Noviembre 11 de 2009

Un paso en falso

Es poco probable que la ONU o la OEA asuman un papel activo para ayudar a solucionar el conflicto. Sería mejor buscar la ayuda de un país como Brasil.

Un escueto comunicado de la Casa de Nariño anunció que "ante estas amenazas de guerra pronunciadas por el Gobierno de Venezuela, el Gobierno de Colombia se propone acudir a la Organización de Estados Americanos y al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas". Las autoridades colombianas entraron en contacto con la delegación de Austria ante la ONU que, este mes, preside el Consejo de Seguridad. Todo apunta a que el Gobierno colombiano se inclina por privilegiar al Consejo de Seguridad por encima de cualquier otra instancia.

Nada más equivocado. Esta constituye una decisión apresurada, sin el respaldo de una reflexión decantada.  La política exterior sigue siendo reactiva, cortoplacista, carente de institucionalización y centrada en la figura del Presidente. 

El manejo otorgado al acuerdo de cooperación con Estados Unidos solo puede caracterizarse como una comedia de errores. La negociación con Ecuador para el reinicio de las relaciones, emprendida con prudencia y profesionalidad, podría haber marcado un esperado viraje.  Al parecer, fue la excepción. 

Dicho esto, vale la pena resaltar que las dificultades con Venezuela van más allá de las deficiencias de la política exterior de Colombia. Las razones que separan a Colombia de su vecino son de fondo y persistirán mientras no se dé un pacto explícito de respeto mutuo a modelos políticos diferentes, medie quien medie en la disputa actual. 

En este escenario resulta aun más necesario mirar hacia adelante sin ignorar las lecciones del pasado.  ¿Por qué no efectuar una planeación con base en el estudio de escenarios prospectivos, evaluar beneficios y costos de cada alternativa y, entonces sí, dar cada paso con pies de plomo? La audacia sin previa deliberación nos puede resultar cara.

Tercero neutral

El Gobierno colombiano parece decidido a buscar condenas más que tercerías. Recurrir al Consejo Permanente de la OEA para ello resultará infructuoso. Con toda seguridad, el bloque chavista logrará impedir la adopción de una resolución que llame la atención a Venezuela y el texto final le terminará prendiendo una vela a cada santo.

Algo se podría ganar si Estados Unidos se decide, por fin, a defender el acuerdo militar.  Más vale tarde que nunca. En definitiva, el Consejo Permanente de la OEA podrá constituir un foro inhóspito pero nos es conocido.

En el Consejo de Seguridad, las cosas son a otro precio. Para empezar, como toda instancia de poder, la acción del Consejo de Seguridad es altamente selectiva y está definida por los intereses de los cinco miembros permanentes: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido.  Las declaraciones del embajador de Estados Unidos ante la OEA, Lewis Anselem, podrían indicar la preferencia de su gobierno.  "Esto se puede resolver con diálogo, acá, o en Naciones Unidas, pero la OEA está hecha precisamente para servir como un foro en esto", afirmó.  Sin la voluntad de Estados Unidos, el caso no podrá dar el salto al Consejo de Seguridad. 

El interés de Colombia en el Consejo de Seguridad resulta más que justificado.  Al fin y al cabo, este tiene "la responsabilidad primordial de mantener la paz y seguridad internacionales".  Sus miembros podrían condenar la conducta de Venezuela, advertirle las consecuencias de una acción bélica y, si Colombia fuera persuasiva, hasta exigirle el cese de su auxilio a las Farc. En numerosas ocasiones, el Consejo ha adoptado sanciones contra Estados que patrocinan a grupos armados ilegales. Pero esto solo podría darse a mediano plazo como resultado de una actividad diplomática intensa y experta.

Hoy en día, el Gobierno está lejos de esa meta. Es poco probable que obtenga la discusión de sus preocupaciones en un debate formal del Consejo y menos probable aun es la emisión de una declaración de su presidente. Si así fuera, esta seguramente llamaría a las partes a la moderación, le pediría al Secretario General que le mantuviera informado de la situación y quizá recomendaría el nombramiento de un enviado especial, si las partes expresaran interés en él. 

¿Cuán conveniente podría ser ventilar la situación allí?  ¿No cerraría las puertas a una solución negociada?  ¿No terminaría por reforzar los vínculos de Venezuela con Rusia y China para ganar aliados en el Consejo?  ¿No profundizaría las grietas en la región? ¿Vale la pena correr el riesgo no solo de alimentar la confrontación bilateral, sino de acercar el conflicto armado en su conjunto al Consejo de Seguridad? 

Para Colombia, el Consejo de Seguridad representa la manzana envenenada. Si consiguiera volver multilateral la disputa bilateral, terminaría internacionalizando su propio conflicto.  Y en esta  cacería de pronunciamientos internacionales, el Gobierno colombiano puede dejar escapar la oportunidad que presenta el único ofrecimiento prometedor.

El Gobierno de Brasil no solo puso a disposición la mediación política. Marco Aurelio García, asesor del presidente Luiz Inácio 'Lula' da Silva, aseveró que si Colombia y Venezuela acordaran un mecanismo de monitoreo de la frontera, "nosotros podemos ayudar con medios técnicos, como aviones de vigilancia". Esto constituye, sin duda, una oferta de despliegue preventivo, un instrumento de la diplomacia dirigido a contener hostilidades entre dos Estados y, valga decirlo, valorado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

La desconfianza entre Venezuela y Colombia ha llegado a tal punto, que se torna esencial la presencia de un tercero neutral en la frontera misma.  Este serviría como canal de información e instrumento de distensión y construcción de confianza. Si lo que queremos es avanzar hacia la convivencia pacífica, ¿por qué distraernos tanto en lo incierto y lejano, y desaprovechar lo concreto que tenemos a la mano? 

Por Laura Gil,
analista internacional.

Ver Términos y Condiciones.

COPYRIGHT © 2009 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.