Agosto 4 de 2007

A corazón abierto

El museo de medicina más completo de Colombia abrirá sus puertas al público general.

NO ES OTRO PALACIO de la Inquisición, pese a las apariencias. Es el museo de la Academia Nacional de Medicina, el más completo de esta disciplina en Colombia, cuya colección supera los 5.000 objetos. El incauto pensará que son instrumentos de tortura, pero no: esos fórceps extrajeron niños y esa incubadora con apariencia de cofre mortuorio salvó a muchos prematuros y en aquellas incomodísimas sillas los obstetras atendieron partos.

Durante los cinco años de existencia del museo, la posibilidad de ver estos objetos -la mayoría del siglo XIX y comienzos del XX- ha estado reservada a profesionales o estudiantes del área de la salud, pero las cosas comenzarán a cambiar el año entrante, pues la exhibición abrirá al público general con la modalidad de visitas programadas.

La Academia lleva siete años recogiendo los objetos de la muestra, 90% de los cuales han sido donados por sus miembros. Sin embargo, según el curador del museo, el académico Ricardo Rueda González, "uno de los objetivos de la apertura al público es seguir completándola con piezas que la gente conserva en sus casas sin darles ningún uso particular y quiera donar".

Más que contar la historia de la medicina, el museo exhibe diversos instrumentos utilizados en casi todas las especialidades. Además, destaca los inventos colombianos que han contribuido al desarrollo de la medicina e incluye piezas precolombinas de la cultura tumaco-tolita alusivas a enfermedades. Un anticipo de lo que podrá verse.   

Figuras tumaco-tolita
Las piezas de cerámica de la cultura tumaco-tolita (del 400 a. C. al 400 d.C.) representaban enfermedades. Puede que hayan sido rotas por sus mismos creadores, como un recurso para conjurar los males. En la foto, un rostro con viruela.

Basiotribo de Tarnier (1820)
Se utilizaba para perforar el cráneo de los fetos que morían en el vientre, con lo cual se reducía el volumen de la cabeza y resultaba más fácil la extracción. La cesárea, por suerte, mandó los basiotribos a los museos.

Sillas de ginecología (comienzos del S. XX)
Para parir con más dolor, estas sillas carecían de espumas o cojines en el asiento y el espaldar. A la derecha, una en vidrio para facilitar la limpieza. Quién sabe qué terminaba doliendo más: el parto o las posaderas.

Aparato de rayos X (1920)
Una pieza francesa, que sin duda subestimaba el riesgo de las radiaciones. La publicidad de su propietario, Pedro Amaya, decía: "Tengo el honor de poner a sus órdenes mi nuevo laboratorio de rayos X, contando con un potente aparato y pudiendo hacerle, con el mayor esmero y prontitud, radioscopias, radiografía de cara, cráneo, tórax, vesícula biliar, apéndice, intestinos y huesos en general".

Incubadora (1930)
No aptas para infantes claustrofóbicos, las incubadoras de comienzos del siglo XX tenían cierta apariencia de ataúdes. Incluso tenían una ventanilla de 10 por 20 centímetros para poder ver el rostro de los neonatos.

Pasta Colombia (1930)
Para proteger el cuerpo del radium, el médico colombiano Alfonso Esguerra inventó esta pasta, una mezcla de cera de abejas y aserrín que impedía el paso de las radiaciones. Los franceses quisieron bautizarla "pasta Esguerra", pero el fervor patriótico de su inventor lo impidió.

Marcapasos criollo (1958)
El primero de ingenio colombiano, diseñado por Jorge Reynolds. Funcionaba con una batería de carro. Inevitable preguntarse si arrastrar el carrito era una actividad apta para cardiacos.

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