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El Polo Democrático salió debilitado de su II Congreso Nacional. El joven partido, que desde su nacimiento busca consolidarse como una opción de poder para la izquierda, venía creciendo y sumando, y empezaba a verse como una bola de nieve. Es decir, como un proyecto electoralmente competitivo y no solo como una alternativa simbólica. Sin embargo, tras el cónclave de la semana pasada, crucial para definir estrategias, posiciones y directivas, quedó la sensación de que el efecto bola de nieve se frenó.
No hubo muchas sorpresas en las deliberaciones y conclusiones del congreso. Como estaba previsto, el ala radical, que tiene como columna vertebral al Partido Comunista y al Moir, se alió con el llamado "centro pragmático", encabezado por los hermanos Samuel e Iván Moreno, y Jaime Dussán, y se convirtió en una aplanadora que impuso sus decisiones sobre el "sector moderado", cuyas figuras más notables son Gustavo Petro y 'Lucho' Garzón. Dos figuras atractivas para los medios y con simpatías fuera del Partido, que acabaron siendo los grandes derrotados de la jornada. La reelección del presidente del Polo, Carlos Gaviria, y del secretario general, Carlos Bula, consolidó la goleada contra el binomio Petro-'Lucho'.
Más allá de las decisiones propiamente dichas, la forma como se produjeron las discusiones y como se tomaron las determinaciones fue crucial para arrinconar al ala moderada. En la apertura del congreso se respiraba un ambiente cordial y era evidente un ánimo amistoso. Los moderados recibieron con beneplácito el enfático discurso de Carlos Gaviria en el que anunció que dejaría la presidencia de la colectividad y no aspiraría a la candidatura presidencial, y los radicales elogiaron la intervención de Petro, un gran orador que, según se escuchó en el recinto, en esta ocasión "hizo el mejor discurso de su vida".
El panorama, sin embargo, giró en cuestión de minutos, cuando llegó el momento de votar. Se suponía que en un proceso más de trámite que de deliberación, el congreso acogería por aclamación y sin votación una serie de acuerdos relacionados con la estrategia a seguir. El más importante era que se adoptaría -como de hecho ocurrió- la consulta abierta como mecanismo para escoger al candidato presidencial.
Los moderados, sin embargo, consideran que el senador Dussán se apoderó del micrófono e introdujo temas que no hacían parte de lo pactado. En especial, la modificación de un artículo de los estatutos que obliga al presidente del Partido que quiere participar en la elección del candidato a apartarse de la dirección nueve meses antes. La reforma del 'articulito' fue considerada como truculenta. Fue comparada con la que permitió la reelección de Álvaro Uribe y, de hecho, le abonó el terreno a la nueva elección de Gaviria como presidente. Los moderados salieron derrotados y aburridos.
Liderazgo débil
Sobre lo que ocurrió, existen dos interpretaciones totalmente diferentes. Los ganadores son optimistas. Carlos Bula, reelegido secretario general, considera que "el balance es bastante positivo porque el Polo consolidó su unidad y mantuvo el rumbo de izquierda democrática con la reelección de Carlos Gaviria". Dussán, gestor del sector que representan los hermanos Moreno dice que " 'Lucho' y María Emma no existen para el Polo y por eso es pretencioso decir que el Partido está dividido".Pero los derrotados ven las cosas de otra manera. El senador Petro cree que "el Polo no dio la talla porque no entendió que era una fuerza indispensable para consolidar una gran convergencia en torno a un proyecto antiuribista".
La realidad es que hubo una victoria clara de una de las dos alas principales, los radicales, que se impusieron sobre los moderados, que se reflejó en la estructura de poder: Gaviria y Bula fueron reelegidos mientras que se especulaba sobre el retiro de Petro del Partido. Y Garzón y María Emma Mejía, que no asistieron al cónclave conscientes de que la minoría de la que hacen parte sería aplastada, perdieron cualquier espacio en la colectividad amarilla. El ala de Robledo, acompañada por la de los Moreno Rojas, impuso su criterio sobre la estrategia a seguir en materia de candidaturas: el Polo irá a la primera vuelta con candidato propio, no hará alianzas con el Partido Liberal y otras fuerzas que se oponen a la reelección de Uribe, y solo en caso de una segunda ronda intentará una coalición antiuribista.
Superada la batalla interna, la gran pregunta es sobre cuáles serán las consecuencias para el futuro del Partido y para la propia izquierda. ¿Es irrelevante el papel de los moderados, que, al fin de cuentas, son la minoría? ¿Basta la alianza entre los Moreno y los radicales para que continúe el ascenso electoral del Polo? ¿Se afecta la imagen externa del Partido y, por consiguiente, su capacidad de pescar votos independientes? Las mayores inquietudes surgen sobre los problemas que tendrá la nueva dirigencia encabezada por la dupla Gaviria-Bula.