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En plata blanca, a la mayoría de los colombianos los tiene sin cuidado las implicaciones de un tercer mandato consecutivo del Presidente. "Las consideraciones institucionales y las evidencias de manipulaciones en la votación del Congreso para aprobar el referendo son temas que solo parecen preocupar a una élite intelectual, la gran masa, descreída, despolitizada, se mueve por consideraciones más emocionales o materiales -dice Santos Calderón, actual presidente de la SIP-. Más que la opinión 'ilustrada' influye hoy la imagen televisada, y más que los columnistas influye la figura de un mandatario que sabe manejar la relación directa con el público sin depender de intermediarios periodísticos o institucionales".
El Presidente, que ha dicho que prefiere el power people, al power point, ha logrado esa relación caudillo-pueblo que es la misma que alimenta Chávez en Venezuela, una relación que desconoce los intermediarios -partidos, medios, ministros, alcaldes, gobernadores, generales...- Uribe gobierna en permanente contacto con la gente en desarrollo de una concepción atrasada y regresiva de la relación con el Estado, basada en la lealtad personal y en un concepto de la política y del poder centrados en su figura providencial. "Uribe desprecia a los medios, no les para bolas a los análisis de expertos, a los editoriales o a las opiniones de los columnistas -sostiene Rueda-. Gobierna con las encuestas y solo acude a los medios para utilizarlos".
El Presidente y en general las mayorías que lo apoyan ven a los líderes de opinión como especies de pontífices que escriben desde Bogotá en sus cómodos despachos frente al computador, y que no entienden las necesidades de la gente. "Muchas veces he oído decir en provincia que mientras el Presidente se preocupa por los problemas de la gente, los columnistas los desconocen -dice Vargas-. No hay duda de que Uribe nos ganó de mano en nuestro terreno: la comunicación con la gente".
Sin embargo, ese divorcio entre los generadores de opinión y opinión pública no sorprende mayormente al escritor Héctor Abad, columnista de El Espectador. "La opinión escrita tiene cada vez menos peso, importa lo que dicen en televisión y eso está bien amarrado -asegura-. Y si en Colombia eligen a Uribe, como en Venezuela a Chávez y en Italia a Berlusconi, contra todo lo que dicen los que estudian, piensan y escriben, quiere decir que la opinión es cada día más irrelevante, más intrascendente".
Ramiro Bejarano, columnista de El Espectador, sostiene, por su parte, que "la opinión pública está orientada por lo que informan los grandes medios, especialmente la televisión, que manipulan la información, y no por lo que escriben los columnistas".
Y Santos Calderón anota que los columnistas no son necesariamente "la voz del pueblo" y que en ninguna parte del mundo los editoriales o columnas de prensa ejercen el impacto de antaño. "La influencia de los medios, particularmente de los impresos, no es lo que era hace un par de décadas -afirma el presidente de la SIP-. La prensa ha perdido influencia política ante la proliferación de otros canales de comunicación masiva, y a eso se suma un escepticismo creciente de una opinión pública cuyas convicciones son tan efímeras como maleables".
Sin embargo, Juan Gabriel Uribe, director de El Nuevo Siglo, cree que si no fuera por los llamados líderes de opinión, "el apoyo a Uribe estaría rondando el 90 por ciento", y agrega que "la radio está jugando un gran papel".
Si bien tirios y troyanos le reconocen logros a Uribe, sobre todo en materia de seguridad, esa no es necesariamente una razón para que se mantenga en el cargo. Son muchas y muy profundas las razones de quienes se oponen a una tercera reelección, y van desde "la alteración profunda del Estado de derecho", como asegura el constitucionalista Humberto de la Calle Lombana, hasta una deformación del sistema de pesos y contrapesos y el quiebre de la necesaria alternabilidad en el ejercicio del poder inherente a la democracia.
Por estas y otras muchas razones, "aun si amplios sectores de la población consideran que Uribe es capaz de solucionar todos sus problemas y están dispuestos a respaldarlo una vez más sin tener elementos distintos a la pura emoción, los columnistas tienen la obligación de analizar la situación en contexto y sin ninguna pasión -sostiene Javier Darío Restrepo, analista de medios y columnistas de El Heraldo-. Y, claro está, eso los pone en una situación desventajosa frente a amplios sectores de la opinión pública, que se identifica cada día más con las actuaciones del Presidentew". Son los gajes del oficio.