La falta de equipo de trabajo, la presión del Gobierno y el asedio de sus enemigos tienen al general Óscar Naranjo en uno de sus momentos más críticos.
"Estoy triste por lo que está pasando", les dijo el director de la Policía, general Óscar Naranjo, a los reporteros que el pasado lunes le preguntaron por el atentado con carro-bomba que destruyó buena parte del Palacio de Justicia de Cali, y dejó un saldo de cuatro personas muertas y 28 heridas.
No era para menos en momentos en que la Policía del Valle desarrolla una serie de operaciones contra organizaciones dedicadas al narcotráfico, y el poder judicial adelanta importantes procesos contra esas organizaciones, y contra paramilitares, guerrilleros y la delincuencia organizada.
Sin embargo, detrás del ceño fruncido y la expresión adusta del General había algo más. Naranjo está bajo de ánimo desde hace tiempo y eso tiene que ver no solo con los recientes episodios de corrupción en las filas policiales, que contrastan con sus esfuerzos para elevar los índices de eficiencia y moralidad de la institución, sino con el asedio permanente de un Gobierno que no le da tregua y lo presiona cada vez más por resultados y le copa la agenda, lo que lo ha llevado a perder el contacto diario y permanente con sus subalternos. En pocas palabras, el general Naranjo está pasando por una dura prueba.
Desde mediados de la década del ochenta, cuando hacía parte de los grupos especiales encargados de perseguir a los capos del cartel de Medellín, Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, 'el Mexicano', Naranjo empezó a escalar posiciones y a ganarse un prestigio en las filas de la Policía por su inteligencia y habilidad para diseñar estrategias de Inteligencia y manejar la información disponible.
Años más tarde, a finales de 1994, cuando el general Rosso José Serrano llegó a la Dirección de la institución, Naranjo alcanzó una posición destacada y recibió el apoyo y los recursos necesarios para crear la Dirección de Inteligencia, Dipol, que logró convertir en centro clave del engranaje para desvertebrar y desmantelar el cartel de Cali. Con el general Serrano en la Dirección de la Policía y el general Naranjo al frente de la Dipol, se dio la ofensiva contra el cartel de los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela y se produjo la captura, muerte o sometimiento a la Justicia de sus principales cabecillas, como fue el caso de los dos hermanos Rodríguez.
Durante el gobierno de Ernesto Samper (1994-1998) Naranjo se convirtió en el oficial más influyente de la Fuerza Pública: por su oficina pasaba prácticamente toda la información clasificada. Sin embargo, con el cambio de gobierno y en medio del traumatismo causado por el Proceso 8.000, vinieron cambios drásticos. Andrés Pastrana, lleno de desconfianza, relevó a Serrano y estuvo a punto de llamar al retiro a Naranjo pero finalmente decidió enviarlo a "hibernar" a Londres con cargo diplomático en la Embajada.
Pero la brillante trayectoria de Naranjo y el apoyo político de destacados personajes, como el ex ministro de Defensa Rafael Pardo y el hoy vicepresidente Francisco Santos, sirvieron para que, al final de su mandato, Pastrana decidiera poner punto final al exilio forzado del General y enviarlo a Cali como comandante de la Policía.
De nuevo a Bogotá
En 2002, el General vio de nuevo cómo se le oscurecía el panorama. En forma inesperada, el presidente Uribe decidió llamar de regreso al servicio activo al general Teodoro Campo, declarado enemigo de Serrano y de quienes habían sido sus subalternos de mayor confianza, como Naranjo.
El General regresó pisando fuerte y sacó del camino a buena parte de los oficiales serranistas, pero el tiempo no le alcanzó para tocar a Naranjo pues se vio obligado a dejar el cargo en noviembre de 2003. A raíz de una pugna interna entre Campo y otros tres generales, Uribe decidió cortar por lo sano y llamó a los cuatro altos oficiales a calificar servicios, incluido el propio Campo.
Con la salida de Campo y el general Jorge Daniel Castro en la Dirección de la Policía, los días de Naranjo en Cali terminaron. Castro lo trasladó a Bogotá a la Dirección de la Dijín y, en poco tiempo, el organismo de Inteligencia empezó a dar resultados que descrestaron al Gobierno, entre ellos la captura de 300 enlaces del narcotráfico -la mitad de ellos pedidos en extradición- y de seis de los 12 hombres más buscados por la DEA y el FBI. Pero, además, emprendió un combate sin cuartel contra el cartel del norte del Valle y las oficinas de cobro de Envigado.
