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La analista de medios Camila González coincide con estos puntos de vista. "Resulta indelicado e incluso poco ético producir series sobre asuntos en caliente, como las 'pirámides' -asegura-. Y aunque en cine y televisión han producido buenos programas basados en la realidad, por lo general han esperado a que el tema esté decantado para poder ver con nitidez los hechos". Y con respecto a la advertencia que hacen en los programas sobre el parecido con la realidad como pura coincidencia, dice que es un recurso facilista que deja dudas y confunde sobre todo a los espectadores menos educados.
De todas maneras hay defensores de las series y telenovelas sobre realidades frescas. Dicen que un país donde el documental es un género escaso y son bajos los niveles de lectura, esos programas terminan por cumplir la doble función de entretener e informar, y permiten que la sociedad se vea, reflexione y evite repetir episodios oscuros del pasado. "La telenovela o el seriado son los mejores vehículos para demostrar que la mentalidad mafiosa y machista del país no viene de la nada -asegura Luis Alberto Restrepo, director de las series Sin tetas no hay paraíso y El cartel-. Las dos novelas ayudan a que la gente sienta asco y vergüenza por esas actitudes, y condene a las instituciones y personas que las promueven".
Para apoyar estos argumentos cuenta que cuando estaban transmitiendo Sin tetas no hay paraíso, una profesora de Armenia lo abordó luego de una charla y le contó que había indagado por el impacto de la serie en las niñas y que, contrario a lo que creía, el programa, lejos de incentivarlas a la cirugía plástica, les había dado argumentos para no hacerlo. Pero reconoce que otro seguidor del seriado le contó que su hijo jugaba a los mafiosos inspirado en la serie.
Germán Yances, director de la especialización en Televisión de la Universidad Javeriana, afirma que aunque cabe el debate sobre si el formato es o no adecuado para abordar temas calientes de la realidad reciente por la posibilidad de distorsionarla, las licencias que da la ficción permiten ayudar a llenar grandes vacíos en forma verosímil. "Recrear hechos no comprobados no traiciona la esencia de los fenómenos sociales -sostiene Yances-. A veces ayuda, incluso, a que el país pueda acercarse en forma más real a un fenómeno que veía en las noticias en forma fragmentada".
Los libretistas sostienen que no pretenden suplantar a los periodistas o a los historiadores y que el género telenovela los libra del compromiso con la verdad. En este sentido, el director de teatro Carlos José Reyes, creador de la serie Revivamos nuestra historia (1980-1987), dice que "la ficción hace analogías de la realidad pero no le pide pruebas" y agrega que así como al libretista no le pueden pedir que haga historia, tampoco pueden juzgarlo por eso. "Lo que importa es que el hecho narrado tenga verosimilitud", remata.
El crítico de televisión Ómar Rincón insiste, por su parte, en que la historia necesita múltiples versiones, que todas son válidas y que no tienen por qué ceñirse a la oficial. "La ficción es fiel a los deseos de la sociedad y no a la realidad -afirma-. Si en Colombia creemos que un par de tetas y la plata fácil es la vida, pues en la 'tele' también. La ficción tiene la moral del televidente".
No obstante, Javier Darío Restrepo insiste en que los que hacen televisión no pueden perder de vista que trabajan con el rey de los géneros televisivos y que la televisión es un servicio público entregado en concesión a los privados. "La televisión maneja un bien público que es la información", dice Restrepo.
El debate está abierto.
REGRESO A LA GUACA
RCN, 2009
Es la continuación d e la película Soñar no cuesta nada, dirigda por Rodrigo Triana y proyectada en 2006, sobre los soldados del Ejército condenados por haberse apropiado, en mayo de 2003, de millones de dólares de las Farc. La telenovela parte de la historia real, pero todos los personajes de la trama son ficticios, así como el relato de cómo regresan a la selva en busca de otra caleta.