¿Tiene opción?

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Finalmente la embajadora de Colombia en Londres, Noemí Sanín, terminó de deshojar la margarita. Después de varias semanas de reflexión anunció el sábado pasado, al final de una corta reunión con el presidente Álvaro Uribe en Cartagena, su retiro de la misión diplomática y su regreso -a comienzos de agosto-para "participar en el debate democrático que vive el país". Hace tres meses, a comienzos de abril, Sanín había dicho que "la situación estaba muy confusa" y que "cuando sepamos cuáles serán las reglas de juego tomaré una decisión".

El escenario no se ha aclarado del todo, pero sí se ha modificado. Aún no se sabe a ciencia cierta si habrá o no reelección -el martes se reunieron los uribistas clase A para diseñar una estrategia que saque adelante el referendo- pero su camino está cada vez más enredado. La posibilidad de una campaña presidencial sin Uribe ha crecido porque en el Congreso, donde no ha logrado superar la conciliación de los textos aprobados en Senado y Cámara, no hay ambiente para darle el empujón que le falta.

Según el presidente del Senado, Hernán Andrade, "muchos parlamentarios se están escondiendo en la Corte para no votar porque no están convencidos de un nuevo periodo del presidente Uribe", dijo en una entrevista para El Nuevo Siglo. Lo cierto es que la alternativa de una investigación por parte de la Corte Suprema contra quienes voten a favor por un supuesto prevaricato enredó el paso por el Congreso que se suponía el más fácil de superar en la larga cadena de obstáculos que aún le quedan por delante.

El tiempo que ha transcurrido, además, ha sido bien aprovechado por los principales competidores de Noemí Sanín. Algunos de ellos le llevan ventaja en la carrera para quedarse con la representación del uribismo en caso de que el Presidente no sea candidato. En el último estudio de Invamer-Gallup los ex ministros de Defensa y Agricultura, Juan Manuel Santos y Andrés Felipe Arias, están por delante de Sanín en una eventual consulta para escoger un candidato de unidad: Santos encabeza la competencia con 47 por ciento, seguido por Arias con 24 por ciento. Noemí, en el tercer puesto, tiene un 20 por ciento. Otra encuesta más reciente, contratada por CAMBIO con la firma Datexco después de haberse conocido la noticia del lanzamiento de Sanín, concluye que Santos lidera el grupo uribista con un 26,9 por ciento, seguido de Sanín, con un 16,7 por ciento y por Arias, con 12 por ciento.

La permanencia en Londres se hacía insostenible para una aspirante que en los últimos seis años, desde su última candidatura presidencial en 2002, ha tenido menos visibilidad que sus rivales. Miles de jóvenes que han ingresado al censo electoral en ese lapso escasamente la conocen. La labor diplomática pasa inadvertida para la mayoría de los ciudadanos y Noemí no ha protagonizado muchas noticias en este periodo, con la notable excepción de haber propuesto la primera reelección de Uribe en 2004. Pero Noemí era la candidata que menos se podía dar el lujo de permanecer en la sombra.

La apuesta

El ingreso de Noemí Sanín a la campaña introduce un elemento de agitación y novedad. Su ausencia del país no la ha postrado en el olvido, y las encuestas demuestran que mantiene altos niveles de reconocimiento y de favorabilidad que le permiten lanzar una campaña competitiva. Aunque ha tenido altibajos, Sanín ha sido uno de los políticos con mejor imagen en Colombia en los últimos 15 años (ver gráfico). Hoy está alineada en el uribismo, que es la corriente que más atrae electores, y posee una hoja de vida de presidenciable.

En las últimas semanas se ha notado una evidente división en el Partido Conservador en torno a la estrategia a seguir. Mientras un grupo se aferra a lo que ya está acordado, una consulta interna a celebrarse el 27 de septiembre, otro considera que sería mejor buscar otra forma de escoger al candidato. Las dos posiciones tienen nombre propio: los que quieren la consulta se inclinan por Andrés Felipe Arias y se concentran en la bancada de la Cámara de Representantes. Los que quisieran aplazarla son casi todos los senadores quienes tienen simpatías por Noemí Sanín.

La Embajadora en Londres podría construir una base electoral nada despreciable si logra el apoyo del partido conservador. Más de dos millones de votos, que constituyen un punto de partida importante en una campaña sin Uribe, en la que nadie tendría una ventaja evidente. La maquinaria azul, sumada a lo que conquiste en su campaña, le daría un banderazo sólido. Sanín se ha acercado al pastranismo, un sector del partido con el que tuvo duros enfrentamientos en el pasado.

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