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David Murcia Guzmán, acusado de lavar activos por medio de DMG y de sus filiales, y hoy preso en La Picota, montó en cólera cuando se vio interpretado en la telenovela Inversiones El ABC, que el Canal RCN lanzó al aire el pasado 24 de marzo. Su molestia se debió no solo a que, a su juicio, el personaje Armando Beltrán Calderón -encarnado por Jimmy Vásquez- proyecta de él una imagen ridícula y que los libretistas se burlan de "la familia DMG", sino a que el canal no hubiera negociado con él los derechos de una historia basada en el auge y caída de su empresa. "La novela de RCN ha robado parte de la historia original -dijo la semana pasada en un comunicado-. Claramente están siendo patrocinados por el Gobierno para confundir a la gente".
RCN, que con esta novela engancha cada noche a cerca de 1,9 millones de televidentes, se ampara en la manida y consabida muletilla según la cual "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia". Y si bien los libretistas han puesto su cuota de imaginación en algunos episodios, la realidad y la ficción no son pura coincidencia. De hecho, los realizadores buscaron tanto realismo, que prácticamente calcaron las imágenes de Murcia esposado cuando llegó a Bogotá el 20 de noviembre del año pasado, tras ser capturado en Panamá.
Esa escena, sumada a otras situaciones presentadas en forma minuciosa, dejan la sensación que la telenovela relata hechos verídicos. De ahí la polémica que ha desatado y los interrogantes que ha abierto entre los críticos: ¿La telenovela está convirtiéndose en la narración privilegiada de la historia colombiana? ¿Es la telenovela el formato idóneo para hacerlo? ¿Deben los libretistas ir más allá de la re-creación de hechos reales y hacer una interpretación de los mismos?
'Narcos' y 'prepagos'
Después de esos íconos del melodrama criollo que han sido Café (1994) y Betty, la fea (1999), las telenovelas y los seriados han encontrado una rica veta en la historia reciente, nutrida de narcotráfico y guerrilla, ansia de éxito y de dinero fácil. Los libretistas han optado por lo que llaman 'ficción basada en hechos reales', que no es otra cosa que meter aquí y allá uno que otro detalle de imaginación para ajustarse a lo de la "pura coincidencia" y sacarle el quite a eventuales problemas legales, o para llenar vacíos que dejan los documentos legales o periodísticos que les sirven de base.
Si bien la TV y los televidentes se habían aproximado al género en 1982 con La mala hierba -telenovela sobre la bonanza 'marimbera' basada en un libro de Juan Gossaín-, la moda se impuso en 2006 con Sin tetas no hay paraíso, del Canal Caracol, versión de la novela homónima que Gustavo Bolívar escribió a partir de la historia real de una joven de escasos recursos que, obsesionada por aumentarse el tamaño de sus senos -parte de la estética 'narco'-, acaba convertida en 'prepago' de narcotraficantes.
La polémica sobre los límites entre la ficción y la realidad estalló cuando un grupo de ciudadanos de Pereira cuestionaron la serie porque consideraban que generalizaba una imagen negativa de las mujeres de la ciudad, y protestaron por el daño irreparable que les habían hecho al convertir el término de 'pereirana' en sinónimo de prostituta y 'prepago'.
Más recientemente, la fuente de la polémica fue la serie El cartel, de Caracol. A grandes rasgos, era una adaptación del libro El cartel de los sapos, pero algunos detalles marcaban importantes diferencias: mientras los editores se cuidaron de exigirle al autor, Andrés López -un ex narcotraficante convicto-, que solo mencionara nombres reales y narrara hechos confirmados o atribuibles a fuentes fiables, la serie usó nombres ficticios y creó situaciones apenas conocidas de oídas y no necesariamente verificadas.
En resumen, la interpretación televisiva no fue una versión calcada del libro sino inspirada en él, y así fue advertido al comienzo de cada capítulo: "Los personajes y situaciones son ficticios". Sin embargo, algunos medios hicieron la tarea de mostrar quién era quién, qué personaje de la serie correspondía al real, y el resultado fue que El cartel se fijó en la memoria de los televidentes como la historia verdadera del narcotráfico en los años noventa en el Valle. De paso, López, interpretado por Manolo Cardona, aprovechó la oportunidad que tuvo como libretista para dar de sí una imagen positiva.