Médicos colombianos investigan con técnicas occidentales los beneficios del yoga en el sistema nervioso.
MIENTRAS HACÍAN su especialización en medicina del deporte hace poco menos de una década, Camilo Povea y Mauricio Eraso tuvieron la inquietud de investigar técnicas alternativas para evitar que los deportistas padecieran el llamado 'síndrome del sobreentrenamiento'. El asunto no resultaba de poca monta, pues esta condición suele dar al traste con la temporada de un atleta e incluso, por más que se esfuerce, empeorar su rendimiento.
En el menú de alternativas apareció el yoga, que de tiempo atrás venía ganando terreno en Occidente como recurso para el tratamiento de diversas dolencias. Específicamente, Povea y Eraso decidieron investigar la manera como esta milenaria disciplina india, basada en una serie de posiciones -asanas- y técnicas de respiración, actuaba en el sistema nervioso autónomo parasimpático, fundamental en el reposo del organismo. En 2004 reclutaron cuatro personas que llevaban casi un lustro practicando el yoga y realizaron en ellas análisis del ritmo cardíaco. Con asombro, los expertos encontraron que a pesar de que las posturas implicaban una actividad física, al mismo tiempo activaban los circuitos relacionados con el descanso del cuerpo.
El corazón no miente
A diferencia del sistema nervioso somático, el sistema nervioso autónomo -o vegetativo-, se encarga de coordinar las acciones involuntarias del organismo: dilatación de las pupilas, regulación de la digestión, la circulación, la respiración y el metabolismo. Éste a su vez tiene dos partes: el sistema nervioso simpático y el parasimpático, que como una especie de yin y yang son opuestos y complementarios. Así pues, mientras el primero prepara para la acción -por ejemplo, dilata pupilas, bronquios o disminuye las contracciones del estómago-, el segundo provoca o mantiene estados de descanso y relajación después de que se ha realizado un esfuerzo -de hecho está involucrado con la relajación de esfínteres o el acto sexual-.
La mejor ventana para ver el sistema nervioso autónomo es el corazón, y específicamente el análisis de las variaciones del ritmo cardiaco. Observaciones de esta índole realizadas con electrocardiógrafos han permitido identificar que la buena calidad del reposo depende de una alta actividad del sistema parasimpático y una baja actividad del simpático. Un síntoma de sobreentrenamiento es justamente que el sistema simpático siga activo aun cuando el deportista está descansando. "Lo mismo le pasa a todo el mundo por el estrés -dice Mauricio Eraso-. Si el sistema simpático está encendido todo el tiempo, impide la acción del sistema parasimpático. Es como vivir todo el tiempo en posición de fuga, de ataque".
De allí que los dos médicos, quienes trabajan en el centro de acondicionamiento Vida Activa, de la Fundación Santa Fe, hayan pensado en tomarse en serio esta línea de investigación. "Buscando métodos para mejorar la recuperación de las personas encontramos que el yoga podía ser una alternativa segura -cuenta Camilo Povea-. Pero, al final, la técnica es lo de menos; la clave está en que incluya estiramientos y una correcta respiración".
Capacidad de adaptación
A simple vista podría parecer que los expertos colombianos están descubriendo el agua tibia, pues millones de practicantes en el mundo dan fe de que las sesiones de yoga repercuten en una mayor serenidad física y mental. Pero la verdad es que en la literatura científica son contadas las investigaciones, realizadas con tecnologías de la medicina convencional, que se han centrado puntualmente en el efecto de esta técnica sobre el sistema nervioso autónomo.
Por lo pronto, la investigación está en ciernes y requiere una muestra más numerosa de practicantes. Aun así, los resultados preliminares revelan que el yoga efectivamente abre la posibilidad de que la gente que se adapte mejor a situaciones de estrés y tenga reacciones más acertadas ante estímulos adversos. "El yoga ayuda a que se hagan ajustes internos para controlar posibles patologías derivadas de un desequilibrio autonómico, como insomnio, fatiga o dolores de cabeza", añade Povea.
Que al final el yoga termine convertido en la panacea, es improbable. Pero que sea un acertado camino complementario para alcanzar mayor bienestar, es una realidad cada día más confirmada. Y los colombianos ya han comenzado a demostrarlo por su propia cuenta.
LO QUE OCCIDENTE DICE
El yoga es una disciplina milenaria originaria de la India, cuyo propósito es conseguir la perfección espiritual y la unión con lo absoluto mediante técnicas físicas y mentales. Aunque tiene un fuerte sustento espiritual, sus aspectos corporales han sido ampliamente adoptados en Occidente. En este sentido, las posturas o asanas y las técnicas de respiración son utilizadas como método complementario para el tratamiento de diversas dolencias. "Si respiras bien, vives bien -asegura Erika Tucker, maestra del método kriya yoga-. Cuando el cerebro se oxigena, se restituye internamente la composición celular de todo el cuerpo y, como consecuencia, se enferma menos".
Estudios científicos han confirmado las bondades de esta disciplina contra la migraña, los síntomas del cáncer de seno, la reducción de la depresión y la ansiedad y la prevención de las enfermedades cardiovasculares, pues, según señala el investigador italiano Luciano Bernardi en la revista British Medical Journal, "las fórmulas rítmicas de recitación, presentes en la oración del rosario y los mantras yóguicos, producen exactamente seis respiraciones por minuto que modifican favorablemente la frecuencia cardiaca". Aunque el yoga en la India a veces es utilizado como terapia única, en Occidente se recomienda como un recurso complementario a la medicina alopática.