Una cosa es ser el mejor y otra el más sobresaliente. Porque calificar cuál es el mejor deportista que ha dado Colombia será un juicio muy subjetivo en el cual van a entrar a pesar las variables de su personalidad, origen, arraigo y comprensión de su disciplina, alrededor de las cuales será siempre imposible un acuerdo. Además, las pasiones que en cada seguidor de un deporte despiertan sus ídolos hacen imposible una visión equilibrada.
Pero en cuanto al escenario en la cual se obtienen los triunfos y la relevancia y permanencia de los mismos, hay elementos exactos que permiten establecer un escalafón donde Juan Pablo Montoya está, sin duda, muy de lejos en la cabeza de esos valores.
Antes de explicar los porqué, vale la pena hacer ciertas consideraciones sobre nuestros logros deportivos: provienen, en una aplastante mayoría, de individualidades, cuyas victorias y fama contrastan con los pocos momentos felices que nos han dado los deportes de conjunto. Así, nuestra galería reú-ne a tiradores, ciclistas, boxeadores, golfistas, patinadores, pesistas y otros laureados. Pero, sin que se lea esto como una devaluación de sus éxitos, hay que analizar que son deportes de limitada difusión.
En materia de notoriedad mediática, los Mundiales de Fútbol y los Olímpicos arrasan con la audiencia, pero se dan cada cuatro años, y la Fórmula Uno tiene una sintonía de 600 millones de televidentes por carrera. En ese marco, Montoya ganó siete grandes premios, entre ellos los más famosos como son Mónaco, Monza, Silverstone y Hockenheim. Estuvo cerca de pelearle un título a Michael Schumacher y corrió para equipos con gran magnetismo como Williams y McLaren. Era una celebridad en ese mundo.
En Estados Unidos, las carreras de la CART, donde corrió entre 1999 y el 2000 no son un gran suceso en el rating, pero mueven millones de espectadores. Además Juan Pablo Montoya se robó la atención de 338 millones de hogares, la sintonía de las 500 Millas de Indianápolis, la cual ganó en el 2000, antes partir a la F1. Ahora en la Nascar, es el actor emergente más importante. Cada domingo, de los 36 que dura el campeonato, cuenta con entre 11 y 15 millones de televidentes en Estados Unidos. Visto esto, se puede sustentar que Montoya es el deportista colombiano que se ha movido en las más altas esferas del deporte con continuidad y permanencia en el protagonismo pues ha ganado competencias en todas las categorías que ha participado. A sus 35 años, está lejos de haber acumulado todos los resultados ya que en la Nascar podría correr 15 o más campeonatos sin decaer.
También le falta incursionar en las pruebas de duración europeas. Si ganara las 24 Horas de Le Mans, completaría un slam que ningún piloto en la historia ha logrado. Porque sumar en una sola hoja de vida victorias de la F1 en Monza, Mónaco y Silverstone, los tres templos de Europa, con las 500 Millas de Indianápolis, que es la basílica de la velocidad de Estados Unidos y dos victorias en las 24 Horas de Daytona, es un récord muy difícil de igualar a nivel de aspirantes mundiales. Para enriquecer ese envidiable y glorioso pedigree, todavía está joven.
Por José Clopatofsky, director de 'Motor'.