Uribe: ¿Imparable?

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En solo cuatro meses, mucho ha cambiado en la política colombiana. El 17 de diciembre de 2008, a las 3:00 a.m., la plenaria de la Cámara había aprobado en segundo debate el proyecto del referendo para reformar la Constitución y permitir al presidente Álvaro Uribe aspirar a la segunda reelección.

El momento político para este cambio de las reglas del juego no podía ser peor. El derrumbe de las 'pirámides' mantenía a los habitantes de los departamentos del sur del país, y a miles en Bogotá, en conato de rebeldía y desórdenes; los coletazos de la crisis financiera mundial empezaban a sentirse en la economía; los principales medios de comunicación editorializaban en contra de un tercer mandato presidencial y sobre la parálisis de la agenda parlamentaria.

Voces del uribismo como Fabio Echeverri, líderes eclesiásticos como el cardenal Pedro Rubiano, y congresistas oficialistas como las senadoras Gina Parody y Marta Lucía Ramírez, entre otros, ya anunciaban sus críticas a la reelección.

A este estado de cosas se añadirían serios reparos a la financiación de la recolección de las firmas para sustentar la iniciativa popular y debates jurídicos sobre los efectos que tendrían los cambios en el enunciado de la pregunta que los congresistas habían aprobado.

En materia política, la ambigüedad del Presidente sobre su eventual aspiración en 2010 había generado fracturas en la coalición de gobierno entre los promotores de la nueva candidatura presidencial y quienes reclamaban espacio para los herederos como el ex senador Germán Vargas Lleras, líder del partido Cambio Radical.

La confusión aumentaría con el respaldo abierto del Primer Mandatario a su ministro de Agricultura Andrés Felipe Arias, para lanzarse a una precandidatura en el Partido Conservador, socio principal de la coalición uribista. 

Este era el tormentoso panorama político, económico y social que CAMBIO registraba en su edición de mediados de diciembre, y el pronóstico era un 2009 turbulento y lleno de zozobra, caracterizado por el debilitamiento de la coalición gobiernista.

Sin embargo, cuatro meses después, si bien los pronósticos de incertidumbre política y empeoramiento de la situación económica se cumplieron, el referendo avanza y el Gobierno no da señales de que vaya a desistir de su intención.

Todo lo contrario. Se prevee que el martes 19 de mayo la plenaria del Senado apruebe en cuarto y último debate la iniciativa. El camino para preguntar en las urnas si los colombianos permiten que el presidente Uribe aspire por tercera vez a la primera magistratura superó así su segundo escollo después de la consecución de las firmas para radicar el proyecto en el Congreso.

Aunque aún quedan obstáculos por sortear, que no son simples formalidades y generan una buena dosis de incertidumbre, la posibilidad de que Uribe aparezca en el tarjetón de mayo de 2010 está cada vez más cerca.

Si bien el referendo debe superar la revisión de la Corte Constitucional y la prueba de fuego de los más de siete millones de votos, la pregunta que flota en el ambientes es: ¿Es imparable un tercer mandato de Álvaro Uribe? CAMBIO analiza los escenarios de una campaña presidencial 2010 con un referendo reeleccionista aún en trámite.

De escollos y apoyos

Desde el 6 de agosto de 2008, cuando el ex congresista Luis Guillermo Giraldo entregó a la Registraduría las más de cinco millones de firmas que respaldaban la iniciativa para reformar la Constitución y autorizar la segunda reelección de Uribe, el referendo capturó la agenda política.

El proyecto puso a prueba la unidad de las mayorías uribistas en la Cámara  y sirvió de test de lealtad a la segunda línea del liderazgo político del uribismo: la dirigencia conservadora, el ex senador Germán Vargas Lleras de Cambio Radical, y el actual  ministro de Defensa Juan Manuel Santos.

Nueve meses después y terminado el trámite político, que el referendo siga vivo y coleando es, sin duda, un éxito de la Casa de Nariño y de los uribistas reeleccionistas.

Una mirada rápida al escenario de la coalición llevaría a pensar que el costo ha sido alto: el dilema de los conservadores y su consulta interna, la fractura de Cambio Radical y la carrera contra el tiempo para aspirantes con posibilidades como el ministro Santos.

Pero que la campaña presidencial de 2010 gire en torno a la decisión de un mandatario que entra en su séptimo año de gobierno, le quita a Uribe el fantasma de la intrascendencia política, típica del ocaso de una administración.

El intenso debate entre la Casa de Nariño y la oposición no ha generado rechazo en la opinión pública. Al contrario, según las encuestas Invamer-Gallup, el apoyo a la segunda reelección está en ascenso.

Si en diciembre de 2008 el 55 por ciento de los colombianos estaba de acuerdo, en mayo de 2009 el respaldo subió a 61 por ciento. El rechazo disminuyó de 41 a 37 por ciento en los últimos cuatro meses. Los guarismos confirman el argumento básico de los reeleccionistas: las mayorías quieren un tercer mandato de Uribe.

Pero mientras el referendo llega en las urnas, hay que superar una serie de escollos -formales e informales- que controvierten la idea de que el camino del referendo está despejado.

Entre los primeros están la conciliación de las diferentes versiones del proyecto aprobadas en Cámara y Senado, la revisión de constitucionalidad por parte de la Corte Constitucional, la aplicación de la Ley de garantías, el certificado de la Registraduría y el umbral de participación en las urnas.

En cada uno de estos puntos el referendo corre algún grado de peligro de hundirse o de que el tiempo de las decisiones se extienda de tal forma que no sirva a las intenciones de la Casa de Nariño.

Los dos obstáculos más fuertes están en la Corte Constitucional y en la Registraduría: la primera puede declarar inexequible el referendo, el Registrador puede negarse a certificar que la financiación cumplió los requisitos de ley.

Pero, además, la Registraduría debe organizar el proceso electoral que, usualmente toma cuatro meses, y que sumados a los meses de estudio en el máximo tribunal pondrían al Gobierno en una carrera contra el tiempo para que, efectivamente, Uribe pueda inscribir su aspiración presidencial.

Hay quienes sostienen que el referendo es un tema consumado después del trámite legislativo y que la revisión de la Corte es apenas una formalidad. No en vano, uno de los efectos de la primera reelección fue la designación por parte de la Casa de Nariño de altos funcionarios y magistrados que desequilibrarían el sistema de pesos y contrapesos.

No cabe duda, el presidente Uribe en sus dos mandatos ha podido escoger jueces del alto tribunal constitucional afines a sus ideas. 

Sin embargo, no es posible asumir de antemano que el resultado de la deliberación de la Corte es a favor del referendo. Hay complejidades jurídicas que los magistrados deben definir y que tomarán tiempo, como las recusaciones de algunos de ellos -requiere mayoría absoluta- y la decisión sobre a qué etapas del proceso del referendo hacerle control de constitucionalidad.  

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