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Basiotribo de Tarnier (1820)
Se utilizaba para perforar el cráneo de los fetos que morían en el vientre, con lo cual se reducía el volumen de la cabeza y resultaba más fácil la extracción. La cesárea, por suerte, mandó los basiotribos a los museos.
Sillas de ginecología (comienzos del S. XX)
Para parir con más dolor, estas sillas carecían de espumas o cojines en el asiento y el espaldar. A la derecha, una en vidrio para facilitar la limpieza. Quién sabe qué terminaba doliendo más: el parto o las posaderas.
Aparato de rayos X (1920)
Una pieza francesa, que sin duda subestimaba el riesgo de las radiaciones. La publicidad de su propietario, Pedro Amaya, decía: "Tengo el honor de poner a sus órdenes mi nuevo laboratorio de rayos X, contando con un potente aparato y pudiendo hacerle, con el mayor esmero y prontitud, radioscopias, radiografía de cara, cráneo, tórax, vesícula biliar, apéndice, intestinos y huesos en general".
Incubadora (1930)
No aptas para infantes claustrofóbicos, las incubadoras de comienzos del siglo XX tenían cierta apariencia de ataúdes. Incluso tenían una ventanilla de 10 por 20 centímetros para poder ver el rostro de los neonatos.
Pasta Colombia (1930)
Para proteger el cuerpo del radium, el médico colombiano Alfonso Esguerra inventó esta pasta, una mezcla de cera de abejas y aserrín que impedía el paso de las radiaciones. Los franceses quisieron bautizarla "pasta Esguerra", pero el fervor patriótico de su inventor lo impidió.