Las composiciones de Daner David Martínez, de 33 años, cuentan la historia de otros que, como él, tomaron las armas para ganar su sustento y se dieron cuenta de que no era el camino. Oriundo de Guaimaral, Bolívar, se siente orgulloso de haber dejado las Auc el 10 de marzo de 2006, en cuyas filas militó después de haber salido del Ejército y no encontrar trabajo. Un año duró golpeando de puerta en puerta en busca de empleo, un año de frustración y ansiedad que lo llevaron a pensar en la posibilidad de meterse en el negocio de las drogas. Vea su testimonio aquí.
Un día, tal vez porque es reservista, recibió la visita de unos guerrilleros. Lo encañonaron, lo acusaron de informante y lo sometieron a un interrogatorio como de consejo de guerra. Superado el incidente, pensó que encontraría seguridad en las filas del bloque Central Bolívar de las Auc que operaba en el sur del departamento. "Como era un profesional de las armas esa fue la salida -explica-. Lo irónico es que ellos me dieron la posibilidad de estar aquí, de seguir vivo".
Durante dos años fue patrullero del bloque. "Tengo la conciencia tranquila de no haber cometido ningún acto atroz -asegura-. Simplemente seguía órdenes, vigilaba y recibía un sueldo, puntual". Pero en 2003 decidió salirse para cumplir su sueño de hacer música. Un compañero del Ejército le había enseñado a componer vallenatos y aunque no tenía formación musical se dedicó a escribir canciones y a aprender a tocar guitarra.
Empacó sus cosas y se fue a Valledupar, donde conoció a Ayda Margarita Oliva, la mujer con quien hoy comparte su vida. No le habló de su pasado por temor a perderla y como pasaban los días y las oportunidades para su música no llegaban, desesperado decidió volver a engancharse con los paramilitares, esta vez con el bloque Norte. "Como tenían dinero pensé que podrían financiarme mi tan soñado disco -dice Daner-. Pero como también había oído de las desmovilizaciones y las oportunidades que estaba dando el Gobierno, vi allí la posibilidad de conseguir algo".
En 2006 se desmovilizó y comenzó su proceso de reintegración en Bogotá con cursos de hornero en el Sena y de música en la academia Luis A. Calvo, donde acaba de terminar el primer semestre. Su aspiración es quedar finalista en el proyecto 'Canta conmigo por la reintegración' para grabar el disco con el que tanto ha soñado.
No se avergüenza de ser desmovilizado y, de hecho, las letras de sus canciones se refieren a lo absurdo del conflicto. Vive con su esposa de 20 años y su pequeña Tzeilym Danet de casi 2 años, y no quiere volver a saber de la guerra. "Desmovilicé mis ideas sobre la guerra y si con mi música puedo hacer que otros lo hagan también, quedaré en la historia y se lo podré decir a mi hija sin temor".