Naranjo empezó así a ganarse la confianza del alto Gobierno y se lo veía cada vez con más frecuencia en la Casa de Nariño. Fue el hombre en quien los más altos funcionarios del Gobierno pusieron los ojos para solucionar eventuales crisis. "Si el general Naranjo es tan bueno, pues pongámoslo de director", dijo en alguna ocasión Uribe. No era tan fácil. Llevarlo a la Dirección de la Policía significaba sacar del medio a una docena de generales.
Pero Uribe, que no conoce imposibles, empezó a madurar la idea. La coyuntura se presentó con la filtración de decenas de grabaciones hechas por Inteligencia de la Policía a funcionarios del Gobierno, opositores y periodistas, y el Presidente aprovechó para producir el mayor remezón en la historia de la institución: retiró del servicio activo a los 12 generales que estaban por encima de Naranjo y lo nombró director en mayo de 2007.
Daño colateral
Era solo cuestión de tiempo para que el general Naranjo llegara a la cúspide, al mismo cargo que una vez ocupó su padre, pero su repentino y abrupto ascenso dejó heridas en la institución y algo de eso es lo que podría estarle haciendo daño en la actualidad, pues debió acomodarse a una Policía desmantelada de generales y con oficiales sin mucho liderazgo interno y con pocos resultados para mostrar. Armar un equipo de trabajo de confianza toma tiempo, y Naranjo no ha tenido el espacio suficiente para hacerlo.
Si hace 20 años, el entonces director de la Policía, general Miguel Antonio Gómez Padilla, pudo acabar con Escobar y 'el Mexicano', fue porque tenía a su lado a oficiales como Naranjo, Pedro Ramírez Archila, Leonardo Gallego y Carlos Barragán, entre otros. Luego llegó el general Serrano, que también supo rodearse de los oficiales más calificados, entre ellos el mismo Naranjo, Barragán y Luis Enrique Montenegro, y de un puñado de jóvenes oficiales con los cuales lograron diseñar una efectiva estrategia para golpear en forma contundente a la delincuencia. Los éxitos se sucedieron unos tras otros, y en alguna ocasión se oyó decir a Serrano que sus oficiales eran mejores que él.
Y no es que a Naranjo no lo favorezcan los resultados que ha mostrado en sus 15 meses en el cargo, como la localización y muerte de 'Raúl Reyes'; las capturas de 'Martín Sombra' y Óscar Varela, 'Capachivo', y la reducción de los índices de homicidio y otros delitos, pero su gestión ha estado marcada por sobresaltos y una excesiva exposición en los medios, como resultado de que no tienen un escudero para que lo apoye en los momentos más críticos.
Esta situación ha llevado una percepción generalizada de que hay más director que Policía, lo cual ha producido no solo un desgaste para Naranjo que se ve obligado a aparecer en todos los escenarios -buenos y malos- donde la institución es protagonista, sino un desgaste del metal y de sus ánimos. Y no es para menos, porque además el Gobierno lo presiona y le copa la agenda con reuniones y programas que van desde los consejos de seguridad, que sí requieren su presencia, hasta eventos del Ministerio de Cultura que no la hacen necesaria.
El día tendría que tener más de 24 horas para que Naranjo pudiera dedicar más tiempo a ciertos asuntos internos de la institución y, sobre todo, a la conformación y organización de un equipo de trabajo que le ayude a ocupar bases. Pero no es así y por eso el General se ha aislado paulatinamente de sus hombres y hoy su despacho no solo no maneja agenda sino que ha dejado de atender asuntos importantes como las relaciones exteriores, y el seguimiento de sus políticas internas.
Contrario a lo que sucedía en el pasado, Naranjo no controla todo lo que sucede a su alrededor y no porque carezca de la capacidad para hacerlo, sino por el entramado de circunstancias, muchas ajenas a su voluntad, que le impiden tener en sus manos todos los hilos de la institución.
Una prueba de ello fue el escándalo reciente desatado por la publicación de unas grabaciones que dejaron al descubierto relaciones non sanctas del ex fiscal regional de Medellín, Guillermo León Valencia Cossio, con el empresario Juan Felipe Sierra, al parecer un enlace con la organización de 'Don Mario', y en las que salieron a relucir los nombres de los generales Marco Antonio Pedreros y Jesús Antonio Gómez Méndez. El primero renunció y el segundo salió a vacaciones y se duda que regrese. Pero son los primeros que salen desde cuando Naranjo llegó a la Dirección.
Según fuentes de la Policía, a Naranjo le molestó mucho que las grabaciones fueran filtradas a los medios de comunicación, pues lo obligaron a tomar decisiones al calor de los acontecimientos y sin que hubiera un proceso judicial en marcha.
Pero las molestias no terminaron ahí. A lo de las grabaciones se sumó un episodio que habría tenido origen en la Casa de Nariño o en el Ministerio del Interior, y que tiene que ver con la teoría que echaron a rodar según la cual si Naranjo no renunció en 2006 cuando un hermano suyo fue capturado en Alemania en una operación antinarcóticos, el ministro Fabio Valencia tampoco tenía por qué hacerlo por el caso de su hermano.
