Mayo 6 de 2009

Las caras de la crisis

El desempleo se está convirtiendo en el peor problema del país, y todo indica que seguirá aumentando.

Mientras los analistas internacionales reciclan las dramáticas imágenes de la Gran Depresión de los años treinta para explicar la recesión de la economía, sus colegas colombianos no tienen que devolverse tanto en el tiempo. En la memoria de millones de colombianos siguen vivos los recuerdos, y las trágicas consecuencias, de la crisis de finales de los años noventa. Al fin de cuentas, si 20 años no son nada, 10 son mucho menos.

Hace exactamente una década, en las páginas de esta revista, el entonces ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, explicaba las medidas que la naciente administración de Andrés Pastrana estaba tomando frente a una crisis económica que pronto se profundizaría y dejaría una marca indeleble en ese cuatrienio. A pesar de haber golpeado distintos aspectos de la economía, la debacle de 1999 tuvo en los deudores hipotecarios a sus víctimas más simbólicas. Las altas cuotas de la vivienda, los desalojos y el temor a perder los ahorros de toda una vida invertidos en una casa o apartamento fueron el sello de esos aciagos años.

Sin embargo, en palabras del propio Restrepo, los trastornos registrados en 1999 y 2009 son "bien diferentes" (ver siguiente artículo). Hoy la deuda de vivienda no está en el centro del impacto social de la crisis. "Hace 10 años teníamos pocas familias fuertemente endeudadas en apartamentos y casas; hoy hay muchas más familias pero con deudas más pequeñas", afirma el economista Juan Carlos Echeverry. Que las casas embargadas no se conviertan otra vez en símbolo de la desaceleración, como está sucediendo en Estados Unidos, no implica que la economía colombiana esté blindada frente a severas consecuencias sociales.

Una de las más devastadoras es el desempleo. Las autoridades económicas no habían terminado de acusar el golpe de los primeros coletazos de la recesión mundial, cuando el creciente número de desocupados empezó a activar las alarmas. En los tres primeros meses de este año, la tasa de desempleo mensual ha subido en comparación con el mismo período de 2008. Los datos más recientes del DANE confirman que en marzo se sumaron 229.000 colombianos a las filas de los que no tienen trabajo. En total, el contingente de desocupados alcanza los 2.471.000.

La preocupación no es exclusiva de Colombia. La economía mundial se enfrenta a la peor crisis de empleo en décadas. En Estados Unidos se han perdido más de 4,4 millones de puestos de trabajo desde enero de 2008. China ha despedido cerca de 20 millones de trabajadores, mientras que la tasa de desempleo de España en 2010 podría alcanzar el 20 por ciento. Según la Organización Internacional del Trabajo, la recesión global será la responsable de unos 50 millones de desocupados adicionales durante este año.

Tanto las crisis como las bonanzas económicas generan sus íconos: los banqueros de Wall Street, los empresarios de Internet, los tigres asiáticos, los tecnócratas latinoamericanos, las casas perdidas y los ahorradores engañados. ¿Serán los desempleados los protagonistas de la crisis de 2009? ¿Las hojas de vida reemplazarán al Upac como futuro recordatorio de estos tiempos?

Visitante indeseado

Para los analistas,  las altas tasas de desempleo son un acompañante natural de la economía colombiana. Un vistazo a los indicadores latinoamericanos muestra que el país ostenta porcentajes mayores a naciones similares como Chile o Venezuela (ver gráfico). Ni siquiera durante la reciente época de vacas gordas la tasa de desocupación logró bajar del 10 por ciento. Independientemente del ciclo económico, el aparato productivo nacional no es capaz de crear un buen número de empleos de calidad, en especial para personas sin educación superior, y mantiene tasas de informalidad laboral cercanas al 50 por ciento. En otras palabras, el problema del empleo es  estructural, no coyuntural.

Así, aunque la actual crisis explique parte de los despidos, la destrucción del empleo asalariado y con poca calificación es un problema de fondo en Colombia. Tal es el caso de Carlos Lugo, conductor de 58 años, quien hace dos años no tiene trabajo fijo y ahora ni siquiera consigue los contratos temporales con los que garantizaba su supervivencia. "Fuera del bachillerato no tengo más estudios y eso también me ha perjudicado", afirma.

Para Hugo López, gerente del Banco de la República en Medellín, el reciente crecimiento del desempleo se explica en buena medida por una mayor tasa de participación. Tras los despidos y ajustes de personal que vivieron algunos sectores de la economía en 2008, y que significaron la destrucción de cerca de medio millón de empleos formales, las  agobiadas familias empezaron a tomar dolorosas decisiones: sacar a las mujeres del hogar y a los jóvenes del estudio para buscar trabajo. 

Estos "trabajadores adicionales" no solo terminan en una proporción considerable en la informalidad y reducen así su inversión en capital humano, sino que también producen el efecto estadístico de aumentar el desempleo. Esta situación la ilustra Julieth Herrera, de 20 años y con dos semestres de Derecho: "Vivo con mis papás y mi hermano y últimamente no nos alcanza el dinero para cubrir los gastos de la casa".  En un dilema similar está Milton Álvarez, 21 años: "En mi casa  soy el hijo mayor y debo ayudar con el mercado y el arriendo".

Una disparada en el número de personas  buscando trabajo es un fenómeno social  que toma tiempo en disiparse. Esto quiere decir que es muy probable que el desempleo siga subiendo. "Es un visitante indeseado que vino para quedarse", sentencia López. 

