¿Pandemia o paranoia?

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Este martes 28 en la mañana, Miguel Augusto Marín, periodista de 56 años, del Líbano, Tolima, despertó con un fuerte dolor en el pecho. Horas después murió y los médicos que certificaron su deceso lo atribuyeron a un infarto. Sin embargo, reportaron que días antes Marín presentaba síntomas de gripa y que había recibido a unos amigos que habían estado en México. La información obligó al Equipo de Reacción Inmediata de la Secretaría de Salud departamental a viajar para recoger muestras y descartar la gripa porcina, como finalmente ocurrió.

El mismo martes, los tapabocas de las droguerías del aeropuerto El Dorado se agotaron y los agentes de la Policía Aduanera apostados en las puertas de la sala de llegadas internacionales notaron que los besos y los abrazos para los pasajeros recién desembarcados no eran tan efusivos como de costumbre. El pánico por la diseminación de la gripa había aterrizado en Colombia, pero tenía el terreno abonado desde la noche anterior, cuando el Ministerio de Protección declaró Desastre Nacional.

No había sido reportada ninguna muerte, ni había siquiera un caso confirmado, pero los vendedores de tapabocas hacían su agosto y especulaban con el precio gracias a una medida que, pese a su escandaloso nombre, no buscaba sembrar pánico sino permitir que el Ministerio pudiera disponer de 15.000 millones de pesos para hacerle frente a la epidemia.

Si bien es cierto que la gripa porcina detectada en México el 15 de abril va a llegar al país, como lo reconoció el ministro de Protección, Diego Palacio, ni esta cartera ni la Organización Panamericana de la Salud (OPS) saben cuál será su magnitud. "El riesgo es alto -dijo Palacio-.  Estamos actuando como si el virus ya estuviera presente".

De hecho, los modelos matemáticos no permiten pronósticos más halagadores. Pier Paolo Balladelli, representante de la OPS en el país, dice que de no tomarse las medidas pertinentes, en Colombia el número de afectados podría llegar a siete millones en ocho semanas. Pero aclara que solo uno de cada 20 afectados está en riesgo de desarrollar cuadros graves de la enfermedad.

La pregunta es si la red hospitalaria nacional está en capacidad de atender la gran demanda de pacientes que, asustados, se presentarán con síntomas de gripa pero que no necesariamente están infectados con el virus de la gripa porcina. De hecho, solo Bogotá  registró en los primeros días de la semana un 10 por ciento de aumento en la atención de urgencias, lo cual exponía a los pacientes a contraer alguna infección. Ante esa situación, el secretario de Salud del Distrito, Héctor Zambrano, pidió a ciudadanía cautela y cuidado para "no congestionar los hospitales con consultas por gripa".

Palacio, por su parte, destacó que la influenza porcina no siempre es letal y que el 90 por ciento de los casos es manejable en casa. Y advirtió: "Solo se debe acudir a urgencias cuando se presente un aumento súbito de fiebre -superior a 39 grados-, haya serios indicios de infección respiratoria aguda -dificultad para respirar, tos persistente, dolor en las vías respiratorias- y antecedentes de viaje o contacto con personas que han estado en México".

Las advertencias no son gratuitas. Hace tres años, un grupo de expertos internacionales reunidos en Bogotá para evaluar el alcance de una posible gripa aviar -entonces candidata a disparar una epidemia- predijo un colapso en la respuesta del sistema de salud por la capacidad de esparsión del virus. Según los especialistas, tres semanas después de presentarse la epidemia los servicios hospitalarios tendrían una demanda nueve veces superior a la habitual, cifra que crecería 12 veces en la quinta semana. Los cálculos se basaron en proyecciones hechas con base en algunas pandemias: la española, que en 1918 mató entre 20 y 40 millones de personas en el mundo, y dos en Asia, en 1957 y 1968, que cobraron la vida de dos millones.

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