Junio 1 de 2007

Qué dolor, qué dolor, qué pena

El deficiente tratamiento del dolor conduce a que deje de ser síntoma y se vuelva enfermedad.

FUERON DOS DÉCADAS de peregrinaje de consultorio en consultorio y de tratamiento en tratamiento. Unos médicos insistían en que las malas noches, el cansancio constante y el dolor persistente en el cuello, la espalda y las articulaciones eran consecuencia de la depresión, y otros apenas atinaban a recomendarle descanso y tomar antiinflamatorios. Pero nada aliviaba los síntomas, y el panorama se hacía más desolador al oír que incluso sus familiares se resistían a creer que el padecimiento fuera cierto: "Eso es mental", decían.

Hasta que, por fin, hace unos 15 años, María Clara Henríquez leyó en un artículo de prensa una lista de síntomas de una enfermedad que parecían calcados de su experiencia: tenía fibromialgia, una dolencia sin causa conocida que produce dolores incluso en ausencia de lesiones. "Comencé a ir a reumatólogos y me recetaron ejercicio y calmantes para el dolor -recuerda María Clara, quien hoy tiene 47 años-. Después viví en España y supe de la existencia de una asociación. Afiliarme fue muy importante, porque me di cuenta de que definitivamente yo no me estaba inventando los síntomas y que los médicos se equivocaban cuando decían que lo mío era psicosomático".

Así de sencillo: la sociedad y un buen número de médicos son indolentes con quienes sufren de dolor. Y no es por mala fe, sino porque el desconocimiento en este campo es monumental. De modo que quienes lo padecen de manera crónica se ven condenados a perder años valiosos en espera de un diagnóstico o un tratamiento certeros, al tiempo que otras dimensiones de la vida se van viendo afectadas por la depresión, el cansancio o el simple desespero.

Sin causa aparente

No más de tres décadas atrás, el dolor era entendido sólo como el síntoma de una lesión y se suponía que una vez superada, éste debía extinguirse de manera automática. Tampoco se tenía muy claro por qué había dolores en ausencia de anormalidades orgánicas.

Craso error. Los científicos comenzaron a darse cuenta de que en ciertas personas -no se tiene muy claro en quiénes en particular-, los dolores agudos prolongados producen cambios en la médula espinal, afectan la genética de las neuronas y terminaban perpetuándolos. "Cuando hay un estímulo repetitivo y constante, las neuronas de la médula se acostumbran a ese estímulo y dejan de anularlo -explica John Jairo Hernández, director de Medicina del Dolor de la Universidad del Rosario-. Esto se convierte en un permanente envío de señales al cerebro y aparece el dolor crónico irreversible". Así que cerrar heridas no basta. "El principal culpable del dolor crónico es el dolor agudo que no fue curado", añade el experto.

Al dolor no se le puede dar ventaja. Por eso, los tratamientos más promisorios en este ámbito de la medicina son los que se concentran en aliviarlo lo antes posible. Actualmente, investigadores estadounidenses trabajan con un grupo de soldados de Iraq, a quienes, en caso de ser heridos, les aplican bombas de anestesia rápidamente. Incluso, en años recientes ha aparecido el concepto de "analgesia preventiva", que busca anestesiar a los pacientes mucho antes de ser intervenidos para evitar que se produzcan los daños moleculares que convierten el dolor en un círculo vicioso.

Otro enfoque que va ganando terreno es la llamada terapia multimodal, que consiste en suministrar varios medicamentos y aplicar diversas terapias que tienen distintos mecanismos de acción. María Clara Henríquez, quien justamente está en la tarea de crear una asociación colombiana de pacientes con fibromialgia, dice que, efectivamente, los mejores resultados para aliviar su mal se logran con la combinación de ejercicio, yoga, acupuntura y medicamentos, entre otras opciones. Muy dentro de esta línea, en las últimas décadas han aparecido las clínicas del dolor, en las cuales el tratamiento es realizado por un grupo interdisciplinario conformado por, al menos, un experto en dolor, un psiquiatra o psicólogo y otro profesional de la salud. La primera clínica del dolor se abrió en Colombia en 1980 y hoy ya hay 18.

Longevos pero achacosos

La atención que se le viene prestando al dolor en la actualidad no viene de la nada. El dolor crónico es un mal creciente en las sociedades como consecuencia del paulatino envejecimiento de la población y sus naturales achaques. Hoy día la medicina ha logrado, por ejemplo, prolongar la vida de los pacientes con cáncer, pero al mismo tiempo ha tenido que dar bandazos en el tratamiento de sus dolores. Igualmente, la vida laboral de las personas es más prolongada, pero simultáneamente los dolores de espalda y articulaciones son más frecuentes. Y es ahí, en esos pequeños dolores acumulados, donde surge el dolor crónico.

La idea no es erradicar el dolor de la faz de la tierra. Nada de eso. La evolución dotó a los animales de la capacidad de padecerlo como una forma de evitar que repitieran sus errores. Cuando un niño descubre que el fuego quema, no vuelve a jugar con él. Pero el sistema nervioso no siempre se repara perfectamente y a veces los interruptores que provocan el dolor quedan encendidos perpetuamente. Es entonces cuando el síntoma se vuelve enfermedad. Y cuando la sociedad y los médicos tienen que esmerarse en comprender a los pacientes.

UMBRAL DEL DOLOR

Uno de los aspectos más complicados del dolor es la dificultad para medirlo. Así como algo puede resultar muy doloroso para algunos, para otros puede ser más tolerable. Tradicionalmente, la medicina ha intentado cuantificar el dolor en una escala de uno a 10, pero es claro que según sus patrones de crianza, cualquiera puede dar una calificación alta a un dolor pequeño para llamar la atención, o a la inversa, dar una calificación alta para lucir valiente. De allí que los expertos quieran cambiar el método. Lo más aproximado, por lo pronto, parece ser el estudio de la expresión del rostro. Tal vez es algo más aproximado, pero aún algo subjetivo.

50% de la población colombiana sufre de dolor crónico, según la Encuesta Nacional de Dolor de 2004.

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