La "nueva Íngrid"

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Cuatro intentos suyos de fuga fueron salvajemente castigados por las Farc, encadenándola noche y día. Pero la rutina fue tan atroz como esas cadenas. Jamás tuvo agua caliente y cada mañana resultaba un humillante martirio hacer fila para 'chontear' (hacer sus necesidades en un hueco inmundo). Hormigas, escorpiones, fiebres, diarreas, cadenas y candados cada noche: no es extraño que muchas veces ella y sus compañeros de cautiverio pensaran en el suicidio. Si no lo hizo fue por los mensajes que recibía cada madrugada de su madre, sus hijos, su esposo y del propio Fabrice Delloye, y por la manera como se refugió en su fe religiosa. Durante mucho tiempo tuvo la Biblia al alcance de sus manos, hasta que le fue decomisada por sus captores junto con las fotografías de sus hijos.

La firmeza, única vía

Gracias a la fuerza de su carácter y a su fe en Dios pudo afrontar con extraordinaria dignidad las humillaciones y sevicias sufridas. De esa actitud suya debió tener noticias 'Raúl Reyes' cuando en uno de los correos descubiertos en su computador hablaba del "temperamento volcánico" de Íngrid y de que era "provocadora y grosera con los guerrilleros que la cuidan". La verdad, como lo recuerda el filósofo francés André Gluksmann, es que la libertad cobró para ella más importancia que la vida. "De ahí su opción inquebrantable (que se opone al pacifismo que profesaba antes de su descenso a los abismos) a favor de la liberación militar con sus riesgos y sus peligros", escribió Gluksmann.

Días y noches de reflexión fueron el sustento del admirable y sorprendente sentido político que ahora aflora en sus declaraciones. Tanto, que hasta le ha permitido entender y apoyar la política del presidente Uribe, cuya reelección -ha dicho- desalentó a las Farc; les impidió respirar un nuevo aire. Por la misma razón no condena un tercer mandato. Cariñosamente se aparta de la posición asumida por su propia familia frente al Gobierno. Yolanda, su madre, Astrid y el propio Fabrice vieron siempre a Uribe como un obstáculo para lograr el famoso acuerdo humanitario. Desde luego, era la reacción natural de una familia desesperada. Muchos compartimos su angustia, pero al mismo tiempo nos dábamos cuenta de que las Farc no buscaban realmente la liberación de Íngrid. Esperaban con el despeje y una lenta negociación, salpicada de condiciones, ventajas militares y políticas al servicio de su estrategia de guerra. Ahora sabemos que esa visión era compartida por la propia Íngrid. Conoce bien a las Farc, sus trampas y maniobras.

Muy lejos de cualquier Síndrome de Estocolmo, ella alberga la convicción de que la firmeza es la única vía frente a la guerrilla. Conociendo como nadie a las Farc, sabe que el apaciguamiento de nada sirve si sus comandantes no conocen y aceptan su derrota. No descarta la paz como objetivo último. Sabe mejor que nadie cómo puede llegarse a ella. "Es importante -ha declarado- mantener la presión militar". Piensa que el barniz ideológico de las Farc encubre un proceso de aguda descomposición interna. Los ostentosos privilegios que tienen sus comandantes, producto del dinero del narcotráfico, contrasta con el acoso y la penuria que viven sus militantes de base, en su mayoría 'raspachines'.

Dentro de esta realidad que lleva a las Farc por un camino sin salida militar, Íngrid nos ha sorprendido al señalar el nuevo papel que podrían jugar los presidentes Chávez y Correa. Si ellos llegaron al poder por una vía electoral no pueden alentar una lucha armada en Colombia. También, luego de lo sucedido, Íngrid llega a vislumbrar un cambio en la política de nuestros vecinos.

La misma sutileza le ha permitido  reconocer no solo el papel decisivo jugado en su rescate por el presidente Uribe, sino también el de Francia y el presidente Sarkozy. "La operación extraordinaria, perfecta, insuperable del Ejército colombiano es también producto de vuestra lucha", le dijo al mandatario francés, con lo cual, de paso, esquivó las controversias internas que su rescate produjo en el mundo político de Francia.

"¿Carisma, gracia, inteligencia?", se pregunta Le Monde al comentar las palabras de Íngrid Betancourt. Y tanto en Francia como en Colombia se formulan preguntas sobre su destino político. Ella misma no lo sabe. Su objetivo inmediato es la vida con los suyos y la lucha por la liberación de los rehenes que quedaron en la selva. Pero es obvio que su aparición cambia las cartas del juego político colombiano. Su índice de popularidad es muy alto, apenas superado por el del presidente Uribe. Su posición rompe las divergencias conocidas entre amigos y opositores del Gobierno. Íngrid considera que el Polo Democrático puede verse en aprietos porque la posición de sus dirigentes con relación a las Farc tiene un tinte poco claro.

 ¿Candidata a la Presidencia? Puede que sea prematuro plantearlo. Pero decida lo que decida, es evidente para todos los colombianos que con ella, con la nueva Íngrid, habrá que contar en el futuro.

POR PLINIO APULEYO MENDOZA,
periodista y ex embajador en Francia.

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