aspectos biológicos de la sexualidad y contribuir desde una perspectiva humanística a la construcción de proyectos de vida, los médicos deben aprovechar la confidencialidad que ofrece el consultorio para identificar los problemas individuales de cada adolescente y absolver sus dudas particulares.

El sector de la salud aún ignora el gran aporte que puede hacer para mejorar la educación sexual. Desconoce que el consultorio médico es un escenario idóneo para detectar si un adolescente es víctima de matoneo, cuál es la actitud de los compañeros en relación con las drogas o el sexo y cómo está su ambiente familiar. El análisis de estos factores da una dimensión del riesgo que cada uno corre en relación con su salud sexual y reproductiva, y permite la adopción oportuna de medidas preventivas.

Ninguna institución debe voltear la espalda frente a la realidad de que van en aumento los embarazos de adolescentes. No obstante, si padres, maestros y médicos no hacen los aportes más importantes, cualquier esfuerzo desembocará en el fracaso. Nadie puede quitarle a otro el derecho a la sexualidad, pero todos estamos en el deber de practicarla y enseñar a practicarla en forma responsable.

16,2 EDAD PROMEDIO en que las mujeres tienen su primera relación sexual.
14,5 EDAD PROMEDIO en que los hombres tienen su primera relación sexual.

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