Junio 25 de 2008

'No hay crisis sino incertidumbre': ministro de Hacienda

Oscar Iván Zuluaga responde sobre su gestión frente a la revaluación, el aumento de la inflación y los problemas externos.

CAMBIO. Existe una especie de pánico económico. ¿Qué tan grave es la crisis?

ÓSCAR IVÁN ZULUAGA. Lo primero que hay que mirar es el entorno externo. Hay problemas de inflación por los precios del petróleo y el cambio en los precios relativos de los alimentos, que coinciden con la desaceleración de la economía de EE.UU. Colombia no es la excepción, hace parte de ese entorno. Debemos evaluar es cómo le va al país en comparación con otros. Este año podemos crecer 5 por ciento, algo impensable hace algunos años. Hay que lograr un equilibrio entre ese crecimiento y una inflación controlada.

¿La revaluación es el principal problema?

Es lo que más está afectando y podría tener consecuencias muy negativas para la economía porque destruye empleo y afecta el crecimiento. Tenemos que consolidar la tendencia de esta semana, después de las medidas del viernes pasado, para darle tranquilidad al sector de la producción. El dólar volvió a subir.

¿No fueron tardías estas medidas?

No. Las medidas tienen coyunturas. La del Banco de la República de intervención cambiaria por medio de la compra diaria de 20 millones de dólares, ha sido utilizada en los últimos dos meses por países como Chile e Israel. Eso nos ha dado una luz sobre lo que puede ser un buen mecanismo. Hasta ahora habíamos utilizado instrumentos predecibles. Con esta medida hemos visto un cambio en la tendencia revaluacionista.

Pero hay críticas en el sentido de que la revaluación viene desde hace tiempo y que el Gobierno nada hizo porque subestimó su alcance.

Viene desde 2003, pero el problema más grave se produjo en dos semanas de junio. El fenómeno en Colombia era muy parecido al del entorno externo, y tenía que ver con los flujos de dólares, pero lo de junio fue preocupante porque el país se distanció del resto de los mercados. Fue cuando concluimos que estaban presentándose ataques muy fuertes contra la moneda y por eso entramos a evaluar el comportamiento de los intermediarios financieros y a mirar cuál debía ser la intervención del Banco de la República.

¿En realidad es factible frenar la revaluación?

La tasa de cambio es la expresión de una realidad económica y obedece a leyes de oferta y demanda. Si Colombia genera confianza en su economía y atrae flujos crecientes de inversión, va a tener una moneda cada vez menos devaluada. Los sectores productivos han venido acomodándose a esa realidad. Hay un crecimiento importante, incluso, de importaciones de bienes de capital en el sector agrícola. La política del Gobierno es de libre fluctuación, con medidas para frenar una revaluación demasiado profunda.

Paradójicamente, la revaluación de los últimos años no ha frenado las exportaciones.

Sí, porque han aumentado los términos de intercambio. Hay, al mismo tiempo, un incremento importante en los precios de los productos de las exportaciones. Estamos produciendo más y la economía se ha expandido a pesar de la revaluación.

¿O sea que podemos vivir con ella?

El sector productivo se ha ido adaptando y las empresas han aumentado sus ganancias.

Entre los especialistas hay muchas inquietudes sobre el gasto público.

Ha habido mucho debate y pocas cifras. La política fiscal del Gobierno es contraccionista. En el lado de la demanda, el consumo público es lo que más se ha contraído en los últimos años, y el consumo privado y la inversión lo que ha crecido. Todo lo contrario de lo que pasó en los años 90. Eso deberían tenerlo en cuenta los que tanto critican.

¿El gasto  contraccionista? Pero si ha aumentado mucho...

Ha bajado como porcentaje del PIB, que es lo relevante. Estamos ahorrando y mejorando los balances fiscales a pesar de la rigidez del gasto. A partir de 2004 tuvimos que asumir el pasivo pensional, que cuesta 1,5 por ciento del PIB cada año. A pesar de todo, hemos pagado deuda y reducido el déficit fiscal. Eso lo reconoce todo el mundo.

El ex ministro Juan Camilo Restrepo dice que en el presupuesto de 2009 las 'otras transferencias' aumentan 43,9 por ciento, mientras que el total del presupuesto aumenta 13,3 que es el doble de la inflación.

Es que no miran las cifras. El 43,9 son subsidios a la gasolina. Pasamos de 700.000 millones de pesos a 5,5 billones. Y el 13,3 se explica, fundamentalmente, por las  pensiones y las contingencias judiciales.

¿Y no hay exceso de gasto en subsidios y programas como Familias en Acción, Guardabosques, etc,?

Esos son el modelo y los principios del Gobierno, que le da mucho valor al tema de los pobres y al gasto social. No es posible que en momentos de bonanza se renuncie a tener política social. Eso sí, responsable y focalizada. El programa de Familias en Acción es reconocido por el Banco Mundial por su eficiencia para combatir la pobreza, y es semejante a otros que hay en Chile, México, Argentina y Brasil. ¿Por qué no podemos ayudar a los más pobres?

La conclusión, entonces, es que no hay mucho que hacer para bajar el gasto.

Otros países, como Brasil, con mayor déficit fiscal, han recibido "grado de inversión". Lo que importa a los calificadores es el pago de la deuda y en eso hemos avanzado mucho. A los críticos se les olvida que hemos hecho el presupuesto siguiendo las recomendaciones de la Comisión del Gasto Público.

Otro tema que alarma es la inflación. ¿Han hecho lo posible para frenarla?

Lo que importa es el balance entre crecimiento e inflación. Tenemos un problema de alimentos, concentrado en unos pocos productos, y lo que hemos hecho es tratar de incentivar la oferta y bajar los costos de producción. Mientras en el mundo el problema de la inflación es la escasez de alimentos, Colombia tiene eso resuelto. Eso da un panorama de tranquilidad en el mediano plazo. Lo que hay que cuidar son las expectativas y en ese sentido la Junta del Banco ha enviado señales muy positivas.

¿Qué podemos esperar en términos de inflación?

Es difícil anticipar. Tenemos un semestre malo y va a ser difícil llegar a las metas del Banco para todo el año. Pero lo importante es lograr que a mediano plazo se superen las expectativas.

La conclusión parece ser que en los grandes temas de preocupación -revaluación, gasto público e inflación- no es realista esperar cambios.

El entorno externo crea una enorme incertidumbre. Es difícil predecir qué va a pasar. Nadie sabe si el petróleo va a seguir tan alto o si los precios de los alimentos llegaron para quedarse. En materia de gasto, estamos mejorando los resultados de la política fiscal, y el Gobierno está dispuesto a hacer esfuerzos adicionales.

Para finalizar, ¿cómo se siente? Llegó en época de vacas gordas y se le están adelgazando.

Estamos en una transición de la economía. Hay señales difíciles y es entendible que haya angustia y críticas, pero uno no puede perder ni la cabeza fría ni el norte. Hay que escuchar las críticas pero también velar por el equilibrio de la economía.

¿Le molestan las críticas?

No, son sanas y sé que en la medida en que se caliente el debate político van a ser más intensas. Estoy preparado.

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