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Presa fácil
Las Farc están cobrándole a la población civil los reveses militares de los últimos tres años, sostienen sendos informes de la Defensoría del Pueblo, la ONU y la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento, Codhes, realizados en 2008 y 2009. "Desarrollan formas de reclutamiento individual y masivo, que incluye niños, niñas y adolescentes, para suplir bajas y deserciones -dice el informe de Codhes-. Están cobrando sus derrotas militares con la población civil, dadas las retaliaciones por supuestos o reales casos de delación o información a las autoridades".
CAMBIO recorrió varias poblaciones de Guaviare. Allí las autoridades sostienen que tres guerrilleros se desmovilizan cada día. Para suplir esas deserciones, las Farc se llevan dos niños. En Calamar, El Retorno, San José y Miraflores, la guerrilla hizo un censo en las veredas. "Tienen censados cuántos niños están en la escuela, cuántos son raspachines, cuántos adultos hay, cuánto ganan los campesinos, cuántas escuelas y hectáreas de tierra hay", le dijo a CAMBIO un líder comunitario.
Pedro Arenas, alcalde de San José del Guaviare, sostiene que "instructores milicianos tratan de llevarse 'por las buenas' a niños y adolescentes, muchachos de entre 12 y 14 años de hogares numerosos", y señala que cuando las Farc saben que hay mucha pobreza "empiezan a prometer cosas o se los llevan a la fuerza si se resisten".
También hacen visitas a las escuelas. "Los profesores tienen que 'comer callados' porque ellos no piden permiso -afirma el sacerdote Luis Grajales, director del Hogar del Niño y la Niña Adolescente que acoge a infantes desplazados que huyeron del reclutamiento-. Simplemente llegan, se presentan y les enseñan a los niños 'las bellezas de la guerra' y como por su corta edad no pueden entender el riesgo que corren, se van con ellos, y a los que se resisten y quieren quedarse, los amenazan con matarlos o con matar a sus padres o hermanos. Presionado, el niño termina con camuflado".
Pero hay historias que pocos pueden contar, que son la excepción. Es el caso del colegio José Miguel López Calle, de la vereda El Capricho, a dos horas de San José. La guerrilla intentó convencer a 100 pequeños de ingresar a sus filas, pero la directora impidió que se los llevaran. "Ella está lejos de la vereda pero los niños están a salvo porque luego del incidente todo el pueblo protestó y pidió que dejaran en paz a los pequeños y las Farc desistieron de ese propósito", relata el sacerdote.
Héctor López, defensor del Pueblo en Guaviare, dice que es imposible establecer el número de niños y adolescentes que están en las Farc. "La gente tiene miedo de denunciar y muchas mamás temen que si cuentan que su hijo está en las Farc, el Ejército las señale de auxiliadoras de la guerrilla -explica López-. Aparte de que se les llevan los muchachos, someten a las familias a la ley del silencio".
Además, queda prácticamente roto el contacto entre el menor reclutado y su familia. "Según relatos de niños que pudieron huir de las Farc, al ser reclutados abandonan hasta su identidad, les asignan un nuevo nombre o alias, y los comandantes guerrilleros se convierten en sus nuevos padres -explica el defensor-. Otros buscan de vez en cuando a sus familias, pero siguen como esclavos".
Escapar de la guerrilla es difícil y quienes logran hacerlo por lo general ya son mayores de edad que presentan graves trastornos psicológicos. Según el ICBF, hasta junio de 2009 han desertado 4.032 menores de los grupos armados, de ellos 415 el año pasado. El 27 por ciento son niñas y el 73 por ciento niños. Todos están bajo protección del Instituto. Muchos otros no han corrido con la misma suerte: en los últimos 10 años, 6.410 niños murieron en combates con el Ejército, según la Defensoría.