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Naranjo empezó así a ganarse la confianza del alto Gobierno y se lo veía cada vez con más frecuencia en la Casa de Nariño. Fue el hombre en quien los más altos funcionarios del Gobierno pusieron los ojos para solucionar eventuales crisis. "Si el general Naranjo es tan bueno, pues pongámoslo de director", dijo en alguna ocasión Uribe. No era tan fácil. Llevarlo a la Dirección de la Policía significaba sacar del medio a una docena de generales.
Pero Uribe, que no conoce imposibles, empezó a madurar la idea. La coyuntura se presentó con la filtración de decenas de grabaciones hechas por Inteligencia de la Policía a funcionarios del Gobierno, opositores y periodistas, y el Presidente aprovechó para producir el mayor remezón en la historia de la institución: retiró del servicio activo a los 12 generales que estaban por encima de Naranjo y lo nombró director en mayo de 2007.
Daño colateral
Era solo cuestión de tiempo para que el general Naranjo llegara a la cúspide, al mismo cargo que una vez ocupó su padre, pero su repentino y abrupto ascenso dejó heridas en la institución y algo de eso es lo que podría estarle haciendo daño en la actualidad, pues debió acomodarse a una Policía desmantelada de generales y con oficiales sin mucho liderazgo interno y con pocos resultados para mostrar. Armar un equipo de trabajo de confianza toma tiempo, y Naranjo no ha tenido el espacio suficiente para hacerlo.
Si hace 20 años, el entonces director de la Policía, general Miguel Antonio Gómez Padilla, pudo acabar con Escobar y 'el Mexicano', fue porque tenía a su lado a oficiales como Naranjo, Pedro Ramírez Archila, Leonardo Gallego y Carlos Barragán, entre otros. Luego llegó el general Serrano, que también supo rodearse de los oficiales más calificados, entre ellos el mismo Naranjo, Barragán y Luis Enrique Montenegro, y de un puñado de jóvenes oficiales con los cuales lograron diseñar una efectiva estrategia para golpear en forma contundente a la delincuencia. Los éxitos se sucedieron unos tras otros, y en alguna ocasión se oyó decir a Serrano que sus oficiales eran mejores que él.
Y no es que a Naranjo no lo favorezcan los resultados que ha mostrado en sus 15 meses en el cargo, como la localización y muerte de 'Raúl Reyes'; las capturas de 'Martín Sombra' y Óscar Varela, 'Capachivo', y la reducción de los índices de homicidio y otros delitos, pero su gestión ha estado marcada por sobresaltos y una excesiva exposición en los medios, como resultado de que no tienen un escudero para que lo apoye en los momentos más críticos.
Esta situación ha llevado una percepción generalizada de que hay más director que Policía, lo cual ha producido no solo un desgaste para Naranjo que se ve obligado a aparecer en todos los escenarios -buenos y malos- donde la institución es protagonista, sino un desgaste del metal y de sus ánimos. Y no es para menos, porque además el Gobierno lo presiona y le copa la agenda con reuniones y programas que van desde los consejos de seguridad, que sí requieren su presencia, hasta eventos del Ministerio de Cultura que no la hacen necesaria.
El día tendría que tener más de 24 horas para que Naranjo pudiera dedicar más tiempo a ciertos asuntos internos de la institución y, sobre todo, a la conformación y organización de un equipo de trabajo que le ayude a ocupar bases. Pero no es así y por eso el General se ha aislado paulatinamente de sus hombres y hoy su despacho no solo no maneja agenda sino que ha dejado de atender asuntos importantes como las relaciones exteriores, y el seguimiento de sus políticas internas.
Contrario a lo que sucedía en el pasado, Naranjo no controla todo lo que sucede a su alrededor y no porque carezca de la capacidad para hacerlo, sino por el entramado de circunstancias, muchas ajenas a su voluntad, que le impiden tener en sus manos todos los hilos de la institución.