(Página 3 de 3)
No deja de ser una paradoja que el Presidente enfrente el peor momento de su mandato justo cuando el proyecto para su segunda reelección avanza hacia la fase final. ¿Afecta la viabilidad de la reelección el evidente desgaste del Presidente en estos días, cuando se ha visto más alterado que nunca, intentando desviar la atención de los escándalos que tocan las entrañas de Palacio? ¿Quieren los colombianos más de lo mismo?
La respuesta no es tan evidente, aunque la crisis de los últimos días deja el mensaje de que convendría oxigenar las más altas instancias del Estado. La continuidad de la tensión entre los poderes, la pugnacidad del Gobierno con la oposición y sus críticos, además de la eventual parálisis legislativa serían insostenibles durante seis años más -los dos que restan del actual período y los cuatro del 2010 al 2014.
Los riesgos del desgaste institucional podrían ser muy graves. La alarma que han generado las últimas reacciones del Presidente han hecho pensar, incluso a seguidores suyos, que convendría buscar un relevo que permita asegurar la continuidad de la política de seguridad democrática y la confianza inversionista sin tantos sobresaltos y en un ambiente de mayor armonía con los órganos de la Justicia. Es evidente que al Presidente se le nota lo que en aeronáutica llaman la fatiga del metal y que su Gobierno está pasando por momentos muy críticos.
Sin embargo, cabe otra lectura. La del uribismo más radical, que considera que solo la permanencia de Uribe en el poder garantiza la continuidad de la seguridad democrática. Y que considera, además, que ante la confusión de los últimos días no existe una carta mejor que la de Uribe, porque a una mano blanda se le podría salir la situación de las manos. Parecería, desde luego, una contradicción: que se necesita la reelección para superar una situación que gira en torno al propio Uribe. Pero, para algunos de sus seguidores, el 'despelote' actual es una hecatombe creada por los enemigos del Gobierno, que solo se supera con la permanencia de Uribe en el poder.
Parlamentarios de la coalición gobiernista le han oído al Presidente frases que denotan sus intenciones. Refiriéndose a los cinco millones de firmas que hoy revisa la Registraduría, Uribe ha preguntado en repetidas oportunidades: "¿Qué les vamos a decir a esos cinco millones de compatriotas que esperan que sigamos gobernando?" Y en relación con los éxitos de la seguridad democrática y las dudas que tiene sobre su continuidad, en los últimos tiempos ha repetido el mismo interrogante: "¿A quién le vamos a dejar esto?"
Sin embargo, analistas consultados por CAMBIO sostienen que en el Gobierno existe preocupación por los pasos de animal grande de la Corte Penal Internacional en Colombia y que, en consecuencia, Uribe necesita aferrarse al poder para defenderse de una eventual persecución. Un escenario poco probable y que parece ilógico, pero que curiosamente figura en la mente no solo de los amigos más cercanos del Presidente, y del Presidente mismo, sino en la de sus contradictores.
"El temor de Uribe es a los tribunales internacionales, porque está demostrado que la Comisión de Acusación de la Cámara jamás se ocupará de las denuncias en su contra -le dijo a CAMBIO el senador liberal Héctor Helí Rojas-. Esto lo lleva a pensar en la reelección y por eso piensa convertir la Casa de Nariño un búnker para dispararles a sus enemigos" .
¿Quién tiene la razón? Sólo el tiempo lo dirá. Por ahora lo único cierto es que el ambiente político está caliente y los ánimos alterados, y que el debate en el Congreso sobre la reelección será uno de los más intensos y agitados de la historia reciente.