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Hace dos semanas, en un largo combate entre la Brigada Móvil 7 del Ejército y las Farc en Picalojo, en las selvas de Guaviare, fueron dados de baja tres guerrilleros. No eran, ni mucho menos veteranos, curtidos. Eran niños de entre 12 y 15 años. Los militares no se sorprendieron, pues en el último año han registrado el aumento de menores en las filas de la guerrilla. "Estamos viendo los resultados en los campos de batalla donde los soldados descubren entre las bajas muchos menores de edad", dice el general Jorge Ardila, jefe de Desarrollo Humano de las Fuerzas Militares".
A cuatro horas de Picalojo, en El Retorno, una madre está desconsolada porque hace tres meses las Farc le quitaron a su hijo de 12 años. Una miliciana visitó varias veces la vereda donde vivían, se reunía con los niños y fue haciendo amigos entre ellos. "Les llevaba dulces, cartillas, almuerzos -cuenta la madre-. Quería reclutarlos, les enseñaba que las Farc eran la mejor opción y muchos chiquitos pensaron que les estaban prometiendo el cielo y se fugaron con la guerrillera. Otros se los llevaron a la fuerza". Decidió que lo mejor era salir de la zona con sus cuatro hijos pero no alcanzó a salvarlos a todos. "Vinieron por el mayorcito -relata entre lágrimas-. Cuando se iba me miraba como diciéndome: 'Mami, ¡ayúdame!'. No pude hacer nada y ahora rezo para que no me lo maten".
Según un informe de la Iglesia católica, más de 500 menores de zonas rurales de Meta, Guaviare, Putumayo, Caquetá, Arauca y Vaupés fueron reclutados a la fuerza por las Farc en el último año. Y la situación se repite en Nariño y Cauca, donde las autoridades sostienen que "Están haciendo un ejército de niños". Los infantes son obligados a realizar tareas como ubicación de tropas regulares, armar y desarmar pistolas y revólveres, montar guardia en campamentos y combatir contra el Ejército. El reclutamiento de niños no es nuevo, viene dándose en forma sistemática y masiva, pese a que es un crimen de guerra por el que la guerrilla podría ser juzgada por la Corte Penal Internacional (CPI).
El promedio de edad de reclutamiento era, hasta hace poco, de 12,9 años, pero Christian Salazar, director en Colombia de la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, constató en una visita reciente a Guaviare y Caquetá que la edad de reclutamiento de niños está bajando. "Estamos hablando de menores de 12 años y de una edad promedio de 11,8 años -dice-. La guerrilla llega a comunidades y pide un hijo por familia, y por eso a finales del año pasado el reclutamiento fue una de las principales causas de desplazamiento porque los padres no quieren que se lleven a sus niños".
Un reciente informe de Codhes lo confirma: "El reclutamiento forzado está cambiando la dinámica del conflicto y los desplazados ahora temen represalias por no entregar a sus hijos a la guerra". Y según el informe Prisioneros combatientes (2008) de la Organización Internacional de las Migraciones, dirigido por la consultora Natalia Springer, "Si antes la población desplazada era la que usualmente servía a los grupos armados porque le quitaban los niños para sus propósitos, ahora tenemos el efecto contrario: desplazados huyendo para evitar que se lleven a sus niños".
'In crescendo'
Hace tres años, las autoridades calculaban entre 6.000 y 11.000 el número de niños combatientes. Hoy la cifra podría estar entre 14.000 y 17.000 menores, la mitad de los cuales estaría en las filas de las Farc, según un informe del Tribunal Internacional sobre la Infancia afectada por la Guerra y la Pobreza, publicado hace tres meses, en el cual Colombia figura en el quinto lugar de los países donde los grupos armados reclutan más menores de 17 años. "Uno de cada cuatro combatientes es un niño -afirma Sergio Tapia, fiscal del Tribunal-. Están utilizando niños hasta de seis años para trabajos de inteligencia, siembra de minas antipersona, transporte de explosivos". Agrega que esta cifra se dispara porque "los actores del conflicto armado mutan, se transforman en bandas criminales, se retroalimentan con alianzas y operan como carteles del narcotráfico".
Según ese Tribunal, el riesgo de reclutamiento de menores no solo es muy alto en el sur y oriente del país, también en Chocó, Antioquia, Córdoba, Santander, Cundinamarca y Valle, y en zona deprimidas de las grandes ciudades. Unicef sostiene que en 31 de los 32 departamentos hay reclutamiento forzado y que, en promedio, los niños permanecen más de dos años en las filas de los grupos ilegales.
En marzo pasado, la ONU reveló en su consejo de seguridad un informe que documenta varios casos que ilustran la magnitud del problema. "En muchos casos, los grupos armados han torturado o matado a niños por haberse resistido al reclutamiento o por intentar escaparse" (ver informe completo en Recursos relacionados). La mayoría de los menores terminan en sus filas por intimidación y en menor porcentaje para buscar sustento económico, pero de todas maneras el factor común es la pobreza, la falta de oportunidades. Así lo revela el informe Prisioneros combatientes: "Más del 50 por ciento de los entrevistados reportó no tener oportunidades de acceso a la tierra, estudio o dinero". Y un informe de la Defensoría del Pueblo sostiene que las precarias condiciones económicas y sociales -violencia doméstica, abusos, maltrato, violación, imposibilidad de empezar o seguir estudios-, y factores psicológicos -influencia de otros niños, propaganda- llevan a algunos menores a "reclutarse voluntariamente, entre comillas".