Los 15 meses de Naranjo al frente de la Dirección de la Policía no han sido miel sobre hojuelas. Sus detractores -entre ellos el ex ministro Fernando Londoño y algunos oficiales retirados del Ejército y la Policía- han hecho todo lo posible, y no sin cierto éxito, para alejarlo del alto Gobierno, con el argumento de que ha concentrado demasiado poder y es necesario ponerle contrapesos.
Uno de esos contrapesos, según comentan en los corrillos de Palacio, podría ser el general Rubén Carrillo, más antiguo que Naranjo en escalafón, hoy agregado en la Embajada de Colombia en Panamá, y cuyo nombre suena con insistencia como posible director del DAS. Los enemigos del General tienen convencido al Presidente de la necesidad de hacer este relevo, que según ellos sería una forma de ejercer algún control sobre Naranjo.
No obstante que la opinión no parece percibir fisuras en la relación Gobierno-Naranjo, no es aventurado afirmar que existen, aunque sean menores. Un reciente episodio tiene que ver con la carta que el ex paramilitar Antonio López, 'Job' -el mismo que estuvo varias veces en Palacio- llevaba en el bolsillo el día en que fue asesinado en Medellín el pasado 28 de julio. La Policía, según indica la ley, le entregó el documento de tres páginas a la Fiscalía pero en la Casa de Nariño creen que Naranjo debió informarles sobre la existencia de la carta que menciona supuestos sobornos a periodistas y medios de comunicación, algunos de ellos considerados enemigos por el Gobierno. Al final, en Palacio confirmaron que la filtración a algunos medios de la carta de 'Job' no fue responsabilidad de Naranjo y de esta manera las aguas volvieron a su cauce.
No está pasando el general Naranjo por el mejor momento, pese a que en la última encuesta de Gallup registró 55 por ciento de imagen favorable y escasos 9 puntos desfavorable, la más baja de la medición. Al mismo tiempo, la Policia registró 75 por ciento de imagen favorable y 21 desfavorable. Por esa razón, Naranjo sigue siendo pieza fundamental para la política de Seguridad Democrática. Pocos oficiales como él saben cómo se mueve el crimen organizado y la forma de combatirlo, pero en este momento le faltan el oxígeno y el equipo de subalternos necesarios para acometer tareas claves de la Policía, sobre todo en ciudades como Cali, Medellín y Bogotá, donde aumenta la percepción de inseguridad. El reto del General es invertir la ecuación y lograr que los colombianos sientan que no solo tienen un director idóneo en la Policía, sino una Policía a la altura de las circunstancias.
ESTRELLAS: BUENOS MOMENTOS
FEBRERO 27 DE 2008
La Policía captura en Saboyá, Boyacá, a Elí Mejía Mendoza, 'Martín Sombra', el llamado carcelero de las Farc.
MARZO 1º DE 2008
Tras una larga tarea de inteligencia, oficiales de la Policía detectan el campamento de 'Raúl Reyes' en Ecuador. La Fuerza Aérea bombardea el lugar y da muerte al segundo de las Farc.
JUNIO DE 2008
Según estadísticas oficiales, en el primer semestre de este año la Policía logró reducir los índices de delincuencia en varios delitos. Los homicidios bajaron en 9,0 por ciento, el secuestro en 27 por ciento, y el hurto a residencias en 46 por ciento.
JULIO 5 DE 2008
La Policía captura en Palmira, Valle, a Óscar Varela García, 'Capachivo', el sucesor de Diego Montoya, ex jefe del cartel del norte del Valle.
LUNARES: MALOS MOMENTOS
JUNIO 6 DE 2008
Por irregularidades en el proceso de chatarrización de vehículos son detenidos el ex director de automotores de la Sijín de Bogotá, mayor (r) Orlando Ortiz Sandoval, y la patrullera María Consuelo Cepeda Martínez.
AGOSTO 26 DE 2008
Renuncia el comandante de la regional 6 de la Policía, el general Marco Antonio Pedreros. Aparece mencionado en las conversaciones interceptadas al fiscal seccional de Medellín, Guillermo Valencia.
AGOSTO 27 DE 2008
La Policía y la Fiscalía capturan en varios lugares del norte del país a 10 supuestos colaboradores de 'Don Mario', entre ellos dos policías y dos miembros del Ejército.
AGOSTO 28 DE 2006
El general Jesús Antonio Gómez Méndez aparece mencionado en las grabaciones entre Valencia y Sierra. Es conminado a explicar su conducta y enviado a vacaciones.