Abril 7 de 2009

Historia de telenovela

La manera como los libretistas abordan el narcotráfico, las 'prepago' y las 'pirámides' en los seriados y las telenovelas desata el debate ético e histórico entre los expertos.

David Murcia Guzmán, acusado de lavar activos por medio de DMG y de sus filiales, y hoy preso en La Picota, montó en cólera cuando se vio interpretado en la telenovela Inversiones El ABC, que el Canal RCN lanzó al aire el pasado 24 de marzo. Su molestia se debió no solo a que, a su juicio, el personaje Armando Beltrán Calderón -encarnado por Jimmy Vásquez- proyecta de él una imagen ridícula y que los libretistas se burlan de "la familia DMG", sino a que el canal no hubiera negociado con él los derechos de una historia basada en el auge y caída de su empresa. "La novela de RCN ha robado parte de la historia original -dijo la semana pasada en un comunicado-. Claramente están siendo patrocinados por el Gobierno para confundir a la gente".

RCN, que con esta novela engancha cada noche a cerca de 1,9 millones de televidentes, se ampara en la manida y consabida muletilla según la cual "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia". Y si bien los libretistas han puesto su cuota de imaginación en algunos episodios, la realidad y la ficción no son pura coincidencia. De hecho, los realizadores buscaron tanto realismo, que prácticamente calcaron las imágenes de Murcia esposado cuando llegó a Bogotá el 20 de noviembre del año pasado, tras ser capturado en Panamá.

Esa escena, sumada a otras situaciones presentadas en forma minuciosa, dejan la sensación que la telenovela relata hechos verídicos. De ahí la polémica que ha desatado y los interrogantes que ha abierto entre los críticos: ¿La telenovela está convirtiéndose en la narración privilegiada de la historia colombiana? ¿Es la telenovela el formato idóneo para hacerlo? ¿Deben los libretistas ir más allá de la re-creación de hechos reales y hacer una interpretación de los mismos?

'Narcos' y 'prepagos'

Después de esos íconos del melodrama criollo que han sido Café (1994) y Betty, la fea (1999), las telenovelas y los seriados han encontrado una rica veta en la historia reciente, nutrida de narcotráfico y guerrilla, ansia de éxito y de dinero fácil. Los libretistas han optado por lo que llaman 'ficción basada en hechos reales', que no es otra cosa que meter aquí y allá uno que otro detalle de imaginación para ajustarse a lo de la "pura coincidencia" y sacarle el quite a eventuales problemas legales, o para llenar vacíos que dejan los documentos legales o periodísticos que les sirven de base.

Si bien la TV y los televidentes se habían aproximado al género en 1982 con La mala hierba -telenovela sobre la bonanza 'marimbera' basada en un libro de Juan Gossaín-, la moda se impuso en 2006 con Sin tetas no hay paraíso, del Canal Caracol, versión de la novela homónima que Gustavo Bolívar escribió a partir de la historia real de una joven de escasos recursos que, obsesionada por aumentarse el tamaño de sus senos -parte de la estética 'narco'-, acaba convertida en 'prepago' de narcotraficantes.

La polémica sobre los límites entre la ficción y la realidad estalló cuando un grupo de ciudadanos de Pereira cuestionaron la serie porque consideraban que generalizaba una imagen negativa de las mujeres de la ciudad, y protestaron por el daño irreparable que les habían hecho al convertir el término de 'pereirana' en sinónimo de prostituta y 'prepago'.

Más recientemente, la fuente de la polémica fue la serie El cartel, de Caracol. A grandes rasgos, era una adaptación del libro El cartel de los sapos, pero algunos detalles marcaban importantes diferencias: mientras los editores se cuidaron de exigirle al autor, Andrés López -un ex narcotraficante convicto-, que solo mencionara nombres reales y narrara hechos confirmados o atribuibles a fuentes fiables, la serie usó nombres ficticios y creó situaciones apenas conocidas de oídas y no necesariamente verificadas.

