Apuesta riesgosa

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Un tercer obstáculo está en manos del Consejo Nacional Electoral, que investigó las cuentas del referendo y tendrá que pronunciarse sobre si sus promotores, encabezados por el ex embajador Luis Guillermo Giraldo, violaron las normas según las cuales las contribuciones no pueden superar los 3,3 millones de pesos por persona o empresa. Por lo que se sabe, las cuentas no cuadran y además los promotores se valieron de la Fundación Colombia Primero -seis de sus miembros eran del comité de nueve promotores- para recibir las grandes donaciones de contratistas del Estado, algunas por 150 millones de pesos, que luego aparecieron convertidas en un crédito, por más de 1.900 millones de pesos, otorgado al Comité. Giraldo y el grupo promotor argumentan que esas normas no aplican porque se refieren a la campaña propiamente dicha y esta se iniciará después de que sea convocado el referendo.

Pero aun si el Congreso aprueba el referendo, si el Consejo Electoral dictamina que no hubo fallas y la Corte Constitucional le da la bendición, el problema más difícil está en la votación misma. Una reforma constitucional de iniciativa popular debe llenar dos requisitos: la participación del 25 por ciento del censo electoral y la mayoría simple de los votantes. A juzgar por las encuestas, se daría por descontado que el segundo requisito se va a cumplir, pero el primero no parece tan fácil de llenar. Según el censo actual, que ronda los 29 millones de personas, se necesitaría una votación de 7,2 millones de votos.

En este sentido, congresistas, encuestadores y analistas consultados por CAMBIO consideran que se trata de un volumen de votantes difícil de movilizar en un día en que no habrá otras elecciones y que, además, es previsible la abstención activa de los partidos de oposición, el Polo Democrático y el Partido Liberal. La pregunta es si la atracción de Uribe en las bases y la acción de los partidos que lo acompañan bastarían para sacar a la calle a un número tan alto de votantes.

Apuesta arriesgada

Está por verse, finalmente, la capacidad de los que se oponen a la reelección para frenar la iniciativa. La nueva candidatura de Uribe goza de simpatías entre la clase media, pero tanto la comunidad internacional como amplios sectores del establecimiento la ven con reservas y preocupación. Consideran que la ola reeleccionista en América Latina -Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua...- es nociva para la democracia y que Colombia, reconocida por la fortaleza de sus instituciones, entraría al poco respetable club de los gobiernos caudillistas. Hay informes en el sentido de que el presidente Barack Obama -en su discurso de posesión cuestionó a quienes se aferran al poder- ha hecho saber a esos países su incomodidad.

Una nueva reelección sería una jugada riesgosa. El precio institucional puede ser muy alto porque frenaría el incipiente proceso de consolidación de los partidos, frenaría el surgimiento de nuevas figuras y alteraría en materia grave el sistema de contrapesos indispensables en una democracia. El saludable escenario de varios partidos con mecanismos internos de selección de candidatos y la construcción de coaliciones para llegar a una segunda vuelta con un representante del uribismo y otro de la oposición se ha debilitado, pero no está descartado.

La viabilidad de una nueva reelección se ha fortalecido, pero en estos tiempos la política es tan cambiante como las bolsas de valores del mundo. Por ahora, más que la reelección misma, lo que se ha despejado es el trámite del referendo en el Congreso. Es un primer paso pero le quedan asuntos pendientes a ese mago de la política que es Álvaro Uribe. Un gran jugador al que le interesa mucho más la victoria que los daños que, en su búsqueda, pueda causarle a las instituciones democráticas.

PRIMERA BAJA

El caldeado ambiente político que vive el país por cuenta de la reelección presidencial se calentó este miércoles con la renuncia de Martha Lucía Ramírez a su curul en el Senado y al Partido de la U. La precandidata presidencial se marginó de ese partido por considerar que no tiene garantías para competir por la candidatura presidencial frente al ministro de Defensa Juan Manuel Santos, quien en mayo próximo tiene previsto renunciar a su cartera para meterse de lleno a la campaña.

"No veo condiciones dentro de La U para seguir buscando una candidatura por ese partido −dijo la ex ministra de Defensa, luego de sostener una cita con el presidente Uribe en la Casa de Nariño−. El papel que viene haciendo el ministro Juan Manuel Santos, dentro del partido, no da garantías". Ramírez ahora se dedicará a recorrer el país en busca de 360 mil firmas que le permitan inscribir su candidatura presidencial.

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