Marzo 18 de 2009

Apuesta riesgosa

Álvaro Uribe logró cambiar la suerte de la reelección que a finales del año pasado parecía muerta. Cómo lo hizo y qué costo tendrá.

Los resultados de la convención de Cambio Radical son elocuentes sobre el giro que ha dado la política en el arranque de 2009. Contrario a lo que pasa con su primo hermano, el Partido de la U, el partido que lidera Germán Vargas Lleras siempre había sido reconocido por su disciplina y unidad, y por la férrea autoridad que ejercía el jefe sin cuyo consentimiento las opiniones divergentes siempre se manejaban en privado y, sobre todo, en voz baja.

Sin embargo, los encuentros del fin de semana pasado en Cartagena y Barranquilla, mostraron una situación del Partido totalmente diferente. Desde días antes salieron a flote duras pugnas internas, amenazas de ausencia y conatos de rebelión. Cambio Radical acabó pareciéndose mucho a La U. La imagen que dejaron las deliberaciones fue la de un jefe que no manda y de un partido cuya unidad no está asegurada.

El factor de la discordia fue la posición frente a la segunda reelección inmediata del presidente Álvaro Uribe y, más concretamente, sobre la forma en que la bancada del Senado votará el referendo que modificaría la Constitución para permitirla. El año pasado, Vargas Lleras se opuso con el hábil argumento de apoyar la versión original, la que fue presentada a los cuatro millones de firmantes, que puede interpretarse como que una nueva candidatura de Uribe solo podría ser viable en 2014. Así, Vargas Lleras podría aspirar en 2010 y no aparecía como un opositor del Presidente.

Pero esa táctica se le agotó. El conflicto latente entre la segunda reelección y la candidatura de Vargas Lleras salió a flote, y su bancada se inclinó en forma mayoritaria por el Presidente. A Vargas Lleras no le quedó más remedio que resignarse a fijar como directiva del Partido "que cada cual vote como quiera". Y esto, en plata blanca, significa que Cambio Radical modificó su posición del año pasado, que casi entierra el referendo, y pasó a apoyarlo.

Pero, además, el trámite legislativo de la iniciativa, que estuvo tan enredado a finales del año pasado, quedó despejado. Con el voto de los senadores de Cambio Radical, el referendo será fácilmente aprobado, incluso con la modificación del texto que dejaría definitivamente en claro que Uribe puede ser candidato en 2010: en la Comisión Primera ya hay 13 votos a favor de los 19 posibles -solo se opondrían los cuatro senadores liberales y los dos del Polo Democrático-, y en la plenaria las mayorías gobiernistas son aún mayores. Además, se da por hecho que el Gobierno convocaría la consulta a finales de este año, para que los votantes definan si se modifica o no la Constitución para permitir la segunda reelección inmediata del Presidente.

El senador liberal Héctor Elí Rojas describe el nuevo panorama en forma elocuente: "Sentimos que la reelección está al otro lado y que la coalición uribista nos va a triturar por el descaro con que el Gobierno está participando en política y amedrentando o premiando con puestos al que se le atraviesa, como acaba de hacer con Cambio Radical, pues liquidó a Germán Vargas Lleras".

Como era de esperarse, en las toldas oficialistas reina el optimismo. "La reelección de Uribe lo que tiene es futuro -sostiene el representante de La U Nicolás Uribe-. Si estaba en segunda, ahora el cambio pasó a tercera y nada amenaza con detenerla porque el país la quiere y la clase política así lo entiende".

Camino despejado

En los últimos meses, al presidente Uribe se le han enderezado muchas cosas. En diciembre, las encuestas registraban un leve deterioro de su imagen, deterioro que algunos analistas interpretaron como el inicio de una tendencia al desgaste.

El decreto para convocar a sesiones extras al Congreso, expedido en el último minuto para salvar el referendo reeleccionista, fue muy criticado por algunos sectores. El escándalo DMG puso al Gobierno a dar explicaciones por la tardanza en tomar las medidas para ponerle coto a la empresa de David Murcia y al mismo tiempo alborotó a los 'ahorradores' en su contra . A esto se sumó el desempleo creciente -ya llegó al 14 por ciento- y la desaceleración económica, que dispararon el pesimismo de la opinión pública frente al futuro. Además, empezaron a proliferar candidaturas no solo en la oposición sino en las propias filas uribistas, que consolidaron la idea de un proceso electoral abierto y de múltiples aspirantes.

Con los últimos acontecimientos políticos, sin embargo, la opción de la reelección volvió a tomar fuerza. Las últimas encuestas indican que la imagen del Presidente no se vio afectada ni por el escándalo de DMG ni con la crisis económica, y que una mayoría amplia votaría favorablemente el referendo que permitiría su reelección.

