¿Qué les pasa a las Farc?

La liberación de secuestrados es una petición popular y no una demanda del Gobierno.

Las Farc están pasando por un momento que desafía su tradicional arrogancia y eso es bueno para todos pero sobre todo para los secuestrados. Sin grandes pompas o exigencias decidieron abrirse un camino con un grupo de ciudadanos y por ahí están canalizando las expectativas que pueden tener sobre su futuro.

Durante años sostuvieron la tesis de que solo hablaban con el Gobierno, y en una zona despejada. Dejaron de confiar en la Iglesia y a los extranjeros solo los recibían oficialmente cuando Íngrid estaba secuestrada. Ahora hablan por mail con Piedad Córdoba y por medio de ella con un grupo de ciudadanos que ha firmado dos cartas en las que les piden que dejen el secuestro.

Y las Farc han respondido. Como siempre lo han hecho, se acomodan a las circunstancias del momento y este, tan particular, les sirve además para preparar el terreno para lo que puedan jugarse en la contienda electoral de 2010.

Las liberaciones que se avecinan no son un paso cualquiera. No son para desagraviar al presidente Chávez, ni para congraciarse con algún país europeo. Van a liberar a los últimos políticos en su poder, entre ellos el ex diputado Sigifredo López, que tiene la verdad sobre el asesinato de sus 10 colegas,  y aunque no han mencionado nombres liberarán también a seis uniformados que son parte de su botín de guerra.

Contrario a lo que el Presidente dijo hace unos días, no parece que pretendan poner al Gobierno contra la pared. Después de todo, el Estado va ganando.  La sensación es que, mediante las liberaciones, quieren abrir un espacio para buscar algún grado de receptividad en la sociedad y, de paso, mandar algo de ánimo para la tropa que tiene la moral resquebrajada. No es de descartar, entonces, que lentamente y paso a paso, sin sentirse derrotadas, decidan, por fin, poner punto final al secuestro. Es el camino que se avizora, el único que les queda y que trae beneficios para todos. Las Farc tal vez han entendido que ya no pueden, a punta de secuestros, presionar por el estatus de beligerancia, que el rechazo a este delito traspasó las fronteras y acabó con la tolerancia de una sociedad que se pellizcó tras años de adormecimiento.

El Gobierno se beneficia con cada secuestrado liberado porque es una presión menos, y una forma de recoger los frutos de su lucha sin tregua. También ganan los 'Ciudadanos por la Paz', porque valoriza un escenario de interlocución por el que nadie daba un peso. Y se beneficia la sociedad en general porque se va aliviando el drama.

Con 'Marulanda' muerto, las Farc se reinventan y quizá entiendan que de la barbarie quedó escrito un capítulo que ha sido su perdición. Los secuestros que un día planearon para hacerse grandes, borraron su condición de revolucionarios. Pero a la historia puede anexarse otro capítulo: el de la humanización, la rectificación, el consenso, el reconocimiento y el fin de la guerra. Las Farc no necesitan del secuestro para financiarse. Tienen la coca. Sus hombres están desertando con los secuestrados por recompensas pero también porque la mayoría entiende lo inhumano del secuestro. No son necesarias más muestras de fuerza. Es hora de dar un paso adelante.

Poner fin al secuestro podría hacer que aflore la nobleza del pueblo, esa que se impone incluso sobre las políticas más guerreristas. Pero las Farc deben entender que la liberación de los secuestrados no es ceder ante el presidente Uribe. Es conectarse con el sentido humanitario que reclama el país.

"Cada conflicto tiene su evolución y a cada conflicto le llega su final", le oí decir a Diana Uribe en la presentación de su libro La historia de las civilizaciones. Quiero creer que ese momento se acerca para el nuestro.  A las Farc no las detiene la guerra porque están preparadas para eso, pero podría detenerlas el consenso nacional: "No más secuestros". Vivimos el tiempo de Obama, hay que creer en que sí se puede.

Por María Alejandra Villamizar,
periodista.

Anuncios Google

Publicidad