La aprobación del referendo le quita visibilidad, espacio y banderas a la oposición

Fotos: Diego Caucayo y Federico Ríos / Cambio

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La aprobación del referendo en el Congreso no asegura la segunda reelección de Álvaro Uribe pero le complica el panorama a la oposición. El Polo Democrático y el Partido Liberal enfrentan un escenario electoral difícil, pues si buena parte de la opinión pública simpatiza con las banderas y las figuras asociadas al uribismo, la posibilidad de una tercera candidatura  del propio Uribe les enreda aún más las cosas. Por eso la pregunta obligada es sobre qué va a hacer la oposición.

De labios para afuera, las directivas del liberalismo y del Polo manifiestan que nada ha cambiado. Los dos partidos llevarán a cabo sus consultas internas el 27 de este mes para elegir a sus respectivos candidatos presidenciales de unidad. Hacia el futuro, rojos y amarillos aun aspiran a que la reelección se enrede en una de las etapas que le restan, y que en la primera vuelta, el 30 de mayo de 2010, su propio aspirante se gane el tiquete para pasar a la segunda, tres semanas después, y competir con un rival más vulnerable que el Presidente. "El mejor escenario para nosotros sería que la reelección no sea aprobada en el referendo, porque el uribismo no tendría tiempo de montar otra candidatura", dice el senador liberal Juan Manuel Galán.

En el escenario de la tercera candidatura de Uribe, es probable que las fuerzas de oposición y otros grupos independientes intenten una alianza. Ya se han llevado a cabo conversaciones serias para hacer una consulta interpartidista para escoger un solo candidato. El pacto está prácticamente sellado entre el Partido Liberal y Cambio Radical, y podría extenderse a independientes como los "tres tenores", los ex alcaldes de Bogotá Enrique Peñalosa, Antanas Mockus y 'Lucho' Garzón. 

Y la posibilidad de que el Polo se suba a este tren, depende en buena medida del resultado de la consulta del 27 de septiembre, pues mientras los seguidores de Carlos Gaviria creen que el PD debe ir hasta la primera vuelta con candidato propio, Gustavo Petro considera que deben explorarse alianzas previas.

Incertidumbre

Otro problema difícil para la oposición será el diseño de la estrategia a seguir. El incómodo escenario copado por Uribe se prolongará posiblemente hasta marzo del año entrante. Las noticias sobre las tribulaciones del alma del presidente-candidato y el paso del referendo por la Corte Constitucional eclipsarán las actividades de otros partidos. Y cada encuesta en la que Uribe aparece con un respaldo mayoritario le quita credibilidad a la capacidad de la oposición para competir.

No menos complejo para la oposición es hacer campaña sin que se conozcan las reglas del juego. Lo que se anticipa para los próximos meses es una incertidumbre jurídica que no será fácil de superar. Que Uribe sea o no candidato, traza caminos totalmente distintos.

Tampoco es claro si la ley de garantías electorales aprobada para la primera reelección, rige para esta nueva contienda. Si no está vigente, ¿cuáles derechos tendrá la oposición, cuál la financiación estatal, cómo será el acceso a los medios de comunicación, cuáles los controles sobre el gasto del Gobierno? Si el referendo se dilata hasta febrero o marzo de 2010, no habrá reglas del juego hasta vísperas de la elección y entonces podría ser demasiado tarde y en abierta desventaja para la oposición, pues el Presidente habrá seguido haciendo consejos comunitarios y repartiendo subsidios.

La presencia de Uribe en la campaña, cada vez más evidente, también cierra el espacio para el debate ideológico. El Partido Liberal y el Polo no han logrado poner sobre la mesa un tema que haya despertado entusiasmo en el electorado. Ni siquiera las propuestas sobre el manejo de la economía y el impacto de la recesión en la realidad social han pegado hasta el momento. El Polo, incluso, optó por la arriesgada estrategia de la diplomacia paralela y abrió contactos con los impopulares presidentes de Venezuela y Ecuador, Hugo Chávez y Rafael Correa. Así como Uribe sigue asociado al atractivo eslogan de la seguridad democrática, la oposición apenas ha logrado algunos puntos con su insistencia en que una nueva reelección tendría efectos negativos para la democracia.

Tampoco ha surgido una figura sólida en las fuerzas antiuribistas. Ninguno de los precandidatos del Polo y del Partido Liberal aparece en los primeros lugares de las listas de preferencias electorales, que están copados por colaboradores del Presidente. El único que ha crecido en relevancia, protagonismo y credibilidad es el ex presidente César Gaviria, cuya imagen negativa es, sin embargo, muy alta y quien ha descartado su candidatura presidencial.

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