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En un panorama tan sombrío, hay una fórmula que permitiría convertir el escenario malo en uno aceptable y el regular en uno bueno. Consiste en hacer un cambio drástico de la política económica que tenga en cuenta que estamos ante una nueva realidad: Colombia tendrá que aprender a convivir con más inversión extranjera y mayores exportaciones de productos energéticos, por cuenta de los avances en seguridad en el país y del aumento de la demanda por energía en el mundo.
¿Y cómo evitar que esa situación deteriore la competitividad del resto de la economía? La teoría económica y la experiencia internacional indican que la única manera de lograrlo es mediante una drástica reducción del gasto público. Si el gobierno generara un superávit fiscal significativo haría moñona. Por un lado, reduciría las necesidades de financiamiento público, lo que aliviaría la presión sobre la tasa de interés y atenuaría la entrada de capitales externos. Por otro lado, se reducirían las presiones inflacionarias, lo que le daría más margen al Banco de la República para flexibilizar la tasa de interés y demandar más dólares. Sería una moñona tan grande como la que han hecho Perú, Chile, Australia, Canadá y todos los países que se han reído de la enfermedad holandesa, alcanzando el esquivo objetivo de combinar un fortalecimiento de la minería con un crecimiento balanceado del resto de la economía.
POR MAURICIO REINA,
Investigador asociado de Fedesarrollo.