El nuevo escenario es el resultado de una sofisticada estrategia política diseñada por el propio Presidente, cuya columna vertebral ha sido incrementar su influencia en los partidos de la coalición uribista. En Cambio Radical erosionó las bases parlamentarias; en el Partido Conservador hay tres ex ministros de Uribe compitiendo por la candidatura: Carlos Holguín Sardi, Fernando Araújo y Andrés Felipe Arias. Este último, que ha dicho sin ambages que si el Presidente es candidato le cargará la maleta y retirará su aspiración, está disparado en las encuestas. En el Partido de la U, el ex comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo fue acogido como jefe después de que el propio Uribe llamó a varios senadores para hacer campaña en su favor. La oficialización de su cargo se hará el sábado de la semana entrante en la asamblea nacional del Partido.

Lo cierto es que en los tres principales partidos uribistas hay cabezas -o mayorías en el caso de Cambio Radical- leales al Presidente. Y habría que agregar la tarea que adelanta el ex asesor José Obdulio Gaviria para agrupar a los otros pequeños partidos uribistas con miras a formar uno solo. La meta de Uribe es que sus huestes logren las mayorías en el Congreso en las elecciones de marzo de 2010, dos meses antes de las presidenciales. En la eventualidad de una nueva reelección, es probable que algunos 'alfiles' del Presidente que en los últimos tiempos saltaron de la Casa de Nariño a la arena política -entre ellos el ex ministro del medio Ambiente Juan Lozano, que encabezará la lista de Cambio Radical- lleguen al Congreso para fortalecer el equipo y el liderazgo del uribismo.

Divide y reinarás

Las estratégicas movidas del Presidente han llegado incluso a los terrenos de la oposición. El ex senador liberal Rodrigo Rivera, ex precandidato presidencial, ahora milita en las filas de la seguridad democrática y su eventual presencia en la consulta roja, e incluso su probable ausencia, son temas que alteran la tranquilidad del proceso previsto por el jefe del Partido, César Gaviria, para definir los candidatos para las elecciones parlamentarias y presidenciales de 2010. Y en el Polo Democrático, dividido y mal parado después del II Congreso Nacional, también se han presentado deserciones hacia el Gobierno, como la de Angelino Garzón, recién nombrado embajador ante las Naciones Unidas en Ginebra. En el Polo hay opiniones según las cuales la obsesión de hacerle oposición a Uribe le ha impedido al Partido definir un rumbo propio, cierto y competitivo.

El presidente Uribe ha consolidado su control sobre la política. La reelección tiene ahora más posibilidades y, en caso de enredarse, los candidatos que simpatizan con el Gobierno les llevan por ahora una enorme ventaja a los de la oposición. Esta realidad está empezando a estimular movimientos inspirados en el clásico pragmatismo de la clase política, que siempre se sube en el carro ganador. "El que no se suba a la tarima no queda en la foto", le dijo a CAMBIO un senador que en 2006 votó en contra de la primera reelección.

Los obstáculos

Si bien es cierto que el panorama parece despejado para Uribe, eso no significa que hayan desaparecido todos los obstáculos para la reforma constitucional que se necesita para hacer posible una nueva reelección. A pesar de las mayorías favorables, en el Congreso habrá un cuello de botella: mientras la versión de la Cámara se presta para la interpretación de que solo aplicaría en 2014, la del Senado aclarará que operaría en 2010, y por eso es necesaria una comisión de conciliación.

En esta instancia jugaría papel decisivo el presidente de la Cámara, Germán Varón, mano derecha de Vargas Lleras, y quien podría dilatar la conciliación si nombra en la comisión a personas que no estén de acuerdo con el referendo. Y aunque es una opción poco probable después de lo que pasó el fin de semana, de todos modos deja a Cambio Radical con el poder de actuar como fiel de la balanza.

Un segundo escollo estará en la Corte Constitucional, que deberá determinar si el trámite de la reforma cumple los requisitos previstos en la Carta. En el fallo que permitió la reelección en 2006, la Corte estableció que la reelección era por una sola vez, pero la conformación del alto tribunal ha cambiado desde entonces, algunos magistrados han sido elegidos con influencia del Gobierno, y, además, podría cambiar de jurisprudencia con el argumento de que el referendo para reformar la Constitución no es iniciativa del Congreso, sino de origen popular, del llamado constituyente primario, que es autónomo y omnipotente. Sin embargo, la discusión será ardua y de gran calado.

