Álex Mosquera, de 22 años, muestra unas marcas leves en su antebrazo. No son las huellas de la guerra, sino del contacto con la parrilla del restaurante en que trabaja como auxiliar de cocina. "Es normal -asegura-, pues todo buen cocinero las tiene".
Álex abandonó las Farc en julio de 2007. En el monte duró ocho meses, pero su vínculo con la guerrilla empezó antes cuando, a los 13 años, estudiaba en el colegio en Miraflores (Guaviare) y vivía con su papá y dos de sus tres hermanos, uno de los cuales ya estaba en la guerrilla.
Después de que un amigo suyo lo presentara con las milicias bolivarianas infiltradas en el pueblo, él comenzó a hacer tareas pequeñas y "mandados", antes de ser encargado en tareas de comunicaciones. Mientras tanto, las Farc le pagaban la matrícula del colegio y le compraban el uniforme mientras llegaba el momento de partir al campamento. Allá, en el monte, hizo amigos a los que aún hoy considera hermanos y aprendió a sentir el poder de cargar un arma y de causar miedo.
Después vinieron los malos tiempos por la presión militar del Ejército, las injusticias dentro de la cuadrilla y la reducción de las raciones de comida a una sola por día, por falta de provisiones. El aburrimiento y la pérdida de la mística guerrillera se empezó a arraigar en el pensamiento de Álex.
Al notarlo, el comandante lo llevó a Miraflores como su escolta cuando, en medio de un bombardeo, se encontró con su papá que le pidió que no regresara a las filas. Decidió quedarse.
Nueve meses más tarde recibió un comunicado amenazante de las Farc por haberse 'torcido' y una visita de las Auc que lo buscaban para matarlo. Álex partió a Villavicencio, se hospedó en la casa de una ayudante de las Autodefensas Campesinas del Casanare y comenzó a hacer favores a los paramilitares.
Pero un día un grupo del Gaula lo retuvo y se lo llevó para la Séptima Brigada, acusado de secuestro y homicidio. Como todavía era menor de edad, lo trasladaron a una correccional en Bogotá, donde se vinculó a la Alta Consejería y con el Centro de Referencias y Oportunidades (CRO) de Cafam. Ejerció como Salvavías -guardia de carreteras- y tomó cursos de gastronomía en la Escuela Taller de Bogotá.
Hoy, Álex se siente orgulloso de ser cocinero y espera poder montar su propio restaurante.
* Nombre cambiado