'No estafé, no robé', dice Adriana Arango

"Creo que debe haber justicia para mí como ciudadana, solo pido la oportunidad de dar la pelea". Foto: Claudia Rubio / Cambio

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CAMBIO. ¿Cómo empezó esta historia que hoy la tiene en la cárcel?

ADRIANA ARANGO. Con una empresa que hicimos con mi segundo esposo, Javier Coy. Me sedujo la idea de trabajar con flores de exportación y así generar empleo, pues en el periodismo no tenía nada fijo. Tengo la vena paisa del comercio y no me da pena vender. Entonces decidimos que Javier pusiera la experiencia administrativa y de negocios, y yo la parte de relaciones públicas y organizacional. Tuvimos una unidad de café y licencia de exportación con Proexport. Hicimos algunos acercamientos en unidades de negocio para exportar flores a Alemania pero los resultados no fueron los esperados. El 95 por ciento de nuestra operación era con flores y el 5 por ciento con café. Alcanzamos a tener operación propia en Moscú, en Londres, en Estados Unidos, en Chile.

¿Qué falló?

Que nos pusimos a crecer más rápido de lo que nos daba la tranquilidad de un flujo de caja. Teníamos un tinglado enorme, con nóminas muy grandes y una operación muy costosa con una cantidad de variables muy complejas. Ahí fallamos: creíamos que teníamos el poder y el control en nuestras manos. Fue terquedad, obstinación e irresponsabilidad no haber medido y haber dicho "va hasta acá".

Pero también se metieron en actividades financieras que finalmente fueron las que desencadenaron las demandas que la tienen aquí...

Claro, esas operaciones financieras buscaban apalancar el crecimiento de la demanda del exterior. Nosotros no teníamos de dónde. Uno de los errores fue no declararnos en quiebra sabiendo que había expectativas de compra que no se cumplieron.

¿Cuántas personas se vincularon de esa forma?

Más o menos 300 personas, de las cuales 218 le reclamaron al interventor. De esas 218 a 202 les fueron aceptadas las reclamaciones porque a muchas ya se les había pagado, pero también hubo gente que trató de pescar en río revuelto. Y en el tema penal, los que nos denuncian y dicen que los estafamos y que somos lo peor de la sociedad, son más o menos entre 60 y 70 personas.

¿Cuál era la cuantía del dinero?

Lo mínimo que recibimos fueron cinco millones de pesos y lo máximo, que fue un solo caso, 300 millones.

¿Y el monto total?

Se habla de una cifra de 16.000 millones de pesos. Hacen esas cuentas sobre supuestos intereses no recibidos y así se infla muchísimo. El interventor dijo que solo deben tenerse en cuenta y deducir la plata que ya se devolvió. Eso no suma 11.500 millones de pesos.

¿Cuándo se dieron cuenta su esposo y usted de que el negocio iba mal?

En noviembre de 2006 adquirimos dos cultivos con opción de compra y adecuamos los terrenos y los cultivos pensando en el San Valentín de 2008. Pedimos un crédito 'repo' a la Red Agropecuaria sobre facturas, que nos daba 3.000 millones de pesos como cupo rotativo. Con eso nos apalancábamos: enviábamos la flor y nos iban pagando. El problema empezó el 3 de agosto de 2007 cuando nos dijeron que no nos daban la plata prometida porque no cumplíamos el requisito de ser los dueños de la tierra. Nadie nos dijo antes que existía ese requisito. En el momento del desembolso por medio de la corredora de bolsa Torres Cortés & Compañía, que es la firma corredora ante la Bolsa Nacional Agropecuaria, nos dijeron que estaba lista la póliza y que por la tarde giraban la plata. Pero la plata nunca entró. Mientras tanto, la gente estaba cobrando intereses, los empleados cobrando su nómina, y  la operación a toda marcha para el San Valentín de febrero del año siguiente, pues ya era agosto. Nos 'toteamos' y la gente se murió de la ira.

¿Cuál fue el desenlace?

El 17 de diciembre de 2008, la Superfinanciera selló la empresa por la denuncia de que hacíamos captación masiva ilegal aprovechando la coyuntura de las 'pirámides'. Entonces me entrevistaron en La W y yo expliqué que teníamos un negocio privado con personas cercanas a nosotros, y no con gente de la calle que son los que vinculan en las 'pirámides'. Cerraron la empresa el 17 de diciembre y en enero llegó el interventor y nos quitó todo lo que teníamos. En mayo fuimos a la Fiscalía a una audiencia de imputación y por consejo del abogado mi esposo y yo nos declaramos culpables. 

¿Por qué esa decisión?

Ha sido lo más desgarrador de mi vida. Tú oyes la palabra 'estafa' y la asocias a tanto delincuente 'de cuello blanco', a gente que actúa con mala intención. Mi error fue simplemente creer que al seguir recibiendo plata podría sacar el cultivo adelante. Eso es lo que a ellos les duele y por eso dicen que los estafé.

¿De qué cargos se declaró culpable?

Estafa, captación masiva y habitual, y no devolución de dineros. Pero para la fecha en la que acepté como delito la no devolución, eso no era delito. La última plata que me prestaron fue en agosto de 2008 y el Decreto 4316 que crea el delito con vigencia de un año, lo expidió el Presidente de la República el 17 de noviembre. Pero tanto los acreedores como la juez dicen que por el simple hecho de no haber devuelto la plata, el delito nos cabe. Y el abogado no me dejó defenderme de ese cargo sino que me aconsejó que me declarara culpable porque así solo me daban la mitad de la pena.

¿Cómo conoció a ese abogado?

Es el esposo de una prima de Javier. Estábamos en la quiebra pero al saber que era el caso de Adriana Arango los abogados nos cobraban unas tarifas impresionantes. Él, como era de la familia, nos inspiró confianza. Nos dijo que al declararnos culpables nos darían arresto domiciliario porque las cuentas de prisión darían por 120 meses y al aceptar los cargos se reducirían a la mitad, o sea 60 meses, que equivale a cinco años que pueden ser cumplidos en prisión domiciliaria. 

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