'No estafé, no robé', dice Adriana Arango

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¿Por qué aceptó esta entrevista?

Porque siento que me puse la soga al cuello, que me llevaron como borrego al matadero creyendo que iría a mi casa. Siento que debe haber justicia para mí como ciudadana. Necesito una defensa idónea para poder dar la pelea frente a los cargos que me imputan. Asumo la responsabilidad que me toque. Eso es lo que estoy pidiendo.

"¡Dios mío dame una oportunidad!"

¿Cómo son las condiciones en la cárcel?

Estoy en un patio especial donde por nuestra condición recibimos un cuidado especial. Estoy con pocas personas en unas instalaciones cómodas, agua, alimentación, compañía, teléfono... Eso me permite como un respiro en medio de una situación de incertidumbre, pero es una situación muy llevadera.

¿Cuál es la rutina?

Empieza a las 4:40 a.m. Hago mis oraciones, ejercicios de yoga, meditación, y estiramientos cuando el clima lo permite. Puedo salir del patio a una zona al aire libre y puedo oír pajaritos, ver el sol, mirar hacia los cerros. No estoy encerrada tras barrotes todo el tiempo. Las personas de la guardia penitenciaria son adoradas y a veces pienso que estoy en un internado. 

¿Tiene comunicación con su esposo y sus hijos?

Mi esposo me puede llamar. Él está en la cárcel de Zipaquirá. Me llama en la mañana, a mediodía y en la tarde. Con mis hijos también hablo. Me llaman y también puedo marcarles con tarjeta, solo que sale costoso y estamos en una situación económica  compleja.

Es como una jaula de  oro pero jaula al fin y al cabo...

(Suspiro), ni tan jaula de oro. El hecho de que me adapte no significa que quiera estar acá. Tengo una cama metálica y dos colchonetas que se caen porque no dan la talla. Una compañera me prestó una caja de cartón y esa es la mesa de noche. Lo más duro es no  poder estar con la familia. A pesar de que tengo mucho  temple, me desbarato porque me conmueven la ayuda y la solidaridad.

¿Tienen acceso a televisión, a computador...?

Patricia del Valle vino a la celebración de la Virgen de las Mercedes y me dejó un televisor chiquitico en blanco y negro. Me encanta el programa de José Gabriel. El resto de días se 'empiyaman' todas mis compañeras a las 6:00 p.m., comen a las 7:00 p.m. y después  cada una se refugia en sus oraciones, en sus libros, en sus tejidos... Es una vida muy monacal.

Se le nota muchísima fuerza. ¿Es creyente?

Impresionantemente creyente y no solo por estas circunstancias. Siempre he creído y siempre he tenido hábitos de oración con mis hijos. Tengo la claridad de lo que está bien y de lo que no está bien, aunque a veces nos equivocamos. Sé las formas en que puede tenerse la conciencia tranquila y eso me ha ayudado mucho para poder  arrepentirme no solo ante los hombres sino ante Dios. ¡Dios mío, perdóname por todo el daño que he hecho y dame una oportunidad! Eso es todo lo que pido.

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