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Para Hugo López, gerente del Banco de la República en Medellín, el reciente crecimiento del desempleo se explica en buena medida por una mayor tasa de participación. Tras los despidos y ajustes de personal que vivieron algunos sectores de la economía en 2008, y que significaron la destrucción de cerca de medio millón de empleos formales, las agobiadas familias empezaron a tomar dolorosas decisiones: sacar a las mujeres del hogar y a los jóvenes del estudio para buscar trabajo.
Estos "trabajadores adicionales" no solo terminan en una proporción considerable en la informalidad y reducen así su inversión en capital humano, sino que también producen el efecto estadístico de aumentar el desempleo. Esta situación la ilustra Julieth Herrera, de 20 años y con dos semestres de Derecho: "Vivo con mis papás y mi hermano y últimamente no nos alcanza el dinero para cubrir los gastos de la casa". En un dilema similar está Milton Álvarez, 21 años: "En mi casa soy el hijo mayor y debo ayudar con el mercado y el arriendo".
Una disparada en el número de personas buscando trabajo es un fenómeno social que toma tiempo en disiparse. Esto quiere decir que es muy probable que el desempleo siga subiendo. "Es un visitante indeseado que vino para quedarse", sentencia López.
Sesgo antiempleo
A la dificultad de mantener empleos de calidad para los menos educados se suman decisiones de política pública que incentivan la informalidad y elevan los costos de crear puestos de trabajo. Es lo que Alejandro Gaviria, decano de Economía de la Universidad de Los Andes, llama el "sesgo antiempleo". Las contribuciones solidarias a la seguridad social, los altos costos laborales y los estímulos al capital por encima del trabajo atentan contra la generación de empleos formales.
Esta posición choca con la política de la administración Uribe, que sostiene que el empleo surgirá de la confianza inversionista y de los incentivos al emprendimiento de pequeñas y medianas empresas. Por esto, Gaviria afirma que en el Gobierno "no hay una política de empleo". Mensaje que comparten los dirigentes sindicales: "El gran error del Gobierno es que en sus planes de choque el gran damnificado es el trabajador", dice Julio Roberto Gómez, presidente de la Confederación General del Trabajo.
Más que disparar la desocupación, la crisis global del 2009 ha hecho más evidente el problema estructural del empleo en el país. Los pronósticos son reservados. A juicio de Ricardo Bonilla, director del Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID) de la Universidad Nacional, "la tasa de desempleo estaría finalizando este año entre el 15 y 16 por ciento, es decir 3,5 millones". De estos millones de desempleados, la mayoría pertenece al 20 por ciento más pobre de la población, sin capacitación ni redes de contactos para conseguir un nuevo trabajo.
En conclusión, las crisis de 1999 y 2009 comparten una misma víctima: los jefes de hogar con bachillerato que perdieron un empleo asalariado, que hoy van camino a la informalidad y cuyos familiares salen a buscar trabajo. Aunque sin el impacto político y mediático de los deudores hipotecarios, el drama de estos desempleados desborda los análisis. Lo resume Malca Pineda, de 25 años, "Desde hace un año no tengo trabajo: si desayuno, no almuerzo y si almuerzo, no desayuno".
MARY OSPINA, 23 años, bachillerato
" Fui administradora de un punto de ventas hace tres meses. Estoy esperando obtener un empleo que se acomode a mis horarios para estudiar. Soy madre de una niña de 3 años y aunque afortunadamente cuento con el apoyo del padre de mi hija, estamos en la ruina. He mandado muchas hojas de vida por Internet pero no he logrado nada. La verdad es que los empleadores abusan de los que necesitamos un empleo y hacen malas ofertas, como seguir trabajando pero con menos salario. Y hay empresas que no pagan la liquidación. Veo el futuro muy negro. Ahora con el cuento de la crisis le dicen a uno que eso o nada. Gasta uno más plata en hacer las vueltas para trabajar.
MALCA PINEDA, 25 años, radióloga
"Fui asesora de ventas en Colombia Móvil hace un año y desde entonces no he conseguido trabajo. Soy madre soltera de una niña de 6 años, vivo con una tía y dos amigas. He mandado cerca de 50 hojas de vida por Internet y personalmente 11 o 12. El problema es que en todos los trabajos que me han ofrecido pagan muy poco. Como si fuera poco, las bolsas de empleo juegan con mi tiempo y mi dinero pues ahora hasta los exámenes y las capacitaciones debo pagarlas. Nuestra vida es dura: si desayuno, no almuerzo y si almuerzo, no desayuno".