¿Qué gana y qué pierde Uribe con la decisión de destituir los 27 militares?

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El cambio de posición del Presidente obedece a la fuerte presión internacional y a que la historia de Soacha se convirtió en la gota que rebosó la copa. Existen indicios graves y han sido revelados detalles macabros de los asesinatos y los hechos ocurrieron en el centro del país, en las vecindades de Bogotá, no en regiones alejadas. Y la guerra duele más mientras más cerca.

De otra parte, hay otro motivo que explica la contundencia de la purga ordenada por el Presidente esta semana. El problema de los "falsos positivos" no se limita a los muchachos de Soacha que aparecieron muertos en Ocaña, Norte de Santander: es mucho más grave. En la lista de oficiales que fueron retirados hay militares que venían operando en Antioquia, Chocó y Magdalena Medio, lo cual indica que en las investigaciones del Gobierno aparecieron irregularidades en esas zonas.

Hace tres semanas, CAMBIO publicó un informe de portada sobre 111 casos semejantes que investiga la Procuraduría y otras entidades de la Justicia, y esta semana el fiscal general Mario Iguarán revela en una entrevista (ver artículo siguiente), que el organismo tiene 820 casos de ejecuciones extrajudiciales denunciadas entre enero de 2003 y septiembre de 2008. 

Unas de cal...

Todo indica que el problema es mucho más generalizado de lo que se creía y que las advertencias que venían oyéndose de tiempo atrás estaban en lo cierto. Así que más allá de los casos de Soacha, lo cierto es que el problema tocó fondo. Hacia el futuro y de cara a una agenda internacional como la que viene, cuando el Gobierno se verá obligado a defenderse en foros como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra y el propio Congreso de los Estados Unidos, el Presidente decidió ponerle el pecho a la situación y hacer la purga.

La destitución de los militares tiene consecuencias positivas para el Presidente. En primer lugar, lo separa de las irregularidades, le da argumentos frente a la comunidad internacional y produce un golpe de opinión ante los colombianos que aplauden sus audacias y sus actos de coraje. Y en segundo lugar, envía un saludable mensaje a las Fuerzas Armadas de que la guerra hay que ganarla en forma limpia y de que los miembros que se apartan de los métodos legítimos, la pagan.

Sin embargo, las audacias suelen presentar riesgos y la purga de los 27 militares no es la excepción. El retiro de casi toda la línea de mando de dos divisiones y una brigada del Ejército, puede generar fisuras dentro de las Fuerzas.

Aunque se trata de decisiones administrativas, las destituciones tienen sabor a castigo y, en consecuencia, para muchos implican una condena prematura, sin debido proceso y sin juicio previo. Al conocerse la noticia este miércoles, miembros y ex miembros del Ejército expresaron inquietudes en este sentido. "No se trata de solidaridad de cuerpo sino de exigir los mínimos derechos de defensa que tienen todos los ciudadanos, entre ellos, por supuesto, los miembros de las Fuerzas Armadas", le dijo a CAMBIO un alto oficial del Ejército en uso de buen retiro.

Por otra parte, desde hace tiempo es un secreto a voces que hay serias diferencias entre las dos principales cabezas de las fuerzas  -general Fredy Padilla, comandante general, y el general Mario Montoya, comandante del Ejército- que tienen mucho que ver con sus posiciones frente al tema de los Derechos Humanos. Padilla es más purista e inflexible que Montoya, que tiene fama de tropero y cuya tarea es enfrentar al enemigo, en medio de un entorno que se caracteriza por la presión del Gobierno y de la opinión pública por resultados en la lucha contra las Farc.

La purga del miércoles puede acentuar ese distanciamiento en el que Montoya llevó la peor parte como lo demostró su gesto adusto durante la rueda de prensa con el Presidente y el ministro Santos. El General sufrió un duro golpe no solo porque 27 de sus hombres fueron sancionados con el retiro, sino porque el mensaje sobre que la guerra hay que ganarla por métodos legítimos, le compete directamente. Además,  deberá ponerle el pecho a la brisa para recuperar la moral de una tropa que, como nunca, ha mostrado resultados en la lucha contra los grupos armados.

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