Sesgo antiempleo

A la dificultad de mantener empleos de calidad para los menos educados se suman decisiones de política pública que incentivan la informalidad y elevan los costos de crear puestos de trabajo. Es lo que Alejandro Gaviria, decano de Economía de la Universidad de Los Andes, llama el "sesgo antiempleo". Las contribuciones solidarias a la seguridad social, los altos costos laborales y los estímulos al capital por encima del trabajo atentan contra la generación de empleos formales.

Esta posición choca con la política de la administración Uribe, que sostiene que el empleo surgirá de la confianza inversionista y de los incentivos al emprendimiento de pequeñas y medianas empresas. Por esto, Gaviria afirma que en el Gobierno "no hay una política de empleo". Mensaje que comparten los dirigentes sindicales: "El gran error del Gobierno es que en sus planes de choque el gran damnificado es el trabajador", dice Julio Roberto Gómez, presidente de la Confederación General del Trabajo.

Más que disparar la desocupación, la crisis global del 2009 ha hecho más evidente el problema estructural del empleo en el país. Los pronósticos son reservados. A juicio de Ricardo Bonilla, director del Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID) de la Universidad Nacional, "la tasa de desempleo estaría finalizando este año entre el 15 y 16 por ciento, es decir 3,5 millones". De estos millones de desempleados, la mayoría pertenece al 20 por ciento más pobre de la población, sin capacitación ni redes de contactos para conseguir un nuevo trabajo.

En conclusión, las crisis de 1999 y 2009 comparten una misma víctima: los jefes de hogar con bachillerato que perdieron un empleo asalariado, que hoy van camino a la informalidad y cuyos familiares salen a buscar trabajo. Aunque sin el impacto político y mediático de los deudores hipotecarios, el drama de estos desempleados desborda los análisis. Lo resume Malca Pineda, de 25 años, "Desde hace un año no tengo trabajo: si desayuno, no almuerzo y si almuerzo, no desayuno".

MARY OSPINA, 23 años, bachillerato

" Fui administradora de un punto de ventas hace tres meses. Estoy esperando obtener un empleo que se acomode a mis horarios para estudiar. Soy madre de una niña de 3 años y aunque afortunadamente cuento con el apoyo del padre de mi hija, estamos en la ruina. He mandado muchas hojas de vida por Internet pero no he logrado nada. La verdad es que los empleadores abusan de los que necesitamos un empleo y hacen malas ofertas, como seguir trabajando pero con menos salario. Y hay empresas que no pagan la liquidación. Veo el futuro muy negro. Ahora con el cuento de la crisis le dicen a uno que eso o nada. Gasta uno más plata en hacer las vueltas para trabajar.

MALCA PINEDA, 25 años, radióloga

"Fui asesora de ventas en Colombia Móvil hace un año y desde entonces no he conseguido trabajo. Soy madre soltera de una niña de 6 años, vivo con una tía y dos amigas. He mandado cerca de 50 hojas de vida por Internet y personalmente 11 o 12. El problema es que en todos los trabajos que me han ofrecido pagan muy poco.  Como si fuera poco, las bolsas de empleo juegan con mi tiempo y mi dinero pues ahora hasta los exámenes y las capacitaciones debo pagarlas. Nuestra vida es dura: si desayuno, no almuerzo y si almuerzo, no desayuno".

MILTON ÁLVAREZ, 21 años, técnico.

"Trabajé por última vez hace un par de meses en un almacén de electrodomésticos, en telemercadeo y ventas. He enviado cerca de 20 hojas de vida por Internet y en todas las empresas piden mucha experiencia pero uno no la adquiere si no le dan oportunidad. Y lo peor es que algunas empresas contratan a los trabajadores solo por un mes de prueba y ese mes no lo pagan, simplemente los despiden. En mi casa vivimos siete personas, yo soy el hijo mayor y debo ayudar con el mercado y el pago del  arriendo. Esto está muy grave.

MIRYAM BARRIOS, 44 años, contadora

"Tengo una especialización en Revisoría Fiscal y Contraloría. Trabajé 17 años en la Administración Postal pero debido a la reestructuración me despidieron. He tenido trabajos temporales por tres meses o menos pero este año no he conseguido trabajo. Es muy difícil conseguirlo si uno no tiene palanca.  Me presenté a las convocatorias de la Contraloría pero me dijeron que me faltaba experiencia, y también al DAS. La situación esta muy difícil pues en las empresas solo quieren contratar gente menor de 35 años, eso sí con experiencia. Tengo dos hijas y mi esposo, abogado de 61 años, tampoco tiene trabajo".

CARLOS A. BARRERA, 25 años, mensajero

"Me despidieron hace 15 días y desde entonces no he hecho más que buscar empleo. Necesito el trabajo porque sostengo mi familia. Necesito un sueldo mínimo de 800.000 para cubrir todos los gastos. Incluso he mandado hojas de vida por Internet pero creo que estoy perdiendo el tiempo porque no responden. La situación esta muy difícil, tenemos que limitar los gastos, ahora solo podemos comprar lo básico de la alimentación". 

JULIETH HERRERA, 20 años, vendedora

"Trabaje por última vez el año pasado en un call center y en un punto de Tu Boleta. Vivo con mis papás y mi hermano pero no nos alcanza el dinero para cubrir los gastos. He enviado más de 30 hojas de vida pero nada. Por lo general, los que trabajamos en ventas queremos llegar al área administrativa pero es muy difícil lograrlo. Estoy tan desesperada por conseguir trabajo, que ayer se me durmió la mitad de la cara debido al estrés".  

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