Sin síndrome de Estocolmo

 Después del robo a un banco en la ciudad de Estocolmo en 1973, los delincuentes mantuvieron como rehenes a un grupo de personas durante seis días. El asombro de los medios no se debió a que hubiera rehenes, sino a que, cuando fueron liberados, no querían abandonar a sus secuestradores. A partir de allí se acuñó la expresión "síndrome de Estocolmo" para designar el fenómeno, según el cual después de un tiempo de dependencia del secuestrador, el rehén se vincula emocionalmente a éste. No obstante, esta situación no aparece, para nada, presente en las recién liberadas víctimas del largo cautiverio a manos de las Farc.

En ningún momento los liberados manifestaron expresiones de simpatía por sus captores; por el contrario, condenaron y repudiaron la situación. El americano Marc Goncalves, por ejemplo, dijo: "Las Farc son terroristas con T mayúscula".  Tanto Ingrid como sus compañeros tuvieron que echar mano de la resiliencia -la capacidad que poseen las personas para sobresalir ante presiones y dificultades - que vienen cultivando los colombianos enfrentados como han estado, a largas condiciones de hostilidad y violencia en la sociedad. Esto les ha permitido resistir para sobrevivir. El discurso de Ingrid Betancourt ha sido coherente, cargado de madurez emocional y de profundos sentimientos de amor a su país. Fue abierto el rechazo al secuestro y a las condiciones en que los mantuvieron.

Pero pese al valor y a la dignidad demostrados por los liberados, el secuestro supone también una herida profunda a su dignidad y a su equilibrio emocional. Por eso tendrán que afrontar problemas emocionales variados, según la estructura de su personalidad y las experiencias individuales. Los más comunes son los duelos inconclusos por la pérdida de seres queridos durante el cautiverio. Algunos pueden presentar el llamado estrés postraumático, con pesadillas recurrentes, temor de ir a parajes que les recuerden sitios de la selva donde estuvieron cautivos; cuando llega la noche presentan temores intensos porque evocan los peligros que a esas horas los acorralaban.

También se pueden presentar situaciones de ansiedad y depresión en fechas simbólicas, tales como el aniversario del secuestro. Pueden eludir hablar de las situaciones humillantes o dolorosas, hasta el extremo de querer olvidarlo como en una especie de amnesia. Otros pueden sufrir de irritabilidad, insomnio y dificultad para concentrarse.  Existe la posibilidad de que algunos puedan llegar a padecer trastornos psiquiátricos más severos.
 
Sin embargo, los trabajos con testimonios de las víctimas muestran que pese a esas perturbaciones, la mayor parte de ellos tienen una actitud valiente y de paciencia: un deseo de que nadie más viva lo que ellos han tolerado. Y con frecuencia se embarcan en una lucha por defender la justicia y la verdad, desde el derecho y no desde la venganza. No se toman la justicia por su propia mano y no pierden la esperanza de vivir en paz. En ningún momento querrán volver con sus captores como ocurrió en Estocolmo, en el 73.

Por Ismael Roldán, Médico psiquiatra.

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