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En la medida en que aparecen más cifras sobre el desempeño de la economía, el panorama se torna más sombrío. Todo indica que el impacto de la crisis mundial es mayor que lo que se había previsto y que la desaceleración de la actividad productiva es más profunda. La ANDI acaba de revelar que el sector industrial está en recesión: en 2008 su PIB cayó en 3,1 por ciento. En materia de exportaciones, la estadística correspondiente a noviembre de 2008 indica una baja de 27 por ciento frente al mismo mes del año anterior. En su columna de Portafolio, el ex ministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo señaló que en 2008 se perdieron 600.000 empleos y agrega que es probable que en 2009 desaparezcan 400.000 más. Entidades del prestigio de Fedesarrollo y ANIF acaban de revisar a la baja sus proyecciones de crecimiento para 2009.
La situación crítica genera el mayor desafío que ha tenido que manejar el equipo económico de un gobierno en muchos años. Y el reto está en manos nuevas: la debacle internacional coincide con un gran cambio general en la élite de economistas. Tanto en el Gobierno como en las universidades y en los llamados 'tanques de pensamientos' el debate, los análisis y las propuestas están en manos de nuevos gurús. ¿Quiénes son? ¿Cuáles son sus características? ¿En qué se diferencian de sus maestros de la generación anterior? ¿Qué proponen para salir de la crisis?
Dime dónde estudias...
Si alguien quiere saber dónde va a trabajar un economista basta que pregunte en cuál universidad estudia. Es común, por ejemplo, que los economistas de la Universidad de los Andes tengan casi asegurado un cargo en Planeación Nacional o en el Banco de la República, mientras que los de la Nacional siempre están en la mira de las administraciones locales y de los centros de investigación. Los de la Javeriana, por su parte, terminan por lo general vinculados al sector privado, y es habitual que los graduados en universidades de ciudades distintas a Bogotá permanezcan en sus regiones de origen, a menos de que sus contactos y amistades políticas los lleven a la capital.
Las generalizaciones, como las normas, tienen excepciones pero en Colombia parece haber reglas no escritas que podrían resumirse en un refrán: "Dime dónde estudias y te diré para dónde vas". Un ejemplo típico es el de Catalina Delgado, graduada hace seis años de Los Andes. Empezó su vida profesional en Planeación, hizo un posgrado en el London School of Economics y ahora es funcionaria del Banco Mundial en Washington. "Uno no piensa en que su carrera profesional está predeterminada, pero es obvio que el círculo de profesores y compañeros conduce más hacia unas entidades que a otras", reconoce la economista de 28 años.
Felipe Barrera, economista del Banco Mundial y ex subdirector de Fedesarrollo, sostiene que el ciclo comienza en la universidad porque los profesores son determinantes, y afirma que "no hay mucha movilidad porque es difícil que una persona educada en Los Andes termine dictando materias en la Nacional y viceversa". De hecho, recuerda una anécdota sobre Miguel Urrutia, ex gerente del Banco de la República, quien hace un par de décadas quería dar clases en la Nacional. Envió todos los papeles y certificados que le exigieron pero se los devolvieron con el argumento de que la firma del cartón que acreditaba sus estudios de doctorado no estaba autenticada. La firma era de Ronald Reagan, gobernador de California, sede de la Universidad de Berkeley donde Urrutia había hecho los estudios. Como es obvio, autenticar la firma de Reagan siendo presidente fue un obstáculo imposible de salvar.
Y aunque los alumnos de la Nacional se privaron de tener como profesor a uno de los más respetados economistas del país, lo cierto es que durante décadas, tanto su nombre como los de Rodrigo Botero, Salomón Kalmanovitz, Roberto Junguito, Guillermo Perry, Juan Camilo Restrepo, Carlos Caballero, Rudolf Hommes, José Antonio Ocampo, María Mercedes Cuéllar, Cecilia López y Armando Montenegro, entre otros muchos, estuvo asociado a grandes decisiones que marcaron, para bien o para mal, el destino del país.
Paso firme
Los mencionados pesos pesados de la Economía, la mayoría entre 60 y 70 años, siguen vigentes, unos en cargos en entidades internacionales, otros en el sector privado, la academia o las asesorías, y algunos, como Cecilia López, dando 'lidia', como diría el presidente Uribe, en la arena política. Pero en medio de ellos se abre paso una nueva generación de economistas que pisa con fuerza en el manejo de la cosa pública.
La mayoría está entre 40 y 50 años, aunque hay excepciones como la del ex ministro de Agricultura Andrés Felipe Arias, quien con solo 35 años ya hace parte del pelotón. Un pelotón en el que se destacan Alejandro Gaviria, Juan Carlos Echeverry, Mauricio Santamaría, Mauricio Cárdenas, Juan Ricardo Ortega, Mauricio Reina, Santiago Montenegro, Juan Mario Laserna, Ana María Ibáñez, Carolina Rentería, Natalia Salazar, Carolina Soto, Andrés Escobar y Juan Pablo Córdoba, entre muchos otros. Todos sin excepción y no obstante su juventud, han ocupado cargos de relevancia en el orden nacional y local, y son respetados dentro y fuera del país.