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¿Los candidatos para reemplazar al presidente Uribe le dan confianza al sector privado?
Sí, y lo digo con todas sus letras. Ojalá México tuviera una lista de 10 personas que pudieran reemplazar a su presidente, ojalá Venezuela tuviera seis, ojalá Argentina tuviera cinco, ojalá Ecuador tuviera cuatro. Nosotros tenemos candidatos muy buenos y aunque tienen varios matices todos están comprometidos con el tema de la seguridad.
¿Estamos vacunados contra la demagogia y el populismo?
Ninguno de los candidatos, desde el del Polo hasta los precandidatos conservadores y los independientes, está proponiendo una política económica populista, o de subsidios totales, o de nacionalizaciones, o de crecimiento de la nómina del Estado. Tenemos un debate muy civilizado. Creo, sin embargo, que habrá más discusión sobre la política exterior y veo con satisfacción que sea así después de muchos años en los que no se hablaba del tema y por eso se decía que todo era de consenso.
¿Pero precisamente por la mayor visibilidad en el exterior, no es contraproducente la reelección?
La reelección presidencial es uno de los elementos que, ante el juicio internacional, puede hacernos similares a Venezuela, a Bolivia, a Nicaragua...Aunque seamos distintos, el mundo mira las regiones y tiende a pensar que en ellas todos los países son iguales. En la medida en que aquí tengamos rotaciones democráticas tendremos una política exterior más fuerte y respetada.
¿Cómo mejorar las relaciones internacionales de Colombia?
Colombia debe primero mirarse a sí misma. En materia económica, hemos tenido progresos en cobertura en salud; la pobreza, que hace 10 años estaba en 60 por ciento, ahora está en 46 por ciento. Ningún otro país ha hecho en 10 años un esfuerzo semejante. Nunca se había presentado un momento tan adecuado para hacer valer la capacidad de Colombia como potencia en la región: por nuestra propia realidad y por las desgracias de otros. Aunque nunca nos hemos creído un país grande en América Latina, lo somos y en la globalización los valores de la geopolítica -situación, tamaño, población, recursos naturales, economía...- tienen inmensa importancia. Todo esto hace que Colombia hoy ocupe uno de los tres primeros lugares del continente.
¿Colombia no está muy sola en América Latina?
Sí, pero es mejor estar solos que mal acompañados. La soledad proviene de que algunos ven en nuestro éxito una amenaza para su modelo político y para su liderazgo. Pero en la soledad Colombia también tiene reclamos que hacer. ¿Cómo es posible que Venezuela nos embargue comercialmente y nuestros más cariñosos socios en vez de hacer un gesto de solidaridad se abalancen como cuervos sobre ese mercado para reemplazarlo? Eso no puede ser.
Hay que mirar en otras direcciones...
Sí, el país debe usar su nueva posición en América Latina para mirar hacia el Pacífico no solo en economía e inversión, sino también en política. Necesitamos países en el Pacífico que nos conozcan y que aprecien nuestras mejorías. En 10 años, el crecimiento va a venir de allá, no de Estados Unidos, ni de Europa, ni de Japón, que se van a dedicar a pagar lo que deben.
Volviendo a mirar hacia adentro, ¿cuál cree que es el tema olvidado de la política colombiana?
Seguimos sin resolver el de la tierra. Se necesita una mirada de consenso como en la política exterior y no desde la ideología. En el sector agrario necesitamos 'empresarización'. Ojalá que por el escándalo de los subsidios del programa Agro Ingreso Seguro no vendamos el sofá, ojalá no se acabe por los errores y abusos en su adjudicación. Es una política necesaria para el sector.
Para usted, que ha sido un gran defensor del presidente Uribe y de sus dos gobiernos, ¿cuál ha sido el lunar de la gestión?
El de la infraestructura está en la cabeza de la lista, aunque ha habido mejoras en los últimos seis u ocho meses. Pero subsisten muchas preguntas: ¿por qué no atraer más inversión? ¿Por qué no dar una mirada más moderna a los aspectos legales de las concesiones? ¿En la cabeza del Ministro persiste la idea de que en materia de infraestructura la inversión privada no tiene que hacer nada y que debe hacerse solo con dineros públicos? El mayor problema es que el Ministro se ha quedado corto en el diseño de la política pública.
¿Cómo ve el año que viene?
Va a ser un año muy difícil. En el campo internacional hay muchas preguntas y riesgos en las economías desarrolladas, y en los grandes temas de paz mundial, muchos asuntos por solucionar. En lo doméstico tenemos grandes retos, comenzando por las elecciones y por las incertidumbres judiciales y de corazón sobre la reelección, pero también por el fenómeno de 'El Niño' y la generación energética, por la recuperación económica y, por supuesto, por las incertidumbres que genera el vecino país de Venezuela, que no cesa de producir inestabilidad interna y confusión entre los colombianos. El primer semestre de 2010 será muy complejo.