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La avalancha de dólares que ha llegado al país tiene muchas causas. Por un lado, la inversión extranjera se ha disparado en los últimos cinco años hasta duplicar su participación en el PIB. Por otro lado, algunas exportaciones siguen creciendo de manera sorprendente: en el primer trimestre del año las ventas externas de productos tradicionales aumentaron más de 60 por ciento, mientras las exportaciones no tradicionales crecieron casi 25 por ciento. Adicionalmente, a la economía han llegado cuantiosos flujos de capital como resultado de la diferencia que hay entre las tasas de interés domésticas y las internacionales. Mientras la Reserva Federal estadounidense ha bajado su tasa de interés a 2 por ciento, la del Banco de la República está en 9,75 por ciento. Como si eso fuera poco, Colombia sigue siendo uno de los países que mayores volúmenes de remesas recibe en América Latina, con un valor que supera las exportaciones de carbón y que en 2007 alcanzó los 4.520 millones de dólares.
En síntesis, no todas las fuentes de los dólares que están llegando al país tienen un carácter estructural y algunas de ellas pueden debilitarse en los próximos meses. Uno de los cambios más significativos que se puede dar en el futuro es que vuelvan a subir las tasas de interés en Estados Unidos, lo que reduciría el atractivo de endeudarse en dólares y de traer capitales al país. En las últimas dos semanas el presidente de la Reserva Federal ha dicho que su mayor preocupación ya no es la recesión sino la inflación y fortalecer el dólar, lo que permite presagiar un aumento de los intereses antes de terminar el año.
En Colombia también puede haber cambios: el Banco de la República podría flexibilizar su política de tasas de interés si se mantiene la desaceleración económica que se ha visto en lo corrido del año. Finalmente, el crecimiento de las exportaciones debería moderarse un poco en los próximos meses, en la medida en que la economía venezolana siga avanzando en su propia desaceleración y si se profundiza el deterioro de las relaciones con Ecuador.
A pesar de todo lo anterior, no se puede descartar la preocupación sobre una potencial enfermedad holandesa. De hecho, dos de las fuentes del aumento de los flujos de dólares al país deben mantenerse en el mediano plazo: el dinamismo de la inversión extranjera y los altos ingresos por la exportación de petróleo, carbón y ferroníquel.
Tiempos difíciles
La responsabilidad de controlar la revaluación ha saltado de mano en mano como una papa caliente. La mayor parte de los afectados han enfilado baterías hacia el Banco de la República, pidiéndole que baje sus tasas de interés para que sea menos atractivo traer capitales al país, y reclamándole que compre más dólares para subir la tasa de cambio. Hasta ahora la Junta del Banco no había hecho mucho caso a esos llamados, pues ambas medidas atentan contra su objetivo constitucional de controlar el crecimiento de los precios. En efecto, la reducción de las tasas de interés volvería a estimular el gasto de los colombianos, lo que conllevaría el riesgo de un recrudecimiento de la inflación. Entre tanto, una mayor compra de dólares por parte del Emisor implicaría mayores volúmenes de pesos en circulación, con idéntico efecto sobre el gasto y la inflación.
En este contexto, resulta muy significativo que el viernes pasado la Junta del Banco haya anunciado que va a cambiar su esquema de compra de divisas, al pasar de demandar 150 millones de dólares mensuales a 20 millones de dólares diarios. Esa decisión representa un aumento de la demanda de divisas de alrededor de 250 millones de dólares mensuales, lo que debe tener un impacto positivo sobre la tasa de cambio. Para evitar que esa medida tenga efectos inflacionarios, la Junta del Banco estableció un encaje promedio de 10 por ciento para los depósitos bancarios, lo que se traduce en una reducción de la cantidad de dinero para compensar el aumento del circulante generado por las mayores compras de dólares.
Aunque estas medidas tuvieron un impacto significativo sobre la tasa de cambio en los primeros días de esta semana, hay que tener presente que una política como esta tiene un alcance limitado. El Banco de la República no puede acumular reservas internacionales indefinidamente y tampoco puede ahorcar al sistema financiero abusando de los encajes. Algo parecido sucede con los apoyos que el gobierno ha venido dando a algunos sectores exportadores: esos recursos no pueden mantenerse indefinidamente y tampoco alcanzan a compensar las pérdidas generadas por la caída del dólar. Pero a pesar de sus limitaciones, las medidas anunciadas el viernes y los apoyos del gobierno contra la revaluación constituyen un alivio temporal mientras se aclara si la avalancha de dólares efectivamente empieza a ceder en el segundo semestre del año.
Como están las cosas, los escenarios de la revaluación para los próximos meses no son para hacer fiestas: hay uno regular y otro malo. En el escenario regular, a la vuelta de unos meses se habría debilitado la avalancha de dólares que llegan al país y las medidas recientes habrían ayudado a los empresarios a pasar el río para llegar a la orilla resbalosa de una tasa de cambio un poco más alta, pero con un peso aún revaluado por el alto precio del petróleo y los flujos de inversión extranjera. En el escenario malo, las condiciones del entorno internacional no cambiarían sustancialmente en los próximos meses y el precio del dólar volvería a rondar los niveles actuales.