Y ahora, ¿qué?

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La paradoja es que Uribe también ha rescatado a la que seguramente será su rival en las elecciones del 2010. Íngrid Betancourt -para nadie es un secreto- es una mujer con muchas ambiciones políticas. Las tuvo antes de su cautiverio y en estos primeros días de su liberación ha demostrado de sobra que aún las tiene. Por lo pronto ha dejado regados en el camino a otros posibles rivales de Uribe y se ha puesto en el segundo lugar en la competencia.

En los últimos meses aparecía en las encuestas con un 71 por ciento de opinión favorable, solo aventajada por Uribe. Ahora,  después de la liberación, aparece como la primera opción después del mandatario en una competencia presidencial. Ha tenido además la fortuna de salir del secuestro mediante un rescate. No fue ni liberada unilateralmente por la guerrilla, ni producto de un intercambio humanitario. De manera que no le debe nada a las Farc. Nadie puede sospechar de su total rechazo a esta guerrilla.

Por ello tiene la mayor autoridad moral para  levantar la bandera de la paz, tal como lo está anunciando en estos días. Podrá hacer la más audaz propuesta de reconciliación y nadie podrá acusarla de hacer concesiones indebidas. Al contrario: la verán como una mujer de una generosidad tan grande que es capaz de tenderle un ramo de olivo a quienes fueron sus crueles victimarios. Tendrá, además, un gran respaldo internacional para adelantar la cruzada por la paz de Colombia.

Si Uribe no logra destruir totalmente las guerrillas y se empieza a abrir campo la salida negociada para el conflicto colombiano, la posición de Íngrid Betancourt se fortalecerá y podrá dar una pelea seria por la Presidencia de la República en 2010. Habrá que esperar, en todo caso, cómo evolucionan las encuestas en los próximos meses porque en política es muy poco lo que se puede predecir con certeza. Una es la situación de alguien secuestrado y otra, muy distinta, su condición cuando ya ha sido liberado.

Habrá que ver si la solidaridad que despertó Íngrid cuando estaba en manos de las Farc se mantiene. Y esperar, también, para saber si esta solidaridad se transforma en apoyo político abierto. Igualmente, Íngrid tendrá que emprender un complejo proceso de adaptación a la vida en libertad que empieza con la superación de los traumas psicológicos que deja el secuestro y continúa con la tarea de hacerse a los conocimientos de lo que ha pasado en el mundo en los últimos años, que no es poco.

Pero no cabe duda: tanto el conflicto como la política han sufrido un tremendo sacudón con la salida de Íngrid Betancourt. Nada volverá a ser como antes.

POR LEÓN VALENCIA,
analista político.
lvalencia@nuevoarcoiris.org.co

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