En resumen, la interpretación televisiva no fue una versión calcada del libro sino inspirada en él, y así fue advertido al comienzo de cada capítulo: "Los personajes y situaciones son ficticios". Sin embargo, algunos medios hicieron la tarea de mostrar quién era quién, qué personaje de la serie correspondía al real, y el resultado fue que El cartel se fijó en la memoria de los televidentes como la historia verdadera del narcotráfico en los años noventa en el Valle. De paso, López, interpretado por Manolo Cardona, aprovechó la oportunidad que tuvo como libretista para dar de sí una imagen positiva.

María Jimena Duzán, que retomó el tema en su columna de Semana a raíz de que López ganó el premio a 'Mejor libretista' en la reciente entrega de los premios India Catalina (28 de febrero), escribió: "Para un país que ha sufrido como ninguno el efecto demoledor del narcotráfico, resulta altamente preocupante que esa historia termine contada por los 'narcos' y no por historiadores, periodistas o libretistas", que hay muy buenos y que indagan e investigan.

Solo un miembro del jurado, el periodista experto en Ética, Javier Darío Restrepo, salvó su voto en una elección que favoreció con cinco estatuillas a la controvertida serie. Restrepo consideró que si bien esta enviaba el mensaje de que el delito está lleno de traiciones y muertes, no todas las audiencias tienen las mismas defensas para asumir y recibir ideas, para diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal. "El delito resulta castigado solo al final de la serie, pero mientras tanto, noche tras noche lo que había era una cátedra dictada por un narcotraficante, además de las delicias de vengarse, de destruir al enemigo y de matar sin consecuencias", sostiene Restrepo.

Si bien es cierto que el caso de El cartel no es el mismo de Inversiones El ABC porque los libretistas de esta telenovela son profesionales y no ex convictos como López, la columnista Duzán dice que para evitar el destino fatal de que los victimarios sean los que cuenten la historia reciente "habría que hacer varios ajustes en nuestros resortes éticos como sociedad".

Mientras tanto, el exitoso modelo se propaga. En la actualidad, RCN tiene en el aire Regreso a la guaca -continuación de la historia de la película Soñar no cuesta nada (2006) sobre los soldados que en 2003 se apropiaron de una caleta de millones de dólares de las Farc-, y además está grabando Las prepago -basada en el polémico libro escrito por 'Madame Rochy'- y El capo, la historia de un personaje que, de alguna manera, intenta resumir en una las vidas de los grandes narcotraficantes criollos. Por su parte, Caracol prepara las telenovelas Las fantásticas, sobre las mujeres de los capos, y De eso tan bueno no dan tanto, inspirada en el derrumbe de las 'pirámides'.

El debate

La proliferación de series y telenovelas que se apartan del tradicional esquema del culebrón, y aun de telenovelas como Betty, la fea, producto de una inteligente reingeniería del género, despierta preocupación en algunos sectores. Muchos se preguntan por qué tanto alboroto alrededor de seriados y telenovelas que se ocupan de la cruda realidad nacional. "No considero que deba haber temas tabú -dice César Augusto Betancur, libretista de la serie De eso tan bueno no dan tanto. La televisión es también un espejo para reconocernos, y los de interés general no tienen por qué ser exclusividad de la prensa y de los analistas".

La discusión no es nueva y debe comenzar por la reconocida capacidad de penetración de la televisión, el carácter predominante de entretenimiento que tienen las telenovelas y seriados y, en consecuencia, sus limitaciones para transmitir mensajes complejos. Y si en la telenovela prima lo emocional sobre lo racional, y la agilidad y la levedad sobre la profundidad y la reflexión, no es gratuita la preocupación de quienes piensan que, en aras del entretenimiento, acabe por proyectarse una imagen distorsionada de la Historia.

