¿Hacia la salida negociada?

El fin de la guerra en Colombia, en algún momento, pasa por una negociación. Las condiciones han cambiado en favor de un diálogo político. Foto: AFP

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La pregunta que surge ahora, después de la liberación de Alan Jara, es qué va a seguir hacia adelante. Ha cambiado mucho el escenario internacional: el discurso guerrerista de George W. Bush pierde importancia en la política exterior norteamericana y eso abre espacios de oportunidad para la salida de conflictos en diversas partes del mundo, distintas al uso de la fuerza. Y eso va a influir en la política interna colombiana.

Un eventual fin de la confrontación interna armada hoy se mueve en una contradicción: de una parte es cada vez más evidente que una terminación definitiva de la misma pasa por un escenario de negociación política, no es posible resolver el conflicto armado colombiano por la vía exclusivamente militar, pero al mismo tiempo ninguno de los grandes contendientes está seriamente interesados en negociar. Las Farc y el Eln siguen soñando en convertir una negociación en una oportunidad para impulsar su proyecto revolucionario y en esa medida plantea alternativas fuera de la realidad. Y el Gobierno tampoco está dispuesto a negociar porque asocia la negociación a una capitulación de los grupos alzados en armas.

Frente al panorama, confuso e incierto, se ha abierto una ventana de oportunidad con el intercambio epistolar -un mecanismo novedoso para romper ese muro de aislamiento que se ha generado con las guerrillas- del grupo de compatriotas, liderados por la senadora Piedad Córdoba, Colombianos y Colombianas por la Paz y las Farc-Ep, que contribuye a la liberación de secuestrados.

Escenarios posibles

Con todo el respeto por el invaluable trabajo que vienen realizando Colombianos y Colombianas por la Paz, quisiera plantear dos posibles escenarios acerca del qué hacer y sus resultados.

El pesimista, es aquel que no permita avanzar en hechos concretos en términos del intercambio epistolar porque se enreda en debates sin posibles puntos de encuentro. En ese caso, si adicionalmente no se producen otros hechos positivos, la novedosa oportunidad que se ha generado se puede agotar y eventualmente diluir. Este escenario es indeseable y esperamos no se presente.

El optimista, es aquel que permita continuar el intercambio epistolar, planteándole a las Farc la discusión de temas álgidos pero centrales para transitar hacia una superación negociada de la confrontación. Entre estos, el abandono definitivo del secuestro y la liberación de todos los plagiados, el cumplimiento del DIH mientras termina el conflicto. Eso significa, hoy y ahora, una negociación política que debería sumarse a hechos de paz como nuevas liberaciones -ojalá la de todos los secuestrados-, y la creación de condiciones políticas para facilitar un acuerdo humanitario. 

El secuestro político como estrategia quedó enterrado, y con ello la equivocación de las Farc de suponer que quitándoles arbitrariamente la libertad a dirigentes políticos, iba a forzar un acuerdo humanitario. El resultado pragmático es que esta práctica no tiene ninguna utilidad política: no la puede tener y en esa medida debe ser abandonada para siempre.

Adicionalmente, Colombianos y Colombianas por la Paz deberían establecer un canal de intercambio epistolar también con el Eln, que  igualmente plantea la posibilidad de sumarse a los mismos, en respuesta a la invitación de personalidades internacionales que apoyan la iniciativa y que sugieren que los 'elenos' deben incorporarse a la misma.

En carta abierta a los intelectuales y personalidades que trabajan por la paz, afirman: "El Comando Central del Eln, saluda la iniciativa del grupo de intelectuales y personalidades del mundo, quienes de manera desinteresada y generosa, ofrecen su valioso concurso, para ayudar a construir caminos de paz al largo conflicto interno que vive Colombia", lo cual coincide con la tendencia histórica de este grupo: el diálogo con sectores de la sociedad civil.

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