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Los resultados de la convención de Cambio Radical son elocuentes sobre el giro que ha dado la política en el arranque de 2009. Contrario a lo que pasa con su primo hermano, el Partido de la U, el partido que lidera Germán Vargas Lleras siempre había sido reconocido por su disciplina y unidad, y por la férrea autoridad que ejercía el jefe sin cuyo consentimiento las opiniones divergentes siempre se manejaban en privado y, sobre todo, en voz baja.
Sin embargo, los encuentros del fin de semana pasado en Cartagena y Barranquilla, mostraron una situación del Partido totalmente diferente. Desde días antes salieron a flote duras pugnas internas, amenazas de ausencia y conatos de rebelión. Cambio Radical acabó pareciéndose mucho a La U. La imagen que dejaron las deliberaciones fue la de un jefe que no manda y de un partido cuya unidad no está asegurada.
El factor de la discordia fue la posición frente a la segunda reelección inmediata del presidente Álvaro Uribe y, más concretamente, sobre la forma en que la bancada del Senado votará el referendo que modificaría la Constitución para permitirla. El año pasado, Vargas Lleras se opuso con el hábil argumento de apoyar la versión original, la que fue presentada a los cuatro millones de firmantes, que puede interpretarse como que una nueva candidatura de Uribe solo podría ser viable en 2014. Así, Vargas Lleras podría aspirar en 2010 y no aparecía como un opositor del Presidente.
Pero esa táctica se le agotó. El conflicto latente entre la segunda reelección y la candidatura de Vargas Lleras salió a flote, y su bancada se inclinó en forma mayoritaria por el Presidente. A Vargas Lleras no le quedó más remedio que resignarse a fijar como directiva del Partido "que cada cual vote como quiera". Y esto, en plata blanca, significa que Cambio Radical modificó su posición del año pasado, que casi entierra el referendo, y pasó a apoyarlo.
Pero, además, el trámite legislativo de la iniciativa, que estuvo tan enredado a finales del año pasado, quedó despejado. Con el voto de los senadores de Cambio Radical, el referendo será fácilmente aprobado, incluso con la modificación del texto que dejaría definitivamente en claro que Uribe puede ser candidato en 2010: en la Comisión Primera ya hay 13 votos a favor de los 19 posibles -solo se opondrían los cuatro senadores liberales y los dos del Polo Democrático-, y en la plenaria las mayorías gobiernistas son aún mayores. Además, se da por hecho que el Gobierno convocaría la consulta a finales de este año, para que los votantes definan si se modifica o no la Constitución para permitir la segunda reelección inmediata del Presidente.
El senador liberal Héctor Elí Rojas describe el nuevo panorama en forma elocuente: "Sentimos que la reelección está al otro lado y que la coalición uribista nos va a triturar por el descaro con que el Gobierno está participando en política y amedrentando o premiando con puestos al que se le atraviesa, como acaba de hacer con Cambio Radical, pues liquidó a Germán Vargas Lleras".
Como era de esperarse, en las toldas oficialistas reina el optimismo. "La reelección de Uribe lo que tiene es futuro -sostiene el representante de La U Nicolás Uribe-. Si estaba en segunda, ahora el cambio pasó a tercera y nada amenaza con detenerla porque el país la quiere y la clase política así lo entiende".
Camino despejado
En los últimos meses, al presidente Uribe se le han enderezado muchas cosas. En diciembre, las encuestas registraban un leve deterioro de su imagen, deterioro que algunos analistas interpretaron como el inicio de una tendencia al desgaste.
El decreto para convocar a sesiones extras al Congreso, expedido en el último minuto para salvar el referendo reeleccionista, fue muy criticado por algunos sectores. El escándalo DMG puso al Gobierno a dar explicaciones por la tardanza en tomar las medidas para ponerle coto a la empresa de David Murcia y al mismo tiempo alborotó a los 'ahorradores' en su contra . A esto se sumó el desempleo creciente -ya llegó al 14 por ciento- y la desaceleración económica, que dispararon el pesimismo de la opinión pública frente al futuro. Además, empezaron a proliferar candidaturas no solo en la oposición sino en las propias filas uribistas, que consolidaron la idea de un proceso electoral abierto y de múltiples aspirantes.