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A LA 1:30 P.M. del miércoles 2 de julio, el presidente Álvaro Uribe sobrevolaba el río Magdalena entre las localidades de Puerto Wilches y Barrancabermeja, cuando entró una llamada al teléfono celular de uno de sus edecanes. El ayudante le pasó el aparato al mandatario y le dijo en voz alta que era el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos.
A esa hora Uribe recorría el Magdalena Medio en compañía del gobernador de Santander, Horacio Serpa Uribe, y de los altos mandos militares de la región, quienes le habían solicitado ayuda para enfrentar la ola invernal que ha afectado a numerosas poblaciones.
Al cabo de una charla de un minuto ahogada por el ensordecedor ruido de los motores del helicóptero, Uribe sonrió nervioso y les dijo a Horacio Serpa, y a los oficiales que lo acompañaban: "Acabamos de liberar a Íngrid Betancourt, a los tres norteamericanos y a 11 compatriotas más". Cuando aterrizaron en Barrancabermeja, Uribe les comentó que la operación de rescate estaba en marcha desde hacía tiempo y que los responsables de ella eran oficiales de inteligencia militar.
La incruenta acción militar desarrollada en las selvas del sur del país no deja duda de que si la muerte de 'Raúl Reyes', la ejecución a mano por uno de sus hombres de 'Iván Ríos', el deceso de 'Tirofijo' -ocurridas en marzo pasado-, y la deserción de más de 3.000 de sus combatientes en menos de un año, mostraban que el proceso de deterioro interno de las Farc era inocultable, este nuevo episodio será recordado como el día en que quedó sellado para siempre el futuro político y militar del grupo rebelde más viejo del mundo.
Lo que ocurrió este miércoles 2 de julio no se le hubiera ocurrido al mejor novelista de ficción de Hollywood: el rescate sin disparar un solo tiro, ni derramar una gota de sangre, de la ex candidata presidencial Íngrid Betancourt, de tres asesores estadounidenses y de 11 miembros de la fuerza pública colombiana que estaban sometidos a un largo y penoso secuestro en el corazón de las selvas del sur del país. (Vea los detalles de la operación de rescate).
Los responsables de la que será recordada como la hazaña militar más grande de la historia reciente del país fueron miembros de un destacamento de fuerzas especiales y de Inteligencia del Ejército que actuaron con la paciencia y la destreza de un jugador de ajedrez para sacar adelante una misión bautizada con el nombre de Jaque.
El general Fredy Padilla de León, comandante de las Fuerzas Militares, explicó que las primeras claves para conseguir el éxito que hoy celebra el país entero las ofreció en mayo de 2007 el subintendente de la Policía John Frank Pinchao, quien protagonizó una cinematográfica fuga del campamento de las Farc en las selvas del departamento de Vaupés.
Los oficiales de Inteligencia encargados de diseñar la operación hablaron con Pinchao horas enteras para conocer, con el máximo detalle de precisión, las características de la zona y las rutinas de las estructuras guerrilleras que estaban a cargo de la custodia de los rehenes.
Las dudas que quedaron al cabo de ese extenuante ejercicio serían resueltas con el análisis de los relatos de Clara Rojas y Consuelo González, liberadas el 11 de enero, así como con la liberación de Gloria Polanco, Luis Eladio Pérez, Jorge Eduardo Géchem y Orlando Beltrán, el 27 de febrero siguiente.
Cada uno de ellos aportó detalles sustanciales que les permitieron a los militares elaborar el mapa de los sitios donde, sin lugar a dudas, se encontraban la ex candidata Íngrid Betancourt, los tres asesores militares estadounidenses y más de 30 militares y policías mantenidos como rehenes.
En una operación encubierta, integrantes de las fuerzas especiales lograron aproximarse desde entonces a los campamentos de la guerrilla y lo hicieron con una habilidad tal que, según lo contó el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, les permitió el 20 de febrero ver a los militares norteamericanos mientras se bañaban en el río Apaporis en compañía de dos colombianos.