Qué año! Durante los últimos 12 meses, por primera vez desde que Álvaro Uribe llegó a la Presidencia en 2002, los colombianos vivieron en un ambiente de pesimismo según las encuestas de opinión.
Era de esperarse. El año 2009 se caracterizó por una crisis económica que tuvo recesión y aumento del desempleo. El coletazo de la hecatombe mundial -que se inició en Estados Unidos a finales de 2008- fue menor de lo que se esperaba inicialmente y menos grave que en otros países, pero tuvo un impacto suficiente para afectar los bolsillos de los colombianos en magnitudes que no se veían desde hacía una década, y la tasa de desocupación llegó a ser la más alta del continente. Panoramas así siempre generan ambientes colectivos pesimistas.
En el campo de las relaciones internacionales también hubo sobresaltos preocupantes. Hace un año las relaciones con Ecuador estaban rotas y comenzaban a enderezarse los vínculos con Venezuela, después de los problemas generados por el bombardeo al campamento permanente de 'Reyes' en Sucumbíos. Pero después el escenario cambió: Bogotá y Quito terminaron 2009 con relaciones en reconstrucción, pero en cambio se generó la peor crisis de la historia con Venezuela. Chávez ha amenazado con guerra y cierres al comercio, y bombardeó puentes peatonales en la frontera. El gobierno Uribe, además, se ha visto aislado pues no acaba de sentirse cómodo con el gobierno de Barack Obama, ni en el vecindario andino, ni en Unasur donde se ha llevado un fuerte debate sobre el acuerdo de cooperación militar firmado por Colombia con Estados Unidos.
El marco institucional también se vio golpeado. En especial, por el choque de trenes entre el Poder Ejecutivo y la Corte Suprema, que ha impedido la elección de un fiscal para reemplazar a Mario Iguarán -quien terminó su periodo en julio- y que ha llegado a intercambios de acusaciones, seguimientos personales y ataques verbales sin antecedentes. La precampaña electoral también se vio ensombrecida y opacada por las perspectivas de una nueva reelección, cuyo trámite resultó más desgastador y prolongado de lo previsto, y cuya naturaleza abre graves cuestionamientos sobre los daños institucionales que causará.
Fue un año difícil para el presidente Uribe. El peor desde que llegó al Palacio de Nariño en 2002. Aunque conserva niveles de aprobación de 64 por ciento -según la encuesta Invamer-Gallup- tuvo que enfrentar una larga serie de escándalos que afectaron a miembros de su gobierno: la 'Yidispolítica', 'chuzadas' ilegales por parte del DAS, entrega de notarías para facilitar la aprobación de la reelección, desviación e irregularidades en la asignación de los controvertidos subsidios de Agro Ingreso Seguro... y un publicitado debate en el Congreso sobre los negocios de sus hijos.
El año fue agitado y complejo, y un clima de polarización se sintió en la política y en las relaciones del Gobierno con los medios. En el campo deportivo la selección de fútbol produjo una profunda frustración con su tercer fracaso consecutivo para clasificar a un Mundial. Como resultado de todo, la psicología colectiva se deterioró y le dio paso a la incertidumbre y la zozobra.
No todo fue negativo, por supuesto. En CAMBIO somos optimistas por naturaleza, y en el balance de nuestro trabajo registramos 12 meses llenos de noticias, con investigación, denuncias y análisis que nos permitieron darles a nuestros electores informaciones y elementos de interpretación sobre estos 12 meses vertiginosos. Para 2010 hay esperanzas ciertas de reactivación económica, consolidación de la seguridad democrática, y la elección de un nuevo Gobierno que podrá calmar ánimos y convocar la unidad nacional. Quedan lecciones valiosas sobre las cuales se podrán corregir rumbos, ajustar piezas y continuar lo que viene funcionando, en un entorno externo que debería ser más favorable.
El optimismo hacia el futuro es un derecho colectivo que se gana con la terminación de cada año y los anhelos de cambio que llegan con el nuevo calendario. A eso le apuntamos, así el 2009 arroje un balance que esencialmente es para olvidar...