En la mente de Róbinson Díaz aún permanece intacto el recuerdo del día en el que mataron a su mejor amigo. Fue en Buenaventura, cuando todavía pertenecía al bloque Luis Carlos Cárdenas Arbeláez del Eln. Esa tarde, un comando de las fuerzas especiales del Ejército abrió fuego contra el campamento en el que se encontraba y en menos de un segundo, un disparo certero acabó con la vida del 'parcero' de Díaz. Tenían 13 años.
Y aunque parezca extraño, no fue este hecho el que hastió al joven rebelde de su vida como miliciano del Eln. Fue algo mucho más simple: se cansó de cargar las dos arrobas que pesaba su morral y de caminar interminables trayectos en una selva inhóspita y húmeda. "Si me aguanté seis años en la guerrilla no fue por convicción sino por necesidad", aclara Díaz.
A pesar de que prefiere guardar silencio sobre sus experiencias como insurgente, hay algo que le devuelve el brillo a sus ojos: su guitarra. La misma que lo acompañó en los cortos recesos de sus maratónicas jornadas y cuando el sol dejaba ver los últimos rayos de la tarde. "En esos momentos le cantaba al amor, al desamor y a la guerra", recuerda el ex combatiente.
Hoy, con 23 años de edad y con cuatro de desmovilizado, Díaz se desvive por la música, por su hija de un año y por su esposa. Las tres cosas que lo motivan todos los días para seguir luchando por su sueño de convertirse en un famoso cantante popular. Y para lograrlo ya dio su primer paso: grabó Mi primer amor, un disco con canciones de su inspiración y con un sonido de cantina. Vea su testimonio aquí.
Pero esa no es su única actividad. En las tardes suelta la guitarra por un momento y se va para el Sena a estudiar repostería. "Eso hace parte del programa de reintegración del Gobierno -dice-. Pero para poder entrar al programa avanzado tengo que validar primero el bachillerato, algo que está dentro de mis planes".
Ahora la tarde lo inspira. Desde el balcón de su casa, incrustada entre dos montañas, contempla la inmensidad del sur de Bogotá y de su guitarra fluyen nuevas composiciones. Lo único que quiere hacer con su música es dejarle un mensaje al pueblo.