Las Farc después de 'Jaque'. Por María Victoria Llorente.

Un año después de la Operación Jaque, los rescatados volvieron al sitio de la liberación. Foto: Abel Cárdenas / Cambio

La política de seguridad democrática, sin ninguna duda, cambió a las Farc y las obligó a replantear sus estrategias en lo político y en lo militar. En especial la presión ejercida por las Fuerzas Armadas, que redujo el poder de este grupo irregular. Y sin embargo, resulta muy peligroso analizar el impacto de esta política desde la perspectiva única del debilitamiento de las Farc.

Pasados el alboroto y el regocijo alrededor de la celebración del primer aniversario de la Operación Jaque, parece urgente repensar el balance oficial sobre el estado actual de la confrontación con las Farc. Ya son muchas las señales indicativas de que el conflicto avanza hacia un escenario distinto. Es seguro que dentro de este nuevo contexto la capacidad de adaptación del Ejército y la Policía será fundamental si se quiere llevar a esta organización al punto de no retorno.

En una reciente publicación, la Fundación Ideas para la Paz (FIP) analizó el horizonte político y militar de las Farc a un año de la Operación Jaque (Las Farc: un año después de 'Jaque', Siguiendo el conflicto No. 55). Las conclusiones son elocuentes: el 'fin del fin' aún está lejos. Y, a pesar de los duros golpes recibidos, en los últimos meses el grupo guerrillero ha enviado señales de recuperación del 'comando-control y comunicaciones' y de aprovechar las oportunidades en los campos militar y político, utilizando para ello estrategias clásicas y otras que podemos llamar como innovaciones.

En el primer semestre de 2009, las acciones guerrilleras fueron contundentes en Nariño, Cauca, Huila, Caquetá y Arauca, territorios de frontera y otros de presencia histórica de las Farc. En menos de dos meses el grupo guerrillero llevó a cabo acciones militares en estas zonas, provocando la muerte de 45 miembros de la Fuerza Pública. Allí, además, demostraron su intención de proyectarse en lo urbano con acciones que reflejan al menos tres propósitos: primero, enviar un mensaje directo de su capacidad de ataque; segundo, su intención de escoger objetivos que no comprometan a la población civil, y tercero, validar la extorsión como un mecanismo eficaz para la obtención de recursos y para generar miedo.

En los últimos meses las Farc han sido capaces de desplegar operaciones simultáneas en distintos puntos del territorio. Esto sugiere que el 'comando-control y comunicaciones' no se ha resquebrajado tanto como se llegó a aseverar en el 2008. La mayoría de los análisis no tienen en cuenta esta realidad. Con un esquema de guerra diluida y un retorno a la 'guerra de guerrillas', marcado por el abandono de grandes operaciones militares, el comando-control y comunicaciones que hoy tienen las Farc es más flexible, discontinuo y privilegia cierto grado de autonomía, lo cual, bajo las condiciones actuales, facilita la operatividad de sus estructuras.

En los últimos meses, también, las Farc han sabido aprovechar las oportunidades, fruto de casualidades o de errores operativos de la Fuerza Pública, para asestar golpes de alto impacto mediático. El de Garzón (Huila), en el que secuestraron a un concejal, es un buen ejemplo. Así, pues, frente a los análisis que pronostican la aparición de un 'nueva estrategia', hay que decir que este tipo de acciones no implican la existencia de esfuerzos militares de alta planificación y envergadura, como los realizados a finales de los noventa, simplemente reflejan el uso del principio de oportunidad en la guerra.

Por otra parte, en su afán de mostrarse militar y políticamente vigentes, otro aspecto que debe ser tenido en cuenta es que las Farc históricamente han tratado de influir en el escenario preelectoral. En esta dimensión, aun cuando la estrategia ha sido la clásica, se han presentado ciertas 'innovaciones' tácticas. Han utilizado el tema del acuerdo humanitario y las acciones militares que "no afectan" directamente a la población civil pero que sí generan impacto, para ser un tema obligado dentro de las agendas de los precandidatos presidenciales.

Estas 'innovaciones' reflejan un intento, quizás esperable con el ascenso de 'Alfonso Cano', por rescatar la atención de la opinión pública nacional, la cual en tiempos pasados era irrelevante para el grupo subversivo.

Estamos avanzando hacia un nuevo escenario en la confrontación con las Farc en el cual es necesario revisar la política de consolidación de la seguridad democrática y su 'salto estratégico'. Los logros del Estado colombiano en materia de indicadores de seguridad y los impactos sobre este grupo guerrillero son incuestionables, pero también lo es el hecho de que la fase de la confrontación con las Farc, hacia donde estamos avanzando, difiere con el estadio de hace tres años. Los éxitos de los últimos años y la transformación del escenario estratégico se lograron precisamente porque hubo una reforma audaz de la estrategia del Gobierno y en particular de la Fuerza Pública. Las cosas han cambiado y así mismo se deberá adaptar la estrategia y la Fuerza Pública.

Por María Victoria Llorente,  directora de la Fundación Ideas para la Paz.