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La cosa política se alborotó. El ministro de Agricultura Andrés Felipe Arias renunció para buscar la candidatura presidencial del Partido Conservador. La semana próxima los liberales tendrán una reunión de la que saldrán las reglas de juego para la consulta en la que escogerán a su aspirante oficial. Y en el Polo Democrático hay tensión, reuniones y movimientos, en vísperas de un crucial congreso nacional, a finales de mes.
Definitivamente 2009 es un año político muy agitado. Y aunque así se esperaba, el ex ministro Arias les madrugó a otros aspirantes, sobre todo del uribismo, que creían que, antes de tomar cualquier decisión, debían esperar a que el Presidente anunciara públicamente si busca o no la segunda reelección. Aunque Arias había hablado en forma abierta sobre sus planes, el anuncio de su retiro en un fin de semana y en medio del alboroto mediático que generaron las liberaciones de seis secuestrados, fue recibido con sorpresa y mereció la atención de los medios.
Andrés Felipe Arias era, tal vez, el miembro del Gabinete más cercano al presidente Álvaro Uribe. Consentido del primer mandatario, y con solo 35 años, ha ocupado cargos de gran responsabilidad que, además, demostraron su lealtad a toda prueba con su jefe. En el fondo y en la forma, el ahora candidato Arias es discípulo, soldado y continuador del pensamiento y obra del Presidente. Por algo se ha ganado el apodo de 'uribito'.
A nadie se le ocurriría, en consecuencia, que la decisión de Arias de dejar el Gobierno y lanzar su candidatura fue tomada sin consulta previa, aprobación precisa y hasta planeación conjunta con el Presidente de la República. Y como Uribe firmó en diciembre un decreto para hacer aprobar el referendo reeleccionista, todos dieron por hecho que se jugaría por el tercer periodo, el anuncio de la candidatura de Arias generó todo tipo de preguntas, en particular, sobre las verdaderas intenciones del Presidente: ¿se arrepintió de la reelección? ¿Quiere bloquear a otros presidenciables del Gobierno, como el ministro de Defensa Juan Manuel Santos o la embajadora ante el Reino Unido Noemí Sanin? O por el contrario: ¿envió el mensaje de que quiere que los que aspiran dejen el Gobierno y se lancen al ruedo?
La propuesta del ex ministro de Agricultura también causó extrañeza porque no se trata de una figura con gran trayectoria. A pesar de haber sido uno de los ministros más visibles del Gabinete, la opinión pública no lo conoce o lo conoce poco y, sobre todo, no le ha concedido el estatus de presidenciable. Y no solo por sus pocos años y porque, como dice el refrán popular "le falta mucho pelo para el moño", sino porque él mismo se ha construido una imagen más de escudero de Uribe que de general de relevo.
Su gestión en el Ministerio de Agricultura fue polémica, pues a pesar de los buenos momentos para la economía, los resultados en el agro estuvieron por debajo de los de la economía en general. Fue duramente criticado por el caso de Carimagua, cuando quiso entregar tierras destinadas a desplazados a grandes industriales, y por la Ley de Bosques y la de Desarrollo Rural, que privilegiaban el desarrollo empresarial sobre el de pequeños productores. Y como sostiene el editorial de El Espectador de este miércoles, "por el excesivo proteccionismo y la proliferación de subsidios directos e indirectos con que se les dio preponderancia a los empresarios acaudalados".
También su estilo agresivo levantó ampollas. Su carácter frentero y controntacional, a imagen y semejanza del de su maestro y gestor, abrió heridas y polarizó. Además, pisó terrenos que no le correspondían a sus funciones, como la oposición al despeje de los municipios que pedían las Farc para el acuerdo humanitario, e intervino en política, descalificó contendores que hacían parte del Gobierno y aseguró que un gobierno del Polo le haría daño al país.
Jugada a tres bandas
Bien analizada, la temprana salida de Arias tiene sentido estratégico. Aunque el éxito de una candidatura presidencial se mide según sus posibilidades de llegar a la meta, y Arias prácticamente no tiene ninguna, el joven tecnócrata lanzado a la política -tiene un Ph.D. en Economía-, nada tiene que perder y sí mucho para ganar y múltiples opciones atractivas.
Su retiro más de un año antes de las elecciones para el Congreso, podría abrirle una candidatura al Senado en las elecciones del 14 de marzo de 2010. Puede ser también una carta atractiva en una fórmula presidencial para un candidato de unidad del uribismo o del propio Presidente si va a la reelección. Y más adelante puede apuntarle a la Gobernación de su departamento, Antioquia. Así pierda, una buena campaña le permitirá consolidarse como una figura de peso para el futuro.
En su partido, el Conservador, Arias tiene simpatías. Hace pocos años no habría sido imaginable que una figura promisoria se jugara por el viejo y desgastado partido de Caro y Cuervo, pero con las nuevas normas, que obligan a los candidatos a tener el respaldo de partidos formales, y con el fortalecimiento ideológico y burocrático que han tenido los azules a la sombra de Uribe, el logo de la 'C' y su personería jurídica se valorizaron. De hecho, Arias disputará la candidatura con una baraja de aspirantes azules con mayor trayectoria y más credenciales: Noemí Sanín, Carlos Holguín, Fernando Araújo, Carlos Rodado y Sabas Pretelt. Falta ver si los conservadores le apuntan, con la figura joven de Arias, a una oxigenación de su imagen.