Un tercer obstáculo está en manos del Consejo Nacional Electoral, que investigó las cuentas del referendo y tendrá que pronunciarse sobre si sus promotores, encabezados por el ex embajador Luis Guillermo Giraldo, violaron las normas según las cuales las contribuciones no pueden superar los 3,3 millones de pesos por persona o empresa. Por lo que se sabe, las cuentas no cuadran y además los promotores se valieron de la Fundación Colombia Primero -seis de sus miembros eran del comité de nueve promotores- para recibir las grandes donaciones de contratistas del Estado, algunas por 150 millones de pesos, que luego aparecieron convertidas en un crédito, por más de 1.900 millones de pesos, otorgado al Comité. Giraldo y el grupo promotor argumentan que esas normas no aplican porque se refieren a la campaña propiamente dicha y esta se iniciará después de que sea convocado el referendo.

Pero aun si el Congreso aprueba el referendo, si el Consejo Electoral dictamina que no hubo fallas y la Corte Constitucional le da la bendición, el problema más difícil está en la votación misma. Una reforma constitucional de iniciativa popular debe llenar dos requisitos: la participación del 25 por ciento del censo electoral y la mayoría simple de los votantes. A juzgar por las encuestas, se daría por descontado que el segundo requisito se va a cumplir, pero el primero no parece tan fácil de llenar. Según el censo actual, que ronda los 29 millones de personas, se necesitaría una votación de 7,2 millones de votos.

En este sentido, congresistas, encuestadores y analistas consultados por CAMBIO consideran que se trata de un volumen de votantes difícil de movilizar en un día en que no habrá otras elecciones y que, además, es previsible la abstención activa de los partidos de oposición, el Polo Democrático y el Partido Liberal. La pregunta es si la atracción de Uribe en las bases y la acción de los partidos que lo acompañan bastarían para sacar a la calle a un número tan alto de votantes.

Apuesta arriesgada

Está por verse, finalmente, la capacidad de los que se oponen a la reelección para frenar la iniciativa. La nueva candidatura de Uribe goza de simpatías entre la clase media, pero tanto la comunidad internacional como amplios sectores del establecimiento la ven con reservas y preocupación. Consideran que la ola reeleccionista en América Latina -Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua...- es nociva para la democracia y que Colombia, reconocida por la fortaleza de sus instituciones, entraría al poco respetable club de los gobiernos caudillistas. Hay informes en el sentido de que el presidente Barack Obama -en su discurso de posesión cuestionó a quienes se aferran al poder- ha hecho saber a esos países su incomodidad.

Una nueva reelección sería una jugada riesgosa. El precio institucional puede ser muy alto porque frenaría el incipiente proceso de consolidación de los partidos, frenaría el surgimiento de nuevas figuras y alteraría en materia grave el sistema de contrapesos indispensables en una democracia. El saludable escenario de varios partidos con mecanismos internos de selección de candidatos y la construcción de coaliciones para llegar a una segunda vuelta con un representante del uribismo y otro de la oposición se ha debilitado, pero no está descartado.

La viabilidad de una nueva reelección se ha fortalecido, pero en estos tiempos la política es tan cambiante como las bolsas de valores del mundo. Por ahora, más que la reelección misma, lo que se ha despejado es el trámite del referendo en el Congreso. Es un primer paso pero le quedan asuntos pendientes a ese mago de la política que es Álvaro Uribe. Un gran jugador al que le interesa mucho más la victoria que los daños que, en su búsqueda, pueda causarle a las instituciones democráticas.

PRIMERA BAJA

El caldeado ambiente político que vive el país por cuenta de la reelección presidencial se calentó este miércoles con la renuncia de Martha Lucía Ramírez a su curul en el Senado y al Partido de la U. La precandidata presidencial se marginó de ese partido por considerar que no tiene garantías para competir por la candidatura presidencial frente al ministro de Defensa Juan Manuel Santos, quien en mayo próximo tiene previsto renunciar a su cartera para meterse de lleno a la campaña.

"No veo condiciones dentro de La U para seguir buscando una candidatura por ese partido −dijo la ex ministra de Defensa, luego de sostener una cita con el presidente Uribe en la Casa de Nariño−. El papel que viene haciendo el ministro Juan Manuel Santos, dentro del partido, no da garantías". Ramírez ahora se dedicará a recorrer el país en busca de 360 mil firmas que le permitan inscribir su candidatura presidencial.

La decisión de renunciar la tomó Martha Lucía Ramírez el martes en la noche, luego de visitar ese mismo día al Presidente y de expresarle su intención de no respaldar su reelección y de anunciarle que su campaña presidencial iba hasta el final con o sin Uribe en competencia.

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