"El esquema de las telenovelas y los seriados de moda es tramposo y ambiguo, pues no solo distorsionan la realidad sino que lo hacen por conveniencias comerciales -asegura Javier Darío Restrepo-. Además, el fenómeno oculta un desprecio por el televidente, que consume todo lo que le dan y no tiene derecho a defenderse ni cuenta con alguien que lo haga por él por temor a ser tildado de moralista y retardatario".

En similar sentido se pronuncia el periodista Juan Gossaín, cuya novela La mala hierba fue tal vez la primera que recogió hechos frescos y los adaptó a la televisión. "Los libretistas deberían jugarle limpio al televidente -dice-. Las nuevas telenovelas sobre hechos reales no tienen nada de ficción, se limitan a describir la realidad como lo haría una secretaria o un noticiero".

La analista de medios Camila González coincide con estos puntos de vista. "Resulta indelicado e incluso poco ético producir series sobre asuntos en caliente, como las 'pirámides' -asegura-. Y aunque en cine y televisión han producido buenos programas basados en la realidad, por lo general han esperado a que el tema esté decantado para poder ver con nitidez los hechos". Y con respecto a la advertencia que hacen en los programas sobre el parecido con la realidad como pura coincidencia, dice que es un recurso facilista que deja dudas y confunde sobre todo a los espectadores menos educados.

De todas maneras hay defensores de las series y telenovelas sobre realidades frescas. Dicen que un país donde el documental es un género escaso y son bajos los niveles de lectura, esos programas terminan por cumplir la doble función de entretener e informar, y permiten que la sociedad se vea, reflexione y evite repetir episodios oscuros del pasado. "La telenovela o el seriado son los mejores vehículos para demostrar que la mentalidad mafiosa y machista del país no viene de la nada -asegura Luis Alberto Restrepo, director de las series Sin tetas no hay paraíso y El cartel-. Las dos novelas ayudan a que la gente sienta asco y vergüenza por esas actitudes, y condene a las instituciones y personas que las promueven".

Para apoyar estos argumentos cuenta que cuando estaban transmitiendo Sin tetas no hay paraíso, una profesora de Armenia lo abordó luego de una charla y le contó que había indagado por el impacto de la serie en las niñas y que, contrario a lo que creía, el programa, lejos de incentivarlas a la cirugía plástica, les había dado argumentos para no hacerlo. Pero reconoce que otro seguidor del seriado le contó que su hijo jugaba a los mafiosos inspirado en la serie.

Germán Yances, director de la especialización en Televisión de la Universidad Javeriana, afirma que aunque cabe el debate sobre si el formato es o no adecuado para abordar temas calientes de la realidad reciente por la posibilidad de distorsionarla, las licencias que da la ficción permiten ayudar a llenar grandes vacíos en forma verosímil. "Recrear hechos no comprobados no traiciona la esencia de los fenómenos sociales -sostiene Yances-. A veces ayuda, incluso, a que el país pueda acercarse en forma más real a un fenómeno que veía en las noticias en forma fragmentada".

Los libretistas sostienen que no pretenden suplantar a los periodistas o a los historiadores y que el género telenovela los libra del compromiso con la verdad. En este sentido, el director de teatro Carlos José Reyes, creador de la serie Revivamos nuestra historia (1980-1987), dice que "la ficción hace analogías de la realidad pero no le pide pruebas" y agrega que así como al libretista no le pueden pedir que haga historia, tampoco pueden juzgarlo por eso. "Lo que importa es que el hecho narrado tenga verosimilitud", remata.

El crítico de televisión Ómar Rincón insiste, por su parte, en que la historia necesita múltiples versiones, que todas son válidas y que no tienen por qué ceñirse a la oficial. "La ficción es fiel a los deseos de la sociedad y no a la realidad -afirma-. Si en Colombia creemos que un par de tetas y la plata fácil es la vida, pues en la 'tele' también. La ficción tiene la moral del televidente".

No obstante, Javier Darío Restrepo insiste en que los que hacen televisión no pueden perder de vista que trabajan con el rey de los géneros televisivos y que la televisión es un servicio público entregado en concesión a los privados. "La televisión maneja un bien público que es la información", dice Restrepo.

