Qué dolor, qué dolor, qué pena

50% de la población colombiana sufre de dolor crónico, según la Encuesta Nacional del Dolor de 2004.

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Al dolor no se le puede dar ventaja. Por eso, los tratamientos más promisorios en este ámbito de la medicina son los que se concentran en aliviarlo lo antes posible. Actualmente, investigadores estadounidenses trabajan con un grupo de soldados de Iraq, a quienes, en caso de ser heridos, les aplican bombas de anestesia rápidamente. Incluso, en años recientes ha aparecido el concepto de "analgesia preventiva", que busca anestesiar a los pacientes mucho antes de ser intervenidos para evitar que se produzcan los daños moleculares que convierten el dolor en un círculo vicioso.

Otro enfoque que va ganando terreno es la llamada terapia multimodal, que consiste en suministrar varios medicamentos y aplicar diversas terapias que tienen distintos mecanismos de acción. María Clara Henríquez, quien justamente está en la tarea de crear una asociación colombiana de pacientes con fibromialgia, dice que, efectivamente, los mejores resultados para aliviar su mal se logran con la combinación de ejercicio, yoga, acupuntura y medicamentos, entre otras opciones. Muy dentro de esta línea, en las últimas décadas han aparecido las clínicas del dolor, en las cuales el tratamiento es realizado por un grupo interdisciplinario conformado por, al menos, un experto en dolor, un psiquiatra o psicólogo y otro profesional de la salud. La primera clínica del dolor se abrió en Colombia en 1980 y hoy ya hay 18.

Longevos pero achacosos

La atención que se le viene prestando al dolor en la actualidad no viene de la nada. El dolor crónico es un mal creciente en las sociedades como consecuencia del paulatino envejecimiento de la población y sus naturales achaques. Hoy día la medicina ha logrado, por ejemplo, prolongar la vida de los pacientes con cáncer, pero al mismo tiempo ha tenido que dar bandazos en el tratamiento de sus dolores. Igualmente, la vida laboral de las personas es más prolongada, pero simultáneamente los dolores de espalda y articulaciones son más frecuentes. Y es ahí, en esos pequeños dolores acumulados, donde surge el dolor crónico.

La idea no es erradicar el dolor de la faz de la tierra. Nada de eso. La evolución dotó a los animales de la capacidad de padecerlo como una forma de evitar que repitieran sus errores. Cuando un niño descubre que el fuego quema, no vuelve a jugar con él. Pero el sistema nervioso no siempre se repara perfectamente y a veces los interruptores que provocan el dolor quedan encendidos perpetuamente. Es entonces cuando el síntoma se vuelve enfermedad. Y cuando la sociedad y los médicos tienen que esmerarse en comprender a los pacientes.

UMBRAL DEL DOLOR

Uno de los aspectos más complicados del dolor es la dificultad para medirlo. Así como algo puede resultar muy doloroso para algunos, para otros puede ser más tolerable. Tradicionalmente, la medicina ha intentado cuantificar el dolor en una escala de uno a 10, pero es claro que según sus patrones de crianza, cualquiera puede dar una calificación alta a un dolor pequeño para llamar la atención, o a la inversa, dar una calificación alta para lucir valiente. De allí que los expertos quieran cambiar el método. Lo más aproximado, por lo pronto, parece ser el estudio de la expresión del rostro. Tal vez es algo más aproximado, pero aún algo subjetivo.

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