Uribe III, más cerca

El martes en la noche, la plenaria de la Cámara fue escenario del enfrentamiento entre amigos y enemigos de la reelección presidencial.

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El martes pasado, cerca de las 2:00 p.m., el representante Roy Barreras prendió las alarmas entre las huestes uribistas. Según sus cálculos, de los 91 votos que tenía la bancada oficialista para sacar adelante la conciliación del referendo reeleccionista, solo le quedaban 87. Es decir, los amigos del Gobierno estaban a punto de permitir que por la falta de tres votos naufragara la iniciativa. El nerviosismo había hecho mella en algunos representantes que pocos días antes habían expresado su respaldo al Gobierno y que ahora sentían preocupación por decisiones de la Corte Suprema que podían afectarlos.

La primera fue la reacción de la Corte al fallo del Consejo Superior de la Judicatura mediante el cual quedó en libertad el senador Iván Díaz Mateus, detenido por la 'Yidispolítica'. La segunda fue la captura de los representantes Odín Sánchez, Édgar Ulises Torres y Juan Pablo Sánchez, vinculados a la 'parapolítica', dos de los cuales -Sánchez y Torres- habían anunciado su voto a favor del referendo. Pero fue la tercera decisión del tribunal la que los puso al borde de un ataque de nervios: el cambio de jurisprudencia de la Sala Penal, que negó la renuncia al fuero de Torres y advirtió que mantendrá la competencia para investigar y juzgar a los congresistas.

El temor de los representantes no era para menos, pues 86 de ellos tienen abierta investigación preliminar en la Corte por presumiblemente haber incurrido en prevaricato al votar el referendo sin que existiera la certificación de la Registraduría sobre el cumplimiento de todos los requisitos legales en la financiación de la campaña de recolección de firmas. Ni siquiera la jugada maestra de Barreras, que el domingo en la noche había logrado 'trastear' para La U a cinco representantes de Cambio Radical (ver artículo), sirvió para dar un parte de tranquilidad a los defensores de la reelección. El anuncio de las directivas de Cambio de que impedirían la votación de los 'tránsfugas' por momentos puso a tambalear a la mayoría oficialista. Pero el impasse fue sorteado por el presidente de la Cámara, Édgar Gómez, quien dijo que un partido no podía prohibir el voto a militantes de otro partido. Santo remedio.

A las 7:00 p.m., los amigos del referendo recibieron un voto valioso con el que no contaban cuando comenzaron la jornada: el de 'Tito' Crissien, de La U, quien horas antes había dicho que no apoyaba la iniciativa. El camino parecía despejado. La votación de los impedimentos de los últimos 30 representantes, de los 96 que se habían declarado impedidos, se dio sin mayores contratiempos. La oposición -Partido Liberal y Polo Democrático- que ya tenía claro que el Gobierno había logrado consolidar la mayoría, decidió tirar la toalla y abandonar la plenaria. A las 11:43 p.m., el referendo fue aprobado por 85 votos. Una salva de aplausos recibió la decisión. Habían transcurrido poco menos de dos años de un proceso que empezó a finales de 2007, cuando el llamado Comité Promotor del Referendo empezó a recoger las firmas de apoyo a este para una tercera reelección del presidente Uribe, proceso tormentoso salpicado de irregularidades que aún son objeto de investigación por parte de la Fiscalía General, la Corte Suprema de Justicia y el Consejo Nacional Electoral. La aprobación del referendo reeleccionista, sin duda el logro político más importante del gobierno Uribe en este año, no solo mantiene viva la aspiración de la Casa de Nariño a un tercer mandato, sino que organiza la coalición mayoritaria. El uribismo -que en los últimos meses se destacó por un animado debate entre sus distintos miembros- vuelve a reunirse para la temporada electoral de 2010 en torno a su inspirador y líder: el presidente Álvaro Uribe. Pero las buenas noticias para del Ejecutivo no son necesariamente buenas para la campaña presidencial de 2010.

El hecho de que el referendo esté vivito y coleando implica un regreso al ambiente político de incertidumbre que marcó el final del año pasado y el principio de este. Los entierros anticipados de la iniciativa desataron una intensa actividad tanto en la coalición uribista como en las fuerzas de la oposición. La perspectiva de no contar con Uribe como candidato impulsó varias aspiraciones dentro del Gobierno: Andrés Felipe Arias, Juan Manuel Santos y  Noemí Sanín. El apoyo al referendo también se convirtió en la cuña que sacaría del uribismo a Germán Vargas Lleras. 

Incertidumbre

En las huestes opositoras también se vivió un período de libertad sin la sombra del mandatario quitando puntos en las encuestas. Este breve interregno disparó la favorabilidad de la candidatura independiente de Sergio Fajardo, alimentó la improbable unión de tres ex alcaldes de Bogotá -Antanas Mockus, Luis Eduardo Garzón y Enrique Peñalosa-, y generó interés por las  futuras consultas internas del Partido Liberal y del Polo Democrático. En las encuestas y sondeos de opinión, el  dinámico y cambiante escenario "sin Uribe" sustituyó al predecible resultado "con Uribe". Por pocos meses, el país experimentó lo que sería una campaña presidencial sin grandes favoritos y con un puñado de líderes en proceso de aprendizaje. 

No obstante, lo más seguro es que este panorama electoral abierto, impredecible y lleno de opciones para los votantes no sobreviva a la aprobación del referendo. Ya los conservadores lo vivieron: sus directivos decidieron cancelar la consulta del 27 de septiembre. Aunque Noemí insiste en que su campaña sigue, tanto sus perspectivas futuras como las de Santos son sombrías. La resurrección de la posible segunda reelección les quita a los tres aspirantes de la coalición su mensaje más poderoso: "Si no es Uribe, soy yo". Pocos le apostarán a una copia o a un heredero mientras sigan latentes las opciones de elegir al original. Y la Casa de Nariño se abstendrá de ofrecer algún espaldarazo en la medida en que no se tenga la última definición sobre el tercer período en la mesa.

Los efectos en el mundo político de un referendo resucitado no se reducen al retorno de la incertidumbre electoral. Las siguientes etapas que debe sortear la iniciativa están en la Corte Constitucional (ver siguiente artículo) y las autoridades electorales, razón por la cual el foco de atención ya no será del Congreso. No sorprenderían nuevos choques de trenes y cruces de declaraciones con el Ejecutivo en los próximos meses, pues el referendo corre contra el tiempo.  

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