El debate está abierto.

REGRESO A LA GUACA
RCN, 2009

Es la continuación d e la película Soñar no cuesta nada, dirigda por Rodrigo Triana y proyectada en 2006, sobre los soldados del Ejército condenados por haberse apropiado, en mayo de 2003, de millones de dólares de las Farc. La telenovela parte de la historia real, pero todos los personajes de la trama son ficticios, así como el relato de cómo regresan a la selva en busca de otra caleta.

INVERSIONES EL ABC
RCN, 2009

Basada en la historia de David Murcia Guzmán y su empresa DMG, muestra cómo un hombre humilde pero ingenioso y emprendedor monta una captadora ilegal de dinero. El medio familiar del protagonista es ficticio.

LA MALA HIERBA
Caracol, 1982

Basada en la novela homónima de Juan Gossaín, narra la historia de cobros de sangre entre familias de La Guajira y de cómo la humilde familia del 'cacique Miranda' cambia de estilo de vida debido al boom de la marihuana en la región en los años setenta. La idea surgió de una serie de reportajes realizados para El Heraldo.

Juan Gossaín
periodista, autor de 'La mala hierba'.
"Los libretistas deberían jugarle limpio al televidente. Las nuevas telenovelas sobre hechos reales no tienen nada de ficción. Se limitan a describir la realidad como lo haría una secretaria o un noticiero. Deberían llamar documentales a esos productos y no telenovelas. Falta mucha ética en ese sentido. No se puede vender como noticia lo que es imaginación de un escritor y no se puede vender como fantasía algo que es real. Hay que llamar las cosas por su nombre y advertirle claramente al televidente que si se trata de una realidad absoluta se llama documental, y que si es un algo fantasioso es telenovela".

EL CARTEL DE LOS SAPOS
Caracol, 2008

Basada en el libro El cartel de los sapos, del ex narcotraficante convicto Andrés López, revela la historia del cartel de Cali en los años noventa desde la perspectiva del autor. Fue criticada por ridiculizar al Estado y glorificar a capos que terminaron asesinados o extraditados.

SIN TETAS NO HAY PARAÍSO
Caracol, 2006

Basada en la novela homónima de Gustavo Bolívar, es la historia de una joven que, para ajustarse a la estética de la cultura narcotraficante, se hace una cirugía para agrandar los senos, se convierte en 'prepago' y logra acceder al ostentoso mundo de los 'narcos'. La novela se basa en un historia verdadera.

Gustavo Bolívar,
autor de 'Sin tetas no hay paraíso'.
"Si bien la ficción nos permite licencias, no podemos confundir a la gente diciendo que no tiene nada que ver con la realidad, pues es precisamente por eso que la gente la ve. No me cuadran las cosas, debería haber unas reglas más claras del juego porque en el caso de la telenovela sobre Murcia y DMG me suena a sensacionalismo, y ni siquiera hay un fallo judicial".

Carlos José Reyes
director de teatro, autor de la serie 'Revivamos nuestra historia'.
"No hay que confundir dramatizado histórico con uno de ficción. La ficción hace analogías de la realidad pero no le pide pruebas. No puede pedírsele a un libretista que haga historia y no puede juzgárselo por ello. Lo que importa es que el hecho narrado tenga verosimilitud. La buena dramaturgia promueve la discusión sobre lo que está contando".

Ómar Rincón,
crítico de televisión.
"La historia necesita de múltiples versiones, todas son válidas y no tienen por qué ceñirse a la oficial. La ficción es fiel a los deseos de la sociedad y no a la realidad. Si en Colombia consideramos que todo vale, pues en la 'tele' también; si en Colombia creemos que un par de tetas y la plata fácil es la vida, pues en la tele también. La ficción tiene la moral del televidente. En un país donde todos mienten, los políticos son cínicos y todo vale, ¿por qué los libretistas deben educar?".

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