Madres melancólicas

Algunos han especulado que la transformación de Britney Spears se debe a una depresión posparto no tratada.

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DESPUÉS DE DAR A LUZ a Jayden James, su segundo hijo, la cantante Britney Spears, de 25 años, comenzó a dar señales de que algo estaba fallando en su condición de madre. Tras las habituales fotos de la estrella sonriente con el pequeño en brazos, la "princesita del pop" comenzó a aparecer pasada de tragos, sin ropa interior y rapada. Hace pocos días incluso intentó suicidarse.

El Miércoles de Ceniza, Britney intentó someterse por tercera vez a una terapia de rehabilitación y entonces volvieron las especulaciones sobre las causas de su crisis. Mientras algunos la atribuyeron a la separación del rapero Kevin Federline, otros afirman que la cantante sufre una depresión posparto que derivó en un episodio maníaco.

El diagnóstico definitivo se desconoce, pero los expertos en salud mental coinciden en que la última hipótesis tiene mucha validez. Quienes conocen la depresión posparto saben que ésta no siempre se limita a una tristeza profunda después de dar a luz, sino que puede derivar en una amplia gama de problemas, como psicosis, ideas suicidas o deseo de abandonar o matar al hijo.

Dar a luz no siempre es sinónimo de felicidad. Entre el 60 y el 80% de las mujeres sienten tristeza después de ese momento, y entre el 10 y el 15% experimentan depresión o ansiedad. Entre éstas hay quienes llegan a una situación extrema llamada depresión psicótica posparto, que produce delirios y alucinaciones. Casos se han dado de mujeres que creen que su hijo nació poseído por el demonio, aun cuando nunca habían tenido algún trastorno mental. Lo curioso es que los episodios son temporales y después la madre se llena de angustia por el comportamiento que ha tenido.

La depresión posparto es una condición muy común pero con frecuencia es ocultada o incomprendida, desconocimiento que tiende a agravar el problema porque causa sentimientos de culpa en la madre. "Siempre creí que todo iba a ser al estilo del comercial de Johnson y Johnson, que todo iba a ser maravilloso y que yo iba a estar bien, pero me miraba al espejo y me veía demacrada  -dice Liliana Dáguer, de 36 años, quien tras tener su primer hijo sufrió depresión posparto-. Mi hijo lloraba todo el día, me sentía incapaz de cuidarlo y, para empeorar las cosas, la gente me decía 'debes estar dichosa', mientras yo por dentro me mentía diciéndome 'estoy feliz, estoy feliz'... No sabía qué